miércoles, 29 de febrero de 2012

Día 124/365


He abierto el escritorio del blog con un ánimo totalmente distinto del que ahora mismo, 10 minutos más tarde, tengo. Me siento... tocado pero no hundido.

Acabo de leer la entrada de hoy del blog del amigo Luis, la carta abierta a sus amigos, entre los que quiero tener el honor de encontrarme, a pesar de no conocernos personalmente. Una noticia me ha dejado paralizado y he tenido que volver a releer de nuevo toda la entrada. Nos da a conocer una pésima noticia que afecta a su hermano: le han diagnosticado un tumor maligno con un pésimo pronóstico.

¿Qué decir en momentos como ese? En primer lugar mostrar mi apoyo a su hermano, Javier, en primer lugar, luego a Luis y por supuesto a toda su familia. Es una dura batalla la que se les presenta en el horizonte y para vencer al enemigo, para derrotarlo, van a necesitar de todas sus energías y del apoyo que mutuamente puedan darse.

He vivido el sufrimiento, la angustia que produce saber que a alguien muy querido se le diagnostica semejante enfermedad. Es terrible que te digan que tu hijo, tu hermano, tu padre, tu primo o cualquier otro ser querido tiene instalado en su interior ese gusano que de forma silenciosa ha ido alimentándose, creciendo hasta invadirlo y tomado posesión del cuerpo.

Creo que todos hemos perdido a alguien a consecuencia del cáncer, pero también, seguro, tenemos otros que han sido capaces de vencerlo.

A ese enemigo que a traición, aprovechando la oscuridad y de forma sibilina se ha infiltrado y minado el terreno, nuestro cuerpo, hay que combatirlo y vencerlo, y se le puede vencer con fortaleza, con buena disposición de ánimo, con optimismo y la inestimable ayuda que la medicina moderna pone a nuestro alcance.

Pero elemento fundamental para poder ganar esa batalla es el propio convencimiento de que efectivamente se puede ganar al enemigo. Una vez localizado hay que atacarlo y poco a poco minar su resistencia, debilitarlo, a pesar de los sacrificios que haya que hacer.

Querido Luis, ánimo. A tu hermano has que convencerlo de que luche, que luche con todas sus fuerzas y con el convencimiento de que va a vencer, y para poder convencerlo hay que estar uno mismo convencido.

Una batalla, una guerra, sólo se pierde cuando uno baja los brazos. No os resignéis, que no se resigne Javier. La esperanza es lo último que se pierde, y esta no es sólo una frase hecha.

Título de la fotografía: Gusano invasor.

martes, 28 de febrero de 2012

Día 123/365


En mi oficina hay dos compañeras embarazadas; a una de ellas todavía no se le nota pero a la otra el embarazo salta a la vista (aunque no creo que esté para ir saltando). Yo no sé si también estaré embarazado porque tengo casi más barriga que ella; estoy por pedir cita con el médico para que me hagan algún test del embarazo; de confirmarse seguro que podría hacerse realidad eso de que los niños vienen con un pan debajo del brazo, porque causaría sensación; ya me veo apareciendo en programas de televisión y ocupando la primera página de las revistas y, sobre todo, haciendo caja a mansalva. Seguro que el director de mi banco me llamaría para algo más que para recordarme que estoy en descubierto.

Bueno, es cierto que estoy fondón; desde que hace meses dejé de salir a correr he engordado más kilos de los que quiero reconocer pero que no puedo esconder. Se me ha hecho una barriga cervecera que nada tiene que envidiar a las de cualquier aficionado a la birra después de haber estado en la Oktoberfest de Munich, a pesar de que yo no soy demasiado aficionado a ella; más bien se debe a la falta de ejercicio y al hecho de que sigo comiendo como si corriera cuatro días a la semana, como hacía antes del parón a que me obligó el dolor de rodillas y cadera.

Y ya, hoy, por fin, me he decidido a volverme a calzar las zapatillas, a embutirme (literalmente) dentro de las mallas y salir a caminar/trotar, alternativamente. Dios, qué patético! Ya entiendo porqué recomiendan visitar al médico si uno se decide a practicar algo de deporte a partir de una cierta edad y, sobre todo, si tiene sobrepeso. Me he puesto el pulsómetro y he podido comprobar que estoy peor que cuando empecé a correr el año pasado después de haber estado años sin hacer absolutamente nada de ejercicio; caminando a ritmo vivo tengo las mismas pulsaciones que tenía corriendo y si me pongo a trotar se disparan hasta alcanzar casi mi frecuencia cardíaca máxima.

A Dios pongo por testigo de que no podrán derribarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, cuando dejen de dolerme las rodillas y las uñas de los pies ya no se me hagan negras, nunca volveré a pasear semejante barriga, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que saltar, nadar, pedalear  o escalar, ¡a Dios pongo por testigo de que pasaré hambre para perder peso y de que volveré a correr! (Adaptación libre de algunas frases de la película Lo que el viento se llevó).

Título de la fotografía: Formas geométricas.

lunes, 27 de febrero de 2012

Día 122/365


Despertador. Maquinilla de afeitar. Despacho. Trabajo. Rutina. Suma todo esto y obtendrás el peor resultado posible: un lunes. Dicen que el que puede con el lunes puede con el demonio. No sé cómo será el demonio pero que se vaya preparando porque he podido con el lunes y también podré con los días que siguen hasta llegar al fin de semana.

Cuando Leia, la perra, me ha sacado a pasear (porque es ella la que me saca a pasear a mí, no yo a ella) he aprovechado para llevarme la cámara y hacer algunas fotos para la entrada de hoy del blog. Nos hemos dado un buen paseo y me he dado cuenta de que Leia va aprendiendo.

Las primeras veces de salir con ella y con la cámara, cuando intentaba hacer alguna foto no se estaba quieta, si me agachaba para buscar algún ángulo más conveniente enseguida se me acercaba pensando que quería jugar con ella, pero ahora parece saber que si me agacho llevando en las manos ese artefacto no se tiene que mover, que ha de esperarse hasta que me vuelvo a levantar y entonces puede continuar su paseo.

Hemos pasado por delante de una zona en la que siempre hay algunos camiones aparcados y me he encontrado con una señorita en plan sexy bronceándose al sol sino a la luz de la luna. Cuesta un poco más coger color pero, si lo consigues, es permanente. No entiendo cómo podía estar ahí, en la calle, con ese cuerpo (vaya cuerpo) exponiéndose a coger una pulmonía, porque esta no es época para estar tan ligera de ropa y menos por la noche intentando broncearse; imagino que igual es que está acostumbrada a temperaturas más bajas y este frío no es tal para ella.

Le he preguntado si tenía inconveniente en que le hiciese una foto y ni ha contestado, ha adoptado una postura si cabe más sexy, ha mirado al frente y con la melena al viento me ha ignorado como si de un mosquito se tratara. Mucho mundo parecía haber visto y muchas miradas haber atraído.

Título de la fotografía: Bronceándose en la parrilla.

domingo, 26 de febrero de 2012

Día 121/365


Pues sí, esta mañana me he levantado temprano, me he pertrechado con la ropa y protecciones de motero y he salido con los compañeros a dar una vuelta con la moto y almorzar, tal y como proyecté ayer.

Cuando he llegado al lugar en el que habitualmente nos encontramos sólo estaba mi amigo X, a quien ya hacía algún tiempo que no veía y ha sido una alegría reencontrarme con él. Hemos estado charlando y poniéndonos al día de las novedades hasta que ha llegado otro compañero que, a su vez, nos ha contado que el domingo pasado uno de los compañeros sufrió un accidente con la moto que le ha llevado al quirófano con una muñeca rota. No veas como se te queda el cuerpo cuando te cuentan algo así, y todavía es peor si has sido testigo directo del accidente.

En fin que hemos salido a la carretera y, en una parada en un cruce, a uno de los compañeros se le ha enganchado el pié no sabe cómo ni  en qué y, de parado, han ido al suelo él y su moto, afortunadamente sin consecuencias para ninguno de los dos. Cuando ha puesto en marcha la moto seguía haciendo el mismo ruido a tornillos sueltos que antes de caer, tal y como es de esperar en una moto italiana, que tienen mucho diseño pero un motor que suena como si se le estuvieran soltando las piezas.

Después de almorzar, de vuelta a casa, más curvas y curvas, a derecha e izquierda, abiertas y cerradas, y en muchas pensando cómo se nota la inactividad, cómo se nota que ya hace más de un mes que no había salido con la moto. En fin, como siempre yo en mi línea, de moto escoba. Sí, esto es como ir en bicicleta, nunca se olvida, pero sí se pierde destreza y, sobre todo (al menos en mi caso), confianza.

Sea como fuere hemos sido afortunados y hemos regresado indemnes a casa. Yo, además, con la batería un poco más cargada :)

El resto del domingo como muchos otros, tranquilo leyendo, hoy además escuchando a Bach, salidas las justas, y punto final al domingo. Ya echamos el cerrojo a otra  semana.

Título de la fotografía: Cerrado en domingo.

sábado, 25 de febrero de 2012

Día 120/365


120. Un número con múltiples significados. Uno de ellos hace referencia al número de fotos que llevo publicadas en este blog. También al número de días que ya he dedicado a este proyecto. Otro posible sería el límite de velocidad en autopista.

Hoy he hecho 240 km en moto. Por fin, esta mañana, me he decidido a comprar la batería para la moto. Han sido días de demasiado frío como para que me apeteciera salir a rodar con la moto y, por eso, todavía no había ido a comprarla. Pero hoy a sido el día. El día ha sido soleado, un día de esos en los que apetece subirse a la moto y salir a hacer kilómetros, a disfrutar conduciendo y tomando curvas y más curvas, así que he ido al concesionario Honda y problema solucionado con batería nueva y, de regado, consejo del vendedor: sólo te la he podido cargar al 70% así que en cuanto la montes has de coger la moto y salir a rodar un par de horas, para que se termine de cargar.

¿Y quién soy soy para despreciar el consejo de un profesional? Así que, en cuanto he terminado de comer he ido al parking, desmontado la batería vieja y montado la nueva, proceso durante el cual me he acordado alguna que otra vez del que diseñó el espacio para albergar la dichosa batería que no permite trabajar con comodidad.

Ya está montada! Chaqueta, guantes, casco y a rodar. Un placer que todavía no había olvidado; qué gusto conducir con esta temperatura, con este solecito que calienta la justo; sentir el rumor del motor, el empuje del viento, la tumbada en la curva (con cuidado).

He pensado que mañana saldré con los compañeros a dar una vuelta y a almorzar, aunque la ruta tendrá que ser corta porque tengo intención de regresar al Centro Ecuestre para ver la competición de salto de obstáculos a caballo, como ya hice la semana pasada. Quiero intentar algunas tomas distintas a las del domingo pasado, más del ambiente que de la propia competición, si es posible.

Título de la fotografía: Bares, qué lugares.

viernes, 24 de febrero de 2012

Día 119/365


Llega el viernes, termina (para algunos) la semana laboral y empieza el fin de semana. Nada que hacer durante los dos próximos días, excepto aquello que en cada momento apetezca.

Hoy he salido ha hacer fotos bastante tarde y he aprovechado para sacar a pasear a la perra, ya que mi mujer, que normalmente se ocupa de este menester, hoy estaba ocupada en otras tareas. Se me ha ocurrido experimentar, bueno quizá no sea esa la palabra. Cuando salgo cada día a hacer la foto la gente se da cuenta enseguida de qué estoy haciendo porque me ven con la cámara en la mano (si es que se fijan en todos los detalles y nada les pasa desapercibido) y no parece en absoluto satisfecha cuando ven que apunto en su dirección, así que me he dejado la cámara en casa y he salido con el teléfono a ver qué podía hacer.

Teniendo claro desde el principio que la calidad que puede ofrecer la cámara del teléfono, por muchos 8 mpx que tenga, no será la que se obtiene con la cámara fotográfica, se trata de sacarle el máximo partido. Y para mí ese máximo partido era tratar de pasar desapercibido, así que me he puesto los auriculares como si estuviese escuchando música, escena habitual en todas partes, y con el teléfono en la mano me he dedicado a sacar fotografías de la gente con la que iba cruzándome.

Ninguna de las personas que me han visto con los auriculares puestos en los oídos y el teléfono en la mano, parado a pocos metros de ellas, ha dado señales de sospechar que les estaba haciendo fotos, así que se comportaban con total normalidad y seguían a lo suyo.

Si bien es cierto que las posibilidades de hacer fotografía callejera, lo que denominados robados, se multiplican de una forma asombrosa, no es menos cierto que los resultados obtenidos, a nivel de calidad de la imagen, no son, en absoluto, los que se podrían conseguir con cualquier cámara fotográfica. El ruido que aparece en la fotografía es considerable, sobre todo si se tiene que recurrir a un valor ISO alto, como he tenido que hacer yo, dada la pobre iluminación de la zona por la que he estado paseando. Si añadimos que  sostenía el teléfono con una sola mano y que en la otra llevaba la correa de la perra, que a su vez se iba moviendo para olisquear cuanto salía a nuestro paso, pues ya se va haciendo uno idea de lo que puede conseguir.

Ese ruido, que de algún modo recuerda el grano de la película fotográfica rápida, toma protagonismo en las fotografías, y los resultados de algún modo me recuerdan a los que se conseguía con aquellas películas fotográficas de 400 ISO, incluso forzada en algunas ocasiones. Se desdibujan las imágenes, se acrecientan las sombras y el contraste entre estas y las luces. El resultado satisface o no dependiendo de los gustos particulares de cada uno.

Título de la fotografía: De charla dando un paseo.

jueves, 23 de febrero de 2012

Día 118/365


Ha hecho de un banco su hogar. Todas sus pertenencias están sobre y bajo él en el espacio que ocupa su hogar, ese banco en el que se sienta para descansar, comer, dormir. Sus bienes caben en apenas un par de bolsas de compra y poco más. Se protege del frío de la noche acumulando prendas de vestir sobre él, un saco de dormir y una manta, al que añade un plástico cuando el frío arrecia. Cuando pasas junto a él apenas ves un bulto informe en el que no puedes distinguir la cabeza de los pies.

Su casa tiene por paredes unos cartones que utiliza para resguardarse del viento frío de este invierno, que parece empeñado en poner a prueba su resistencia con temperaturas pocas veces vistas y sufridas por esta zona.

Hablan de riesgo de exclusión social. A él ya no le preocupa ese riesgo porque ya hace tiempo que ha sido excluido de la sociedad, de esa sociedad que ahora le ignora, que intenta no verlo, que sólo le ofrece migajas en forma de céntimos que le dan algunos transeúntes y los compradores del supermercado a cuya puerta acude en busca de algo parecido a humanidad.

Déficit. Recesión. Ajustes. Contracción. PIB. Mercados financieros. Austeridad. Crecimiento. Reforma. Consolidación fiscal.

¿Qué significado pueden tener semejantes palabras para alguien como él?

Título de la fotografía: Superviviente en tierra ajena.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Día 117/365


Toda mi vida he sido un apasionado de la tecnología; siempre me han gustado toda clase de gadgets electrónicos, especialmente los relacionados con la informática.

Recuerdo cuando compré el Spectrum, los juegos que compré y las horas que pasé delante de la televisión jugando con mis amigos a baseball, a tenis y a cualquier juego que conseguía copiar en las cintas de casete que servían de soporte para los programas; cómo lo sustituí por un Amstrad CPC6128, a este por un PC clónico con dos disqueteras de 5,25", al que quise instalar un disco duro de 10 Mb que valía tanto como el PC y al que renuncié justo por ese motivo, y ya no recuerdo con tanta claridad los sucesivos ordenadores que fueron siendo sustituidos por otros más modernos y potentes hasta llegar al portátil que ahora mismo estoy utilizando, además del netbook y del PC que utiliza mi esposa, sin contar otro portátil que tengo por ahí que no utilizamos porque se ha quedado totalmente obsoleto.

Lo mismo me ha sucedido con los teléfonos móviles; desde el primer Alcatel, del tamaño de un zapato del número 45, hasta el smartphone que utilizo ahora y que me permite llamar por teléfono, escuchar la radio y música, hacer fotografías con una resolución de hasta 8 mpx, grabar y reproducir vídeo, conectarme a internet en cualquier parte, leer el correo electrónico y visualizar páginas web, y no se cuantas cosas más.

Empecé, en su momento, participando en salas de chat para terminar en las redes sociales a través de blogs y facebook; también utilizo whatsapp y justo ayer terminé creándome una cuenta en Twitter, "lo único que te faltaba" han dicho más de uno/a al enterarse. Este último paso me ha costado bastante, no acababa de verle la utilidad a esta aplicación a pesar de haber escuchado a gente que lo tiene diciendo lo fantástico que es, cómo te permite mantenerte informado de todo en tiempo real e interactuar con otros acerca de esas mismas noticias (además debo confesar que me resultaba extraña y confusa la terminología asociada al programa -tweet, retweet, tweetear, hastag,...).

Y ahora viene la pregunta del millón. ¿A santo de qué viene todo esto? Pues la verdad es que no tengo ni idea, porque desde luego nada tiene que ver con la fotografía excepto el hecho de que a través del blog comparto las fotos que voy haciendo, que facebook me permite también compartir estas mismas fotos y mantenerme en contacto con gente a la que veo más o menos frecuentemente y enterado de lo que pasa en sus vidas (también ver fotos que comparten), ver multitud de fotos de otros aficionados y aprender de sus particulares modos de observar y plasmar su mundo en sus respectivos blogs y comunidades en las que participan de forma más o menos activa.

Pero todo esto lo ha provocado la novedad que para mí supone Twitter, un medio de recabar información de actualidad y de compartirla, incluso a través de fotos, todo ello a través del espacio radioeléctrico en forma de ondas electromagnéticas.

Título de la fotografía: Ondas (celebrando el 155 aniversario del nacimiento de Heinrich Rudolf Hertz).

martes, 21 de febrero de 2012

Día 116/365


Quiero dedicar la entrada de hoy a todos los estudiantes que estos días pasados se han manifestado en defensa de su derecho a una enseñanza pública de calidad, que han sido apaleados por mostrar públicamente su descontento con quienes están aplicando brutales recortes en los fondos públicos destinados a sostener y hacer efectivo ese derecho, constitucionalmente reconocido, y que resultan ser los mismos que han malgastado el dinero público organizando grandes eventos y permitiendo que amiguitos del alma se enriquezcan a costa del bolsillo de todos, y que hoy se están manifestando en repulsa por los ataques de que han sido objeto por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad.

Imagino que todos hemos visto las imágenes que han aparecido en los medios de comunicación, imágenes que ponen de manifiesto la utilización indiscriminada y desproporcionada de la fuerza por parte de la policía para impedir el ejercicio del derecho a manifestarse pacíficamente de chavales que están estudiando secundaria y bachillerato.

Creo que semejante actuación de la policía merece la repulsa de la sociedad, de todos aquellos a quienes deberían de proteger, de aquellos cuyos derechos deberían de amparar.

Este mediodía me he enterado de que estudiantes de la Universidad de Alicante, en solidaridad con sus compañeros de Valencia, habían cortado al tráfico la rotonda que da acceso a la universidad en una manifestación espontánea, pacífica

Mi primera reacción ha sido la de inquietud y preocupación, puesto que mi hijo está cursando allí sus estudios y sé cuanto le disgusta y cómo le motiva lo que está sucediendo. Enviarle un mensaje para preguntarle si estaba participando y otro más para aconsejarle prudencia y responsabilidad, ha sido mi siguiente reacción.

Jóvenes que ven cómo sus esfuerzos por formarse se ven dificultados por presupuestos insuficientes para posibilitar una educación de calidad, que ven cómo su futuro cada día tiene precisamente menos futuro, es normal que se manifiesten para expresar su descontento.

Me reconforta ver cómo poco a poco nuestros jóvenes despiertan de su letargo y se involucran en la vida pública en defensa de sus legítimos derechos. Espero que sean capaces de sacudir a toda la sociedad, de despertarla y de hacer que cada uno de nosotros reaccionemos ante todo cuanto está sucediendo; de no ser así... no sé qué futuro nos espera, principalmente a ellos que todavía tienen toda una vida por delante.

Título de la fotografía: ALTA TENSIÓN PELIGRO DE MUERTE

lunes, 20 de febrero de 2012

Día 115/365


Salida rápida la de esta tarde. Hacía lo que los valencianos llamamos frescoreta (fresco) y que para los castellano-parlantes es simplemente frío, así que hay que apresurarse antes de que se me enfríen las orejas.

Lo de hoy ha sido apenas un paseo y tengo poco que contar. Ahora mismo estoy frente al televisor y escribiendo al mismo tiempo y yo no soy multitarea, así que habré de elegir entre seguir mirando el programa de televisión o escribiendo el comentario.

La elección hoy es sencilla. Nos veremos mañana. Buenas noches.

Título de la fotografía: Palmeras buscando el cielo nocturno a través de un agujero en el techo.

domingo, 19 de febrero de 2012

Día 114/365


Hoy ha sido un domingo distinto. Esta mañana he estado viendo saltos de caballo. En las instalaciones del centro ecuestre Oliva Nova de mi ciudad se está desarrollando la Ruta del Mediterráneo "MET", una competición de salto de obstáculos a caballo y hemos estado disfrutando de la visión de unos magníficos caballos, además de caros (me han comentado que sus precios van desde 1.500.000,00 a 9.000.000,00 euros), y de lo que son capaces estos animales de saltar.

Según anuncian participarán más de 800 caballos y unos 270 jinetes. Las instalaciones que han hecho son francamente espectaculares, y las han realizado en muy poco tiempo. Como no podía ser de otro modo han sido objeto de polémica, puesto que los terrenos en los que se ubican esas instalaciones parece ser que no permitían su uso para estos fines. Un motivo más para que grupos ecologistas hayan puesto el grito en el cielo y que se produzcan las consabidas discusiones políticas.

Pero con independencia de todo esto hay que reconocer que es un espectáculo digno de ver, aunque no sea tan divertido de contemplar como un partido de baloncesto, de tenis o cualquier otro deporte. Es increíble como se elevan esos animales para superar los obstáculos que se encuentran en su camino. Por cierto, no he estado lo suficientemente rápido para fotografiar un caballo que ha rehusado salta una de las barreras y que casi ha estado a punto de lanzar de cabeza al jinete; vaya reflejos ha tenido el chaval que ha conseguido evitar la que yo consideraba una caída segura, puesto que todavía no comprendo cómo ha conseguido mantenerse a caballo.

He estado haciendo fotos (hoy se sacado la réflex para poder aprovechar la inmediatez de reacción del obturador a la presión del disparador y su cadencia de disparo) desde diferentes ángulos a los caballos en plena competición y también a jinetes y caballos en los momentos previos y posteriores al concurso. Como van a estar aquí compitiendo hasta el día 12 de marzo tengo el convencimiento de que volveré para tratar de conseguir más y mejores fotografías.

Y como no podía ser de otro modo, el motivo fotográfico de hoy es el salto de obstáculos a caballo.

Título de la fotografía: Despegue

sábado, 18 de febrero de 2012

Día 113/365


Ha terminado el cursillo de Photoshop. Nos hemos hecho una foto los que hemos ido hoy, luego hemos añadido como fondo un trabajo al estilo Andy Warhol que hicimos la semana pasada y, por último, el profe nos ha entregado los diplomas. Después nos hemos ido a comer todos juntos y a intentar arreglar el mundo, pero mucho me temo que ha quedado en eso, en un intento.

Hoy era el día en que los falleros hacen su concurso de paellas, que forma parte de las actividades que van haciendo como precalentamiento pensando ya en las próximas fallas, para las que falta apenas un mes. Después de preparar las paellas hacen una comida a la que acuden todos los falleros; llenan el paseo de mesas y sillas y el ambiente es totalmente festivo. Al terminar la comida, ya avanzada la tarde, es el momento de la disco móvil para animar el ambiente.

Como estaba en el cursillo no he podido ir a hacer fotos de la movida de los falleros haciendo de cocinitas y seguro que me he perdido muchas oportunidades; otras veces que he acudido a ver cómo preparan las paellas he conseguido algunas fotografías interesantes, retratos sobre todo.

En fin, perdida la oportunidad de las paellas, esta tarde he salido, como ya es costumbre, cuando ya había anochecido y casi terminado la fiesta. Quedaban los más guerreros por allí delante del estrado donde habían instalado la disco móvil tomando copas y bailando. Las mesas y las sillas ya estaban recogidas y apiladas por los empleados de la empresa de alquiler.

Y allí, entre las sillas apiladas y las jaulas en las que las meten para transportarlas, me he encontrado con el chaval de la fotografía que, desde las sombras, sentado en una de las sillas que acababa de recoger, observaba de lejos la fiesta fumando un cigarrillo mientras esperaba que llegase el camión para cargarlo todo, y posiblemente pensando... Hoy es carnaval, termino y me largo yo también de fiesta, que tengo el mismo derecho que vosotros.

Título de la fotografía: Observando desde las sombras.

viernes, 17 de febrero de 2012

Día 112/365


Una más y ya van siete. Sólo nos quedan cuarenta y cinco más y habremos terminado un año más. Las semanas pasan casi sin darnos cuenta. Bueno, lo que realmente ha terminado, al menos para mí, es la semana laboral; los dos días que quedan serán de relax.

Mañana tendremos la última clase del curso de Photoshop; me han enviado un correo advirtiéndome que hay que vestirse con la ropa de los domingo, asearse y todo eso porque nos hemos de hacer una foto y hay que salir guapos. Después parece ser que nos iremos a comer (de barato, según el correo). En fin, que volveré a tener las mañanas de los sábados ociosas y habré de buscar algo que hacer... ¿qué tal salir a hacer algunas fotos? o podría intentar algún bodegón, alguna naturaleza muerta o malherida, para que no se mueva y salga la foto emborronada.

El bodegón no es un motivo fotográfico que haya probado demasiado, más bien poco, muy poco. No se me ocurre nada para componer la imagen, creo que soy más bien de fotos de aquí te pillo aquí te mato, instantáneas más o menos reflexivas pero instantáneas al fin y al cabo.

Por cierto, esta tarde he vuelto a Pego; tenía unas gestiones que hacer allí y se me ha ocurrido agacharme a mirar por el agujero, con la forma casi del ojo de una cerradura, para atisbar qué se veía por allí, y sólo se veían otros elementos del mobiliario urbano y la consabida puerta de una iglesia.

En fin, que mañana será otro día. Feliz fin de semana.

Título de la fotografía: El ojo del bolardo.

jueves, 16 de febrero de 2012

Día 111/365


Hoy no tengo intención de ponerme trascendente; me he dado cuenta de que estos últimos días mi estado de ánimo es un tanto sombrío y que no me prodigo repartiendo sonrisas. Imagino que será por el trabajo o por otras distintas circunstancias relacionadas también con mis relaciones laborales.

Así que mejor hablar de cuestiones baladíes... No se me ocurre ninguna, creo que sería un mal tertuliano en cualquiera de los numerosos programas televisivos que sólo se ocupan del famoseo; no conozco ni reconozco a prácticamente ninguno de los personajillos de los que se hablan, aunque lo cierto es que no sé de qué ni de quienes se habla en esos programas porque puedo decir, con total franqueza, que nunca, repito nunca, los he seguido. En alguna ocasión haciendo zapping he escuchado parte de la intervención de alguno de los periodistas que suelen participar en sus debates, pero antes de cinco minutos me he visto en la necesidad de cambiar de canal porque no puedo soportar las arcadas que me provocan.

No hace muchos días, durante el descanso para el almuerzo, comentaban algunas de mis compañeras de trabajo las incidencias de Gran Hermano; las escuchaba sin entender cómo pueden seguir programas como esos, pero resulta que van, según me comentaron, por la decimotercera edición. Cuando les dije que no había visto ninguna edición, ni tan sólo 5 minutos de ellas, alguna me miró como si de repente me hubiera vuelto de color verde, tuviera una trompeta por nariz, plumas en lugar de pelo, en fin, como si fuera un extraterrestre. Y es que no puedo entender qué interés puede tener observar que hace un grupo de personas, que no se conoce de nada, encerradas en una casa durante no sé cuanto tiempo, lo que termina provocando malos rollos entre unos y escarceos amorosos entre otros. Todo sea por salir luego en los platós de televisión, hacerse famoso y ganarse un dinerillo que les permita vivir sin tener que trabajar demasiado (o más bien nada).

En fin, que en muchas ocasiones me quedo callado y sólo puedo escuchar, antes de desconectar, porque no tengo ni idea de qué habla la gente; sólo oigo que si alguien se tiene que volver a operar el pecho porque lleva unas prótesis de esas que se rompen, que si Belén Esteban por aquí, que si una tal Jorge Javier ha dicho no sé qué, que si Carmele y Kiko se han peleado,... ¡si es que conocen a todo el mundo!

En fin, que parece ser que algunas cadenas de televisión se han convertido en un escaparate de descalificaciones, chabacanería y otras hierbas de difícil calificación (bodrios se queda corto). ¿Cómo pueden proliferar tanto este tipo de programas? Y que no me digan que es por evadirse de la realidad, por distraerse y no pensar en las dificultades del día a día; para eso no es necesario escarbar en la basura de los demás.

Título de la fotografía: La flecha marca el camino.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Día 110/365


Tengo que reconocerlo: no todos los días me surge con igual facilidad la reflexión, el pensamiento, el desahogo con el que acompaño cada una de las fotografías que voy publicando. Y dicho esto seguro que más de uno estará ahora mismo pensando ¿Y a ti quién te manda escribir estas parrafadas, cuando lo que tienes que hacer es una foto cada día?.

Yo también lo he pensado más de una vez pero resulta que, al final, siempre se me ocurre de qué hablar  porque estas líneas son, en muchas ocasiones, una vía de escape para mis tensiones, para ahuyentar mis demonios, para poner luz en algunas de las zonas oscuras que tengo; otras veces son una simple reflexión en voz alta, aunque no se me oiga vocalizar, y a menudo una simple charla en la que tú que me lees participas con la respuesta que me haces llegar a través de este mismo blog.

¿Y qué clase de conversación es esta? Unas veces la respuesta se limita a expresar si la foto publicada es o no del gusto de quien responde, otras hace referencia al texto que acompaña la foto, se trata realmente de un intercambio de opiniones, de vivencias, de esperanzas y desilusiones que nos permiten conocernos mutuamente un poco más, y por último nos encontramos con respuestas que combinan ambos aspectos.

Pocas son las críticas que han recibido las fotos, no porque realmente sean del agrado de todos (no se me ocurriría pensar semejante cosa) sino porque, posiblemente, quienes las han visto y no les han gustado, por el motivo que sea, han preferido abstenerse de emitir su opinión y otros porque han preferido silenciar su crítica para que no afectase a mi ánimo, a mi motivación para continuar con este proyecto. Es mucho más habitual que se destaque aquello que sí ha gustado o que no ha provocado rechazo.

Estoy totalmente convencido de que si las 110 fotografías publicadas en el blog lo hubieran sido en uno de los foros de fotografía que habitualmente sigo, y en los que participo ahora muy raramente por no tener  tiempo, habrían recibido críticas de todo tipo, en algunos casos favorables y en otros feroces; se habrían puesto en negro sobre blanco errores de composición, de procesado, de exposición, algún que otro horizonte caído, etc., sin olvidar los motivos fotográficos que serían considerados anodinos, sin ningún interés.

Cuando alguien muestra su obra lo hace a sabiendas de que esta puede provocar indiferencia, rechazo o aceptación, y ha de ser capaz de aceptar cualquier tipo de crítica. Yo las acepto, como no puede ser de otro modo, sobre todo cuando se trata de críticas constructivas. El arte es algo muy subjetivo; lo que para unos es una auténtica obra maestra para otros no pasa de ser el dibujo de un niño, cuatro palotes y tres manchas de color. Para mí mis fotografías, por mucho que pueda parecer una presunción por mi parte, son eso, arte, una manifestación artística, de mayor o menor nivel, más o menos entendida y apreciada, pero es mi arte, se trata de mi creación, de mi particular punto de vista de mi mundo.

Y porque acepto y aprecio las críticas he dejado una puerta abierta por la que puedes pasar y expresarte en libertad a través de las respuestas que puedes publicar; de no desear conocer tu opinión hubiera optado por cerrar esa puerta y dejar abierta únicamente la ventana a través de la que observo mi mundo: mis fotografías.

Título de la fotografía: Puertas abiertas a un espacio común.

martes, 14 de febrero de 2012

Día 109/365


Soy poco amigo de esos días que los comercios, los grandes almacenes, han decidido convertir en fechas señaladas para así poder incrementar sus ventas. Así sucede con el día del padre, el día de la madre y, cómo no, el 14 de febrero, el día de los enamorados.

Que si un diamante es para siempre, que si un perfume, unos complementos, una sortija, pendientes, pulsera, gargantilla o cualquier otro objeto susceptible de ser regalado es lo que intentan que compremos para ofrecerlo como muestra de amor a nuestra pareja. Para tratar de convencernos los comerciantes llevan a cabo campañas publicitarias que nos bombardean cuando apenas hemos tenido tiempo de recuperarnos de los estragos que las reciente campañas de navidad y reyes provocaron en nosotros y en nuestras, cada día más, maltrechas economías.

Tengo que reconocer que no soy una persona detallista, me cuesta expresar mis sentimientos de una forma abierta, no soy en absoluto efusivo y mis muestras de afecto son más bien escasas y, para colmo de todos los males, tengo un pésimo gusto para elegir regalos y nunca sé qué regalar, cuando me decido a ello.

No soy una persona fácil, convivir conmigo no es ninguna panacea, tengo sino mal carácter sí un humor cambiante y tendencia a refunfuñar, de lo que quienes me conocen, quienes me sufren, pueden dar fe. De entre todas esas personas nadie como mi esposa para confirmar esta realidad. Treinta y cuatro años juntos (pre-noviazgo, noviazgo y matrimonio) nos han dado, a ambos, la oportunidad de conocernos en profundidad, de amoldarnos uno al otro a base de ir puliendo aristas, de respetarnos y, sobre todo y por encima de todo, de querernos y, así, ir superando las pruebas a las que la vida en pareja nos ha ido sometiendo.

Mi esposa se merece un monumento más grande que el de Fabra en el aeropuerto de Castellón; si la paciencia que ha tenido (tiene) conmigo fuera un criterio determinante para fijar la superficie de la parcela de cielo que le corresponderá en su momento, le adjudicarían terreno suficiente para construir toda una macrourbanización con campo de golf incluido.

Estoy convencido de que cuando lea estas líneas pensará que no estoy bien de la cabeza, que lo que sea que diga aquí ya se lo podría decir de viva voz y en persona, pero hacer este tipo de locuras también son una característica de mi personalidad, así que seguro que lo entenderá, me disculpará y puede que hasta venga y me dé un beso.

En fin, que como para comprarle un diamante no me llega y a mí no me gusta gastarme el dinero en tonterías (salvo que sean de electrónica y para mí) he pensado que sería una buena idea dedicarle la entrada de hoy del blog y acompañarla de la fotografía de un corazón profundamente tallado en un árbol.

Va por tí, cariño. Te quiero.

Título de la fotografía: Es sólo un corazón tallado.

lunes, 13 de febrero de 2012

Día 108/365


Hoy me apetecía retomar mis paseos por el Raval, la parte antigua de la ciudad, me apetecía sentir la tranquilidad que todavía se respira por muchas de sus calles, sobre todo en las más estrechas y apartadas. Es justo el hecho de que sus calles son estrechas y no permiten la circulación de vehículos o que pueda aparcarse en ellas lo que hace que disfruten de esa tranquilidad, de ese sosiego.

Ha sido el de hoy un paseo reposado, de observación minuciosa del entorno, de los detalles de las casas, de sus fachadas, puertas, ventanas, de los elementos que dan personalidad a las casas y pié a imaginar la clase de personas que las habitaron cuando se construyeron y de quienes las habitan actualmente.

Las viviendas, en su práctica totalidad, mantienen su estructura original, sus fachadas, aunque se observa que muchas de ellas han visto reformado su interior para adaptarlo a los gustos y necesidades de sus actuales inquilinos.

De estas viviendas lo primero que observa uno es precisamente la puerta de acceso. Son una primera muestra del estatus de quienes las construyeron y habitaron. La mayoría presentan dos hojas de madera que se abrían para permitir el acceso de los carros y animales a su interior, contando una de ellas con una puerta de acceso para las personas, de modo que no fuera necesario abrir todo el portal para entrar en la casa. Pero varían en el nivel de acabados. Unas son simples, sin ningún tipo de adorno ni floritura; otras, en cambio, muestras elaborados dibujos en ambas hojas, algunas recubiertas por láminas metálicas que, a su vez, se adornan con repujados.

La cerradura. El ojo de la cerradura. De mil y una formas; unas sencillas, como las puertas que abrían o abren; otras de extrañas formas que seguro complicaban sobremanera su fabricación y la de las llaves que habían de acoger para permitir el acceso a sus moradores.

Y han sido las cerraduras uno de los objetivos de mi observación. Las primigenias están todas ellas en desuso; se puede ver que hace muchos años que no se han utilizado, que han sido reemplazadas por cerraduras de seguridad, por llaves de puntos o del tipo de caja de caudales. Cerraduras que ya no permiten atisbar a través de ellas qué sucede en el interior de la casa. Se acabaron los mirones. Ya no tienen sentido aquellas máscaras que se utilizaban para simular que se atisbaba a través de una cerradura lo que sucedía dentro de una habitación.

Y se acabaron también aquellas llaves grandes y pesadas, llaves que servían para abrir puertas y, en caso de necesidad, como arma de defensa o ataque. También, según dicen los mayores, para quitar orzuelos de los ojos.

Título de la fotografía: Cerraduras. Dos mejor que una.

domingo, 12 de febrero de 2012

Día 107/365


Y termina la semana, una más, con un domingo en el que la lectura ha sido la principal actividad. He estado todo el día tumbado en el sofá leyendo, sin hacer nada más. Sólo la comida, la merienda, despedir a mi hijo que vuelve a la residencia después de pasar el fin de semana en casa, y la salida apresurada para hacer la foto de hoy, amén de ciertas necesidades fisiológicas, han sido capaces de hacerme levantar.

He retomado la lectura de una novela que durante semanas he tenido en barbecho y me he enganchado de tal modo que me ha costado dejarla para dedicar mis ojos y mi menta a otros menesteres. ¡Qué gran placer es la lectura! Cómo trabaja nuestra imaginación para construir ese decorado y esos personajes que el autor de la novela dibuja para nosotros con palabras, cómo se esfuerza en hacernos ver las escenas que describe, oír los diálogos que pone en boca de los personajes y sentir las emociones que sienten.

Una compañera del trabajo, hablando un día acerca de una película, tuvo la osadía de decirme que esa película no era para mí, que no la comprendería; recuerdo mi respuesta: tú, lo que deberías hacer, es leer más y ejercitar tu imaginación, no limitarte a ver lo que otros han imaginado con la lectura del libro en que se han inspirado, pero claro, tu imaginación no alcanza para tanto y te ves en la necesidad de conformarte con la película.

Y para terminar el domingo nada como darme una vuelta por los blogs de fotografía que sigo para disfrutar con la visión, la creatividad, de esos artistas de la imagen fotográfica que diariamente me asombran, que inspiran y de los que intento aprender.

Título de la fotografía: Con la conciencia a cuestas.

sábado, 11 de febrero de 2012

Día 106/365


Una señal que advierte de la posibilidad de que haya niños jugando en mitad de la calle, debajo de las aceras, casi puede parecer un chiste en estos tiempos que corren. No es esta una señal que haya visto muchas veces, de hecho creo que es la única que he encontrado.

Muchas calles del casco antiguo de algunas poblaciones, como sucede en la mía, se caracterizan por su estrechez, lo que conlleva que sus aceras sean igual de estrechas, de forma que lo normal es andar por la calzada y sólo subir a la acera si se acerca algún vehículo.

En algún tiempo era normal ver a los niños corriendo y jugando en la calle a la pelota, a corre que te pillo, al escondite o a cualquier otro juego; en la zona en la que está esta señal también era frecuente ir a jugar a la montaña porque está justo al lado. Eran tiempos en los que el tráfico de vehículos no era un peligro como lo es ahora y ello permitía que los niños se adueñaran de las calles, que se convertían en zona de juegos.

Los niños que otrora vivían y jugaban en esas calles se han hecho adultos, han formado sus propias familias y se han trasladado a otras zonas con calles más anchas, más servicios, en las que predominan los bloques de viviendas, y en las que sus hijos no pueden salir a jugar a la calle, sólo en los parques habilitados para ello.

En esas calles estrechas, que una vez estuvieron llenas de vida, de risas, de juegos, ya sólo quedan los padres de aquellos niños que solían salir de casa para jugar en la calle, pero aquellos padres son ahora ancianos que están encerrados en sus casas porque las calles se han convertido en territorio reservado para los coches que todo lo ocupan, que todo lo invaden.

He sido uno de esos niños afortunados que podían jugar con sus amigos en la calle, que no se tenían que quedar encerrados en casa delante de la televisión o de la videoconsola, de los que todavía podían ir solos por la calle hasta la casa de sus amigos para preguntarles si querían salir a jugar a fútbol, de los que acudían a casa a por el bocadillo de la merienda cuando su madre, asomada a la puerta de casa, les llamaba sin saber exactamente dónde estaban pero con el convencimiento de que no andarían demasiado lejos, porque nuestra propia calle y las adyacentes eran nuestros particulares parques de juegos, nuestros campos de fútbol.

Título de la fotografía: Las calles ya no son para jugar.

viernes, 10 de febrero de 2012

Día 105/365


Otro viernes se convierte en protagonista de la entrada del blog una imagen captada en el mercadillo que, como hoy, cada semana ocupa el paseo de la ciudad con sus numerosos puestos de venta, en los que podemos encontrar  churros, frutas, verduras, encurtidos, salazones, frutos secos, quesos, menaje, ropa de hogar, complementos, zapatos, juguetes, flores, y un sinfín más de artículos.

Los puestos que más temprano están en disposición de atender a los posibles clientes son los de alimentación,  con los de frutas y verduras a la cabeza y quienes suelen acudir más pronto para hacer sus compras son la gente mayor, los matrimonios de jubilados en los que la mujer va de puesto en puesto eligiendo el género con mejor relación calidad-precio y el marido acarreando el carro con la compra; resulta curioso observar que la mayor parte de las compras que hacen son precisamente de verduras, imagino que por consejo del médico para tratar de evitar posibles problemas de salud, y es que nuestros mayores realmente han aprendido a cuidarse y a disfrutar del merecido descanso que la jubilación les ha dado.

Me encanta ver a grupos de jubilados yendo o viniendo del hogar del jubilado los días que hacen baile. Si es que parecen que les hayan quitado años y dolencias; las caras de júbilo que muestran, cómo se acercan ellos con un cierto aire conquistador y cómo responden ellas coqueteando es una estampa que no tiene precio. Parecen estar viviendo una segunda juventud llena de ilusiones y anhelos que cualquiera podría pensar que habían quedado atrás.

Creo que últimamente tengo tendencia a divagar, estoy un tanto disperso, así que, volviendo al mercado y a lo que allí encontramos, aparecen ante nuestros ojos escenas que no por vistas dejan de llamarme la atención. El vendedor haciendo gala de sus mejores artes para vender el género ante un posible cliente que no termina de decidirse a comprar, el comprador observando el género con un ojo y con el otro el cartel con el precio, ese mismo o cualquier otro comprador quejándose de los precios y escuchando los razonamientos del vendedor que es, según él mismo dice, el primero en pagar las consecuencias de los precios porque ahora vende menos y, finalmente, la culminación de todo esta ceremonia: el cliente guardando la compra y soltando la pasta, el vendedor soltando la bolsa con los 3 kilos al precio de 2 y cogiendo la pasta.

Título de la fotografía: Coge el dinero y corre.

jueves, 9 de febrero de 2012

Día 104/365


No hoy no pienso hablar del tiempo. Ese es un tema de conversación muy manido entre quienes no tienen nada que decirse y sienten la incomodidad del silencio. Pero aún así os diré que hoy ha hecho mucho frío por esta zona y que para mañana pronostican todavía más frío.

Releía esta tarde lo que escribí ayer por la noche y los comentarios que Luis y Remei han hecho al respecto.  Comenta Luis que en aquellos cada vez más lejanos días de nuestra niñez había otras muchas cosas por las que preocuparse antes que por los ciclos de las estaciones y los fenómenos meteorológicos ligados a ellas, asuntos más graves que resolver. Y Remei apunta la posibilidad de que quizá antes era todo mejor, al tiempo que reconoce que empieza a recordar su infancia con nostalgia y que ahora todo va muy deprisa.

Coincido casi totalmente con sus manifestaciones. Realmente ahora parece ir todo mucho más deprisa, los acontecimientos se precipitan a una velocidad de verdadero vértigo en unos días en los que cada vez más parece que las 24 horas tienen menos minutos, pero a esta percepción creo que contribuye un factor personal ligado precisamente al transcurrir del tiempo: la edad. Querida Remei, voy diez años por delante de tí, al menos en edad, y si ahora empiezas a recordar tu infancia con nostalgia puede adelantarte que esa sensación se acrecentará con el tiempo, lo que no puede llevarnos, opino, a pensar que aquellos tiempos fueran mejor que estos.

Eran tiempos distintos, vistos con una mirada distinta, la que corresponde a la inocencia, a la despreocupación de una infancia que percibe cuanto sucede con una luz distinta a la que recogen los ojos de un adulto, que ha visto sacrificada su inocencia por la experiencia, el conocimiento y las responsabilidades y preocupaciones que conlleva el mero hecho de crecer.

Me viene a la cabeza en este momento uno de los relatos con los que Luis nos emociona recordando precisamente episodios de su infancia. En uno de ellos rememoraba algunas estrecheces que sufrían en su casa durante su niñez; él las recuerda y siendo consciente de ellas estoy convencido de que lo hace con cariño, a pesar de que sus padres lo vivirían entonces con verdadera angustia, y ese cariño por tales recuerdos nace del reconocimiento hacia sus padres por los sacrificios y por el amor que siente hacia ellos.

Parecidas estrecheces sufríamos en mi casa, e imagino que en otras muchas, pero del mismo modo la nostalgia que siento por aquellos días me invade a la que empiezo a hacer memoria, y se me hace un nudo en la garganta y noto cierta opresión en el pecho. La decepción de no poder tener un juguete que deseaba, de no poder tener una bicicleta como la de uno de mis amigos, de no tener televisión en casa cuando en otras a las que iba ya la tenían, de no poder disfrutar de muchas cosas que otros tenían, hoy no las recuerdo con amargura sino con cariño, con melancolía, consciente de los muchos sacrificios que hacían mis padres para que mi hermana y yo pudiéramos tener muchas de las cosas que entonces no apreciábamos en su justa medida, entiendo porqué mi madre aparece en fotos hechas en distintos años con un mismo vestido, porqué mi padre no podía comprar un coche mientras yo iba a un colegio privado.

Con todas estas preocupaciones, con todas esas necesidades que atender, a quién le importaba si llovía o nevaba, de lo que se trataba era de encontrar soluciones a las necesidades diarias. Sí, la lluvia importaba porque impedía poder salir al campo a ganar ese jornal que era necesario para hacer la compra, pagar la luz y el agua, comprar unos zapatos y, a ser posible y haciendo malabarismos, intentar ahorrar alguna peseta porque entonces no había subsidio de desempleo y no se sabía qué podía pasar mañana. El frío preocupaba por el efecto que sobre las cosechas podía tener, no porque tuviésemos que salir más o menos abrigados de casa para ir a comprar o al colegio. 

Al hecho de que los acuciantes problemas diarios requerían toda la atención y no se podía perder ni el tiempo ni esfuerzos preocupándose del tiempo, se sumaba también que la gente parecía tener un poco más de sentido común, o al menos no tener un afán desmedido por hacerse rico a cualquier precio y en el menor tiempo posible. Así el urbanismo todavía no parecía tan salvaje como lo es desde hace ya bastantes años; no se construían viviendas en zonas fácilmente inundables porque se sabía que si había una crecida se inundarían las casas, con el peligro que eso representaba para las personas. No se cortaban árboles hasta dejar sólo la tierra al descubierto, sin nada que la retuviese en su lugar, no deforestábamos las montañas para construir una urbanización con vistas al mar.

Se actuaba con responsabilidad y sentido común, hecho que no siempre se produce ahora (aunque entonces también se cometían excesos de otra índole).

En muchísimas cosas ha mejorado nuestra vida pero parece que no aprendemos de nuestros errores, que no apreciamos las experiencias vividas, y ahora mismo tenemos problemas mucho más acuciantes de los que preocuparnos que del tiempo que pueda hacer.

Estamos retrocediendo en calidad de vida a la carrera, pero sobreviviremos, como siempre lo hemos hecho, y este será otro tiempo que, seguro, recordaremos dentro de unos años, aunque no sé con qué sentimiento.

Título de la fotografía: Restos de un tiempo pasado.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Día 103/365


Media península bajo un manto de nieve y la otra media, aunque con bajas temperaturas, disfrutando del sol. A los que les ha tocado la nieve seguro que envidian el sol de los otros y estos últimos querrían, seguro, ver caer  algún copo de nieve en sus calles para verlas, al menos una vez en su vida, pues eso, nevadas.

En toda mi vida sólo he visto nevar una vez aquí en mi ciudad, y de eso hace ya 30 años. Aquello fue todo un acontecimiento. Los niños por las calles jugando y arrojándose bolas (canicas más bien) de nieve, intentando hacer muñecos de nieve (nosotros hicimos uno en la terraza). Los no tan niños mirando los coches con los parabrisas cubiertos por la nieve, contemplando las calles y plazas de un blanco inmaculado, y los más mayores caminando con extremo cuidado por miedo a resbalar y dar con las posaderas en el suelo, a pesar de que la nieve apenas cubría las aceras.

Otros preocupados por los efectos que la nevada podía tener en los huertos; muchos pensaban que aquello podía arruinar las cosechas de naranjas, que los naranjos podrían verse afectados por la nevada y el frío. Como siempre sucede, nunca nieva a gusto de todos.

Justo ayer comentaba con mi esposa mientras mirábamos las noticias en la televisión que ahora todas las estaciones del año se han convertido en noticias; si llueve porque llueve, porque se desbordan las ríos, porque ya hace dos días que está lloviendo sin parar, porque ha soltado una tromba de agua que lo ha inundado todo; si es verano porque no llueve y hay restricciones de agua, porque hace mucho calor, o por cualquier otro motivo; que si hace viento, que si es primavera y no llueve y mejora la temperatura, etc.

Sigo recordando que, cuando era niño, podía estar lloviendo un par de semanas sin parar y recuerdo innumerables tardes de invierno sentado en la mesa camilla junto a la ventana, con la bata encima de las piernas y el brasero encendido, con la puerta de la habitación entreabierta para que se renovase el aire, mirando la gente apresurarse por la calle, leyendo algún libro, escuchando la radio o simplemente  absorto en inventar historias en las que, como no podía ser de otro modo, yo era siempre el héroe; la televisión por aquél entonces todavía no había llegado a mi casa.

Por aquel entonces no eran noticias nevadas como las que estamos teniendo estos días. Se asumía que en invierno hacía frío, nevaba y llovía, era lo natural. Del mismo modo que en verano nos asábamos de calor y la humedad no se nos despegaba de la piel, lo normal cuando uno vive junto a la costa, a un par de kilómetros escasos del mar.

¿Será que entonces éramos más duros, más rocosos? No lo sé, quizá sea que hay que llenar de contenido el tiempo de noticias.

Título de la fotografía: Colores minerales.

martes, 7 de febrero de 2012

Día 102/365


Seguimos con un fuerte viento que hace que la sensación térmica sea de temperaturas más frías de lo que realmente son. Se nota que estamos en pleno invierno. Afortunadamente ha lucido el sol, aunque por la tarde se han visto nubes que parecían estar disputando un rally por el cielo azul, porque hay que ver con qué rapidez se movían.

Y una vez dado a conocer el parte meteorológico del día, vamos con otras cuestiones relacionadas directamente con el frío, el viento y la sensación térmica.

Voy a contar una batallita de cuando era más joven, como hacen nuestros mayores que se acuerdan perfectamente de lo que hicieron cuando estaban en el servicio militar a pesar de que recuerdan con dificultad qué han comido.

Recuerdo la primera vez que fui a la concentración motorista invernal internacional más numerosa del mundo, o al menos eso dicen sus organizadores, es decir a Pingüinos, en Valladolid, el fin de semana siguiente al de Reyes, es decir en pleno invierno. Aquella fue una edición especialmente dura por las condiciones climatológicas, pues la temperatura estuvo todos los días que duró la concentración bajo cero. La niebla lo cubría todo como una sábana blanca e imposibilitaba ver nada más allá de 10 metros, como mucho, pero eso no fue impedimento para que acudiéramos más de 21.000 motoristas, un récord de asistencia.

Conseguí convencer a otros dos moteros para ir a la concentración con un grupo de gente con la que contacté a través de internet, y a la que no conocía de nada. Uno de ellos iba con su novia, los dos sobre una Yamaha R1, y a la pobre, cuando paramos a almorzar, la tuvimos que enfundar en un impermeable y sellar los puños de las mangas y los bajos del pantalón con cinta americana para que no entrase el aire porque estaba prácticamente congelada. Pero... a quién se le ocurre hacer semejante viaje de paquete y en una moto como esa. Hay que tener en cuenta que son unos 650 km del tirón, parando sólo para repostar y almorzar.

Bueno, pues en cuanto pasamos el túnel de Guadarrama, unos pocos kilómetros después, apareció la niebla. Fue como si hubiéramos atravesado una cortina y entrado en algún lugar oscuro, la temperatura bajó en un momento de tal forma que pronto empezó a congelarse la humedad de la niebla sobre la chaqueta y la visera del casco, dificultando mucho la visibilidad, lo que no fue razón para que disminuyésemos la velocidad, sino que seguimos tal y como íbamos a pesar de ver mucho menos (una verdadera imprudencia que hoy no repetiría, palabra de señor más mayor y con más sentido común, o quizá sólo más mayor).

Si dura fue la ida peor fue la vuelta. No sé si sería porque al ir hacia Valladolid todavía llevaba almacenado calor en mi cuerpo y por eso no noté tanto el frío, pero lo cierto es que la vuelta fue terrorífica. Al parecer las reservas de calor se me habían agotado durante los días de concentración, ya que no vimos la luz del sol ni un sólo minuto durante esos días, y la vuelta, con más niebla y más frío, este último acentuado por la velocidad de la moto, hicieron que me quedase tieso. Y esta palabra describe exactamente y de forma literal cómo estaba cuando paramos en el peaje de la AP-6.

Bajarme de la moto fue un número, las piernas entumecidas, los pies no los sentía y casi no podía quitarme los guantes de heladas que tenía las manos, hasta el punto de que no podía ni frenar. Mis manos parecían las patas de un pajarito muerto, agarrotadas, sin poder extender los dedos. Si en ese momento alguien hubiera intentado ponerme los dedos rectos estoy convencido de que se me hubieran roto y caído sobre el asfalto. Sí, ya sé que quizá estoy exagerando un poco (que no sólo los pescadores son los que exageran cuando describen el pez que justo se les escapó) pero realmente ese era el aspecto que ofrecían mis manos. Uno de los compañeros con los que iba me dio una bolsita de esas que al abrirlas y agitarlas desprenden calor para que pudiera recuperar la movilidad (Juan, gracias, me salvaste de una más que posible amputación de ambas manos).

Pero a pesar del frío que pasé, de lo que sufrí sobre la moto, lo pasé genial; de hecho, ya he ido 6 veces, sólo he faltado en dos ediciones (una de ellas precisamente este año), de forma que ir a Pingüinos se ha convertido en una tradición motera invernal para mí.

Y esta es la historia. ¿Qué tiene que ver esto con el tiempo que ha hecho hoy y con la foto? Pues nada, excepto que hoy también hace frío, pero me apetecía contar la historia. Y que conste que sólo he contado, muy resumidos, los viajes de ida y vuelta, que me he guardado el relato de lo que hicimos por allí porque eso es... secreto de sumario.

Título de la fotografía: Farola en un cielo nuboso.

lunes, 6 de febrero de 2012

Día 101/365


Empezamos una nueva semana con un día de narices, esta que adorna mi cara y que por efecto del resfriado que he cogido esta misma mañana parece un pimiento morrón. En fin, no me puedo quejar porque es la primera vez, y espero que la última, que me resfrío este invierno.

Por el resfriado y por la ventolera que hacía esta tarde la ruta fotográfica de hoy ha sido más bien corta. Además, como tenía pensado pasar por uno de los edificios públicos recién construidos para explorar sus posibilidades, he ido directamente allí y no me he dedicado, como otras veces, a esperar que surgiera la foto. Se trata de un edificio con las paredes exteriores totalmente recubiertas de azulejos de diversos colores, de forma que cada una de las paredes tiene un color distinto al de la adyacente. No deja de ser curioso el efecto que produce al reflejar lo que hay a su alrededor con los tonos propios de los azulejos que hacen la función de espejo.

Que quieres verlo con un tono azul, pues sólo tienes que mirar a la pared azul; que prefieres el rojo, pues también hay de ese color; que te inclinas más por el ocre, tranquilo que tu deseo se reflejará en ese tono. En fin, como solemos decir para gustos los colores, y este edificio da satisfacción a muchos porque es multicolor.

Quiero disculparme pero ahora mismo no tengo la cabeza para pensar ni mucho ni poco, más bien para nada. Imagino que será consecuencia de la congestión provocada por el resfriado, al que el fuerte viento y el frío de esta tarde cuando he salido han dado alas, y eso sin tomar ni un sorbo de la bebida energética que anuncian por televisión y que tiene justamente ese efecto: dar alas.

Así que me voy a tomar alguna cosa para intentar limitar los efectos del resfriado y a la cama, calentito, que hay que descansar para que mañana podamos madrugar (canción de la tele de hace muchos, muchísimos años, que enviaba a los peques a dormir).

Título de fotografía: Rejilla en un mar de azulejos.

domingo, 5 de febrero de 2012

Día 100/365


Ya son 100 los días, las fotos y las entradas al blog. Ya hace 100 días que empecé con esta aventura, con esta experiencia, con este aprendizaje, con este reto. Porque en todo esto y mucho más se ha convertido este proyecto, pues incluso me está sirviendo para conocerme un poco más a mí mismo al tiempo que conozco a otra gente.

A lo largo de este tiempo este blog se ha convertido no sólo en el lugar en el que mostrar una de las fotografías que cada día hago con esta finalidad, también en un lugar de encuentro conmigo mismo y con aquellos que me van siguiendo, comentando mis fotos o no y animándome. A algunos los conozco personalmente, a otros no, pero a todos ellos quiero agradecerles el apoyo que hasta ahora me han prestado y decirles que me siento unido a ellos a través de esta afición que tantas satisfacciones nos da, que nos permite compartir puntos de vista y experiencias, incluso parte de nuestra vida porque lo que somos, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que vivimos, influye en nuestras fotografías, en las imágenes que tomamos.

Somos como árboles que pierden su corteza y dejan al descubierto la madera de la que están hechos, árboles que se alimentan y crecen, que buscan el cielo abierto, la luz del sol y su calor. Como ellos hundimos nuestras raíces en la tierra, de ella nos alimentamos, crecemos y desde lo más alto observamos lo que nos rodea. Con cada fotografía es como si nos desprendiésemos de parte de la corteza que nos envuelve permitiendo ver nuestro interior, nuestra madera.

Espero seguir creciendo mucho más a lo largo de los próximos 265 días que me quedan para alcanzar mi meta. Deseo seguir compartiendo esta ilusión con vosotros.

Título de la fotografía: Desprendiéndose de la corteza.

P.D.: No serán 265 días porque resulta que este año es bisiesto, así que serán 266. Quizá debería cambiar el contador de las próximas entradas por Día XXX/366.

sábado, 4 de febrero de 2012

Día 99/365


Esta mañana he estado en Gandia, paseando y corriendo junto al cauce del río Serpis en una zona que han acondicionado para estos menesteres. Los muros de hormigón que encauzan el río, como consecuencia de las obras que están realizando para prevenir las avenidas, están llenas de pintadas de todo tipo, entre ellas multitud de grafitis de más o menos calidad artística. Por cierto, me han hablado de una zona de Gandia que han decorado con grafitis en una jornadas grafiteras organizadas por el propio ayuntamiento de la ciudad, así que he planeado pasarme un día por allí.

Algunos de ellos me han llamado la atención y, entre estos, destaca el que finalmente es el protagonista de la foto de hoy. Otros eran muy originales, coloristas, pero este era monocromático y he decidido incrementar ese aspecto revelándolo para obtener esta imagen en blanco y negro.

Pero si algo me ha llamado la atención hoy ha sido una de las entradas de los blogs del periódico El País. Me refiero en concreto a la que lleva por título La gratitud de Titã nos interroga a los humanos, publicado en el blog Vientos de Brasil, de Juan Arias.

Este periodista y escritor nos cuenta una entrañable historia de gratitud de un perro con la persona que salvó su vida después de que fuera enterrado en vida por un... no usaré el calificativo que me viene a la cabeza por no insultar al colectivo de mujeres que ejercen la profesión más antigua del mundo (según dicen) ni a las hembras de los perros. Recomiendo su lectura.

En esa misma entrada de blog se reproduce el poema que a continuación yo mismo reproduzco:

Agradecimiento

Porque la vida es una fiesta 
trágica, alegre, triste, 
porque la vida es un regalo, 
no importa de qué esté hecha, 
porque el tiempo es caudaloso, 
y apaga el propio tiempo, 
porque siempre hay alguien a quien se ama, 
porque el universo es inmenso, 
y somos apenas una leve pisada, 
porque estamos hechos de sangre 
huesos, lágrimas y poesía, 
porque cada día es absurdamente único, 
porque en todo lo que tocamos, 
piel, objeto, corazón, 
dejamos nuestro tatuaje, 
tenemos que agradecer.

(Poema de Roseana Murray, premio de la Academia Brasileña de las Letras, en el libro Diario de la Montaña en curso de publicación en la editorial Manati-Rio de Janeiro)

Título de la fotografía: Lenguaje de signos.

viernes, 3 de febrero de 2012

Día 98/365


A pesar de que hoy ha lucido el sol el frío es intenso. Esta mañana, yendo hacia la oficina, he visto que el termómetro que hay en la fachada de una óptica frente a la que paso todos los días marca -0,5ºC, la temperatura más baja que le he visto marcar.

Pero con frío o calor hay que salir al encuentro de la foto del día que seguro me espera en algún lugar, hoy pasando frío. Así que salgo de casa muy abrigado, la cámara en el bolsillo y la batería de repuesto que siempre llevo en uno de los bolsillos interiores de la chaqueta para mantenerla caliente.

Ambas, cámara y batería, seguro que estaban calientes pero a mí se me estaban helando las orejas por momentos; la zona por la que iba no contaba con ningún tipo de protección y el frío se hacía de notar cada vez más conforme iba avanzando la tarde, así que la necesidad de encontrar un motivo que fotografiar se volvía cada vez más perentorio.

Y la salvación se ha presentado en forma de corriente de agua, con los remolinos que formaba al correr sobre las piedras del lecho del cauce y el juego de luces y sombras que provocaban el reflejo de la luz del atardecer sobre ella.

Hoy es día de celebración; celebramos el cumpleaños de uno de mis hijos y tengo que preparar la cena. Si ya he pasado frío esta tarde, esta noche será peor porque que subir a la terraza para encender la barbacoa y preparar la carne de la cena.

Se nos ocurrió hace unos días que sería una buena idea comprar costillar para hacerlo a la barbacoa, pero no contábamos que justo hoy haría tanto frío. Pero como buen padre que soy me sacrificaré por mi familia,  me expondré a coger un resfriado para que puedan disfrutar de esa cena que habíamos planeado.

Así que allá me voy. Pasad buen fin de semana.

Título de la fotografía: Agua que no has de beber...

jueves, 2 de febrero de 2012

Día 97/365


Que hoy hace frío imagino que es un hecho que todos hemos podido constatar sin necesidad de recurrir a sofisticados equipos de medición; yo sólo he tenido que utilizar mi nariz para percatarme de ello.

Pues si frío hacía esta mañana esta tarde ha sido peor, así que el paseo ha sido rápido porque el cuerpo pedía regresar a casa para volver a ocupar su lugar en el sofá. Así que... quién soy yo para negarle lo que con tanta insistencia pedía. No obstante he tenido tiempo de localizar y fotografiar unas claras muestras de arte rupestre, o quizá no tan rupestre.

Como sabemos (yo lo sé ahora porque cuando he vuelto me he puesto a buscar información por internet) el arte rupestre, o más bien la pintura rupestre, son dibujos hechos por seres humanos durante la prehistoria  sobre rocas, paredes de cuevas, en abrigos rocosos, barrancos, etc. Entre estas pinturas las de las manos parecen ser de las más antiguas y pueden ser de dos tipos, la impresión de la mano previamente mojada en pintura y la de manos negativas, que se hacían apoyando la mano sobre la pared y rociando pintura sobre ella y alrededor, de forma que queda eso, un negativo de la mano.

Y aquí es donde empieza lo interesante. Para Carlos Callejo Serrano, esos dibujos maniformes son una anticipación del arte de la fotografía, si bien se refiere esencialmente a las improntas en negativo que revelan una técnica más avanzada. Las huellas en positivo, mojando la mano en cualquier pintura y apoyándola en la pared, dice que las puede hacer el más primitivo de los hombres, incluso pueden hacerse involuntariamente por un hombre o por un animal. Es decir, que las pinturas que he encontrado esta tarde son todavía más antiguas de lo que en principio había llegado a sospechar, aunque parece ser que, por lo explicado, quien las hizo era muy primitivo.

Pero... ¿que significado pueden tener? Parece ser que existen tantas teorías como autores, aunque todas o casi todas ellas coinciden en atribuirles un caracter mágico.

Para dar respuesta a esta pregunta el Sr. Callejo Serrano considera que lo mejor es preguntarles a los propios autores su significado. No, no pretende hacer ninguna sesión de espiritismo para entrar en contacto con ellos; resulta que la representación de manos en paredes no es una exclusiva de la época paleolítica, sino que ha venido utilizándose hasta nuestros días por los pueblos muy primitivos que todavía quedan en la tierra: australianos, papúes, pigmeos o determinadas tribus atrasadas de indios americanos, y por lo que yo he podido ver, también por una tribu desconocida que habita por aquí.

Bueno, pues parece ser que todos los indígenas consultados coinciden en afirmar que se trata de lugares sagrados destinados a ceremonias rituales.

Así que de todo esto deduzco que hay alguna tribu urbana muy primitiva, parece ser que desconocida por los expertos, que habita en una zona determinada de esta ciudad, que considera el lugar en el que he encontrado las pinturas como sagrado y que destinan a ceremonias rituales.

Yo había visto pinturas urbanas de otras tribus, más conocidas como grafiteros y que parecen estar más evolucionadas, pero desconocía también la existencia de esta tribu primitiva. Creo que debería ponerlo en conocimiento del arqueólogo municipal para que adopten las medidas necesarias para preservarlas y poder realizar un estudio en profundidad.

Título de la fotografía: Pintura rupestre.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Día 96/365


Ya he terminado de leer el libro Fotografía creativa. La poesía en la fotografía de Chris Orwig. La verdad es que me ha gustado.

Según dice el propio autor en la introducción, el libro lo enfocó como si fuera un taller fotográfico en un libro. Para él, "un taller es algo que puede hacer una y otra vez cuando le hace falta un impulso. Aún más, un taller está diseñado para ser un curso breve que inspira y provoca un rápido y evidente crecimiento. Esta taller está diseñado para principiantes, para entusiastas y para profesionales; para mis antiguos estudiantes y para los que vendrán. Me crea o no, está diseñado para fotógrafos y no fotógrafos. No hay alma que no necesite una dosis regular de inspiración, una perspectiva nueva y una bocanada de aire fresco".

Sostiene que aprender fotografía requiere que escuchemos algo más que nuestra voz; por ello, a lo largo del libro aparecen distintos oradores invitados -todos ellos fotógrafos de reconocido prestigio- a los que formula las siguientes preguntas:
  • ¿Qué es lo que le inspira?
  • ¿Qué hace que una fotografía sea buena?
  • ¿Qué cualidades como persona debería cultivar un fotógrafo?
  • ¿Cuál sería su consejo para los aspirantes a fotógrafo?
Resulta interesante ver la diversidad de respuestas que ofrecen a idénticas preguntas. De todas ellas me llamó poderosamente la atención la concreción de las respuestas ofrecidas por Marc Riboud, pero todas y cada una de las respuestas de los distintos oradores resultan esclarecedoras y muestran la diversidad de enfoques que dan a la fotografía.

"...es importante recordar que no tiene que saberlo todo para ser bueno en algo" y "Lo bueno de la fotografía creativa es que todos podemos elegir nuestro propio camino" son algunas de las notas que he ido tomando a lo largo de la lectura del libro, y tengo muchas más anotadas que iré releyendo.

Y terminado este libro he empezado con la lectura de Fotografía creativa en blanco y negro de Harold Davis. Creo que está quedando de manifiesto mi preferencia por el blanco y negro a la vista de las numerosas fotografías que a lo largo de los ya tres meses que llevo publicando entradas en este blog, así que espero que sea fuente de inspiración y medio de aprendizaje para mejorar mi escasa técnica.

Pero hoy no haré uso del blanco y negro.

Título de la fotografía: Ofrendas in memoriam.

Amigos que me siguen