martes, 31 de enero de 2012

Día 95/365


Al buen tiempo mejor cara, y hoy ha hecho un día fantástico así que me he puesto mi mejor cara, lo cual no es decir mucho porque caras como la mía...

La mañana ha pasado hoy mucho más rápido que ayer, confirmando que el tiempo es algo muy relativo, que no siempre un minuto dura un minuto, ni una hora dura siempre lo mismo, y así sucesivamente. A mí, particularmente, los años se me van ahora mismo casi sin darme cuenta. Apenas hace unos días estábamos en plenas navidades y ya se nos ha ido el mes de enero. Menos mal que febrero tendrá un días más gracias a que este año es bisiesto y así nos podrá durar más.

Esta mañana me ha llamado una amiga; antes trabajábamos juntos y ha sido una alegría hablar con ella. Nos hemos preguntado mutuamente por la familia y nos hemos sorprendido por igual cuando nos hemos dado cuenta de cómo habían crecido nuestros respectivos hijos y, en ese momento, también hemos sido conscientes de cómo habían pasado los años. En fin, que los hijos creciendo y nosotros envejeciendo, pero como el vino, para mejorar y ganar cuerpo (sobre todo cuerpo, que ya no sé ni las tallas que he aumentado a lo largo de los años).

Y ya por la tarde, como todos los días y para no variar de costumbres, a pasear y buscar la foto para hoy. Cuando estaba haciendo fotos ha pasado un conocido que se me ha quedado mirando y me ha dicho, sin detenerse, "acabaràs rascant el cristal", que viene a ser algo así como Termirás cazando moscas. Tampoco creo yo que hacer fotos, por extraño que pueda parecerle a alguien lo que estés fotografiando, sea un síntoma de enajenación mental o algo por el estilo.

Sé que a todos los que nos gusta la fotografía en algún momento nos han mirado de forma extraña, ya lo hemos comentado anteriormente, pero sólo diré que bendita locura esta que nos hace apreciar lo que nos envuelve, que nos enseña a ver la belleza de cuanto observamos y disfrutar de la vida.

Así que pongamos una sonrisa en nuestra cara y sigamos disfrutando.

Título de la fotografía: Una sonrisa, por favor.

lunes, 30 de enero de 2012

Día 94/395


Ha sido un día extraño. No sé si por ser lunes o porqué pero estoy de bajón. La mañana se me ha hecho interminable y la tarde tampoco ha sido mucho mejor. Cuando he salido de casa con la cámara en el bolsillo no tenía ninguna idea de hacia donde ir y sin pensar en ello he terminado andando por el paseo con la mirada fija en el suelo.

De repente una hoja caída de uno de los árboles que bordean el paseo, de la misma especie del que ayer comentaba habían cortado, un platanus hispanica, en el suelo. Me detengo, la miro y me inclino con la cámara para hacerle una foto.

Sigo andando y empiezo a pensar en que la batería de la moto está hecha polvo, que no arrancará cuando vaya a sacarla y, casi sin darme cuenta, cambio el sentido de mi marcha; me encamino hacia el taller para pedirles una nueva. Definitivamente llego a la conclusión de que la moto es un artículo de lujo, de no ser así no se puede comprender que las piezas de recambio valgan lo que piden; cuesta más dinero una batería para la moto que para el coche, aunque también es cierto que la moto también vale bastante más que el coche -en comparación- y ofrece bastante menos comodidades, pero lo compensa con las emociones que provoca.

Salgo del taller con la batería dando vueltas por dentro de mi cabeza, y son casi cuatro los kilos que pesa, para ir a la tienda en la que unos días atrás le hice una foto a la carnicera; cuando llego está atendiendo a una clienta y en cuanto termina le enseño cómo quedó la foto. Se muestra satisfecha con el resultado y comenta que le gusta así, en blanco y negro.

De vuelta a casa sigo dándole vueltas al tema de la batería. Lo comento con mi mujer y coincide conmigo en que barata no es. Pero me pongo a pensar y llego a la conclusión de que cara tampoco, si consideramos que todavía llevo montada la de fábrica y ya son 5 años y más de 47.500 km los que lleva al pié del cañón. Si la nueva es capaz de aguantar lo mismo la verdad es que no resultaría cara.

En fín, que sin batería la moto no funciona y  no puede estar parada, mejor dicho no quiero que esté parada porque para eso no la compré. Lo suyo es hacer kilómetros y lo mío disfrutarla.

Hace bastante frío; hoy se notaba que es invierno... las hojas de los árboles siguen cayendo y ofreciéndonos la posibilidad de utilizarlas como motivo fotográfico.

Título de la fotografía: Hoja caída.

domingo, 29 de enero de 2012

Día 93/365


Bueno, pues como ayer me terminé acostando muy tarde hoy, como no podía ser de otro modo, me he levantado todavía más tarde. Me he pasado la mañana en casa y ya ha sido esta tarde cuando he salido a ver que encontraba.

Pues lo que he encontrado es algo que habré visto... ni me atrevo a apuntar la de veces. Prácticamente todos los días, o la inmensa mayoría de ellos, lo veo pero hasta hoy no me había fijado como lo he hecho hoy. De cerca, de muy cerca, a su altura y observando los detalles. La cámara sobre él para captar el máximo detalle de las heridas que en su día le provocaron.

Desconozco el motivo que les llevó a prescindir de él y de otro compañero suyo del que ya no queda rastro. ¿Cuantos años tendría? No lo sé, pero seguro que más que yo porque la cantidad de anillos que pueden apreciarse ponen de manifiesto una larga vida.

Estoy hablando de lo que queda de uno de los árboles que había junto a la vía del tren, cuando todavía teníamos tren, al lado del depósito de agua que utilizaban las máquinas para reponer sus reservas.

Lo cortaron hace ya un tiempo por no sé qué razón pero ha dejado un vacío enorme. Lo que queda del tronco muestra que la tarea de cortarlo no fue fácil. Presenta innumerables cortes, algunos de ellos a distintas alturas y otros profundizando hacia su base, hacia sus raíces que permanecen enterradas en la tierra. Junto a él hay un banco de piedra que habrá dado aposento a los viajeros que en su día acudían a la estación -de la que ya sólo queda un pequeño edificio rehabilitado y habilitado como oficina y que antaño albergaba los urinarios de la estación-, y que hoy sigue ofreciéndolo principalmente a ancianos que se acomodan en él para charlar de sus cosas mientras ven a la gente que va y viene.

Los que todavía permanecen allí son igualmente altos y robustos, viejos, con mil historias distintas que contar cada uno de ellos, y siguen ofreciendo sombra a quienes a ellos se acercan (ya lo dice el refrán: quien a buen árbol se arriba, buena sombra le cobija), trabajo en invierno a los barrenderos, ya que llenan la calle de hojas, y trabajo a los médicos en primavera, pues son muchas las personas que han de acudir a las consultas para tratarse de las alergias que provocan.

Título de la fotografía: Queda el tronco y las raíces.

sábado, 28 de enero de 2012

Día 92/365


Si alguien esperaba que empezara hablando del cursillo de Photoshop, como he hecho los últimos sábados, se va ha llevar una decepción porque hoy no he ido. Esta mañana tenía que trabajar y no he podido asistir a la clase de hoy, así que le he mandado un mensaje al profe para decírselo y su respuesta ha sido que el próximo sábado le lleve el justificante de mi madre.

En fin, que esta tarde he salido pronto de casa y de inmediato me he encontrado con imágenes que han atraído mi atención. He hecho un poco de todo, fotografía macro, arquitectura, paisaje urbano, retrato,... ha estado divertido y lo he pasado francamente bien.

El hecho de que haya estado lloviendo desde anoche hasta esta mañana me ha dado la posibilidad de jugar también con reflejos en los charcos y de hacer algunas fotos del cielo todavía nublado cuando empezaba a ponerse el sol.

Pues con la satisfacción del deber cumplido volvía a casa cuando me he encontrado a esta señora sentada en un banco con el perro junto a ella, sentado también, observando los dos algo en una misma dirección. Algunas veces me pregunto porqué siempre surgen las mejores ocasiones de hacer fotografías cuando ya creías que lo tenías todo hecho y decides volver a casa. Apenas he tenido la oportunidad de hacerles un par de fotos porque casi de inmediato se han levantado, recogido las bolsas y marchado sin prestarme ni un momento de atención (bueno, el perro sí me ha mirado pero no ha dicho nada).

Y como es sábado me voy a preparar para salir a cenar. Que pases un buen fin de semana.

Título de la fotografía: Sentados en un banco.


  • Nota: He vuelto a procesar la foto para tratar de solucionar el desenfoque que apuntaba Osselin.

viernes, 27 de enero de 2012

Día 91/365


Muy temprano se ha presentado hoy la oportunidad de hacer fotos. Cuando esta mañana me dirigía a la oficina y como sucede cada viernes, los puestos de venta de frutas y verduras del mercadillo de los viernes ya estaban listos y en orden para atender a los clientes más madrugadores, a esos clientes que quieren aprovechar que no hay demasiada gente en el mercado y que todavía no se han hecho ventas para poder escoger los mejores tomates, las alcachofas más tiernas, las frutas con mejor presencia y así con todo lo que necesitan comprar.

Muchos de los comerciantes, una vez organizados sus puestos, dejan las envases, las cajas en las que han transportado el género en la calle, en la parte posterior de sus respectivos puestos, junto a los camiones y furgonetas en los que se desplazan, perfectamente apilados.

Pues justo esa imagen ha sido la que hoy me he encontrado y que he aprovechado para fotografiar pensando en que, posiblemente, podría aprovecharla para la entrada de hoy del blog.

Y ha sido todo un acierto porque después de comer, como sin querer la cosa, me he quedado ligeramente traspuesto en el sofá durante, quizá, demasiado tiempo, tanto que cuando me he recuperado (y vaya que me he recuperado porque esta noche pasada he dormido fatal y ahora estoy en perfecto estado) me he encontrado con que ya había anochecido y empezaba a llover, así que he decidido aprovechar alguna de las fotos que había hecho esta mañana.

Título de la fotografía: Cajas apiladas en la calle un viernes de mercado.

jueves, 26 de enero de 2012

Día 90/365


Apenas hace media hora que he llegado a casa. Vengo de Valencia, de la manifestación que se ha organizado en rechazo de los recortes aprobados por el Consell de la Generalitat Valenciana.

Vaya ambiente se respiraba. Los cánticos eran coreados por todos los asistentes e incluso por la gente que, de pié en las aceras, seguía el desarrollo de la protesta. Había alusiones a los recortes, a los gastos suntuarios que durante estos años han caracterizado a la Comunitat Valenciana, a los chorizos -y para mí que no se referían al embutido-, al veredicto conocido ayer que exculpa al ex-presidente Camps de los cargos de los que se le acusaba, a los recortes en educación, sanidad, investigación, a las dificultades que están pasando los centros educativos,...

Me he encontrado con imágenes curiosas, como la de un hombre-anuncio que llevaba un cartel colgado que decía "No a los sueldos vitalicios"; a una señora que, apoyada en un árbol, sostenía otro cartel con el siguiente mensaje "Van contra el pueblo ¿Necesitamos su permiso para trabajar a nuestro favor? ¿Quién nos lo impide?", unas chicas sostenían unos letreros en los que se podía leer "Quiero un huevo" a l'escola pública. Vamos, que ingenio no falta.

Al final de la manifestación ha empezado a lloviznar y la gente se tapaba con lo que podía, con lo que tenía a mano, así que nada mejor que una bandera del sindicato para cubrirse, para ponerse a cubierto de la que está cayendo... en todos los sentidos.

Título de la fotografía: No a los recortes en los servicios públicos.

miércoles, 25 de enero de 2012

Día 89/365


Hoy volvemos a los oficios. Ya hemos tenido representación de la hostelería con una fotografía de Fabián, el propietario del bar en el que nos tomamos el café de la pausa durante las clases de Photoshop, también hemos visto a un pescador reparando sus redes y ahora le ha llegado el turno a Tere, la carnicera que periódicamente me prepara las bandejas de pechuga fileteada.

Para quien no lo sepa (que serán la inmensa mayoría), vengo de una familia de carniceros. Mi padre y sus hermanos fueron carniceros, mi abuelo paterno y sus hermanos también, un primo hermano mío es carnicero, uno de los primos hermanos de mi padre se ha dedicado a esta misma profesión durante toda su vida y su hijo ha seguido sus pasos, y para más inri, mi esposa también ha sido carnicera durante algunos años. Tengo que decir que a mi padre no le gustaba esta profesión y, en cuanto tuvo oportunidad, la abandonó; posiblemente este hecho fuera determinante para que yo no incrementase el número de carniceros de la familia.

Bueno, pues tarde he salido de casa a hacer la consabida fotografía diaria. Me he recorrido calles que no había pisado en mi vida y otras por las que ando día sí y otro también. Después del recorrido me he pasado por el supermercado de mi amigo Vicente para recoger el pedido que previamente le había hecho mi mujer y, mientras hablaba con él, observaba a Tere, una de las carniceras que, cuchillo en mano, estaba preparando distintas piezas de carne. Como si tuviera vida propia ha aparecido en mis manos la cámara y sin pensar le he hecho una foto ante la sorprendida, pero a la vez comprensiva, mirada de Vicente, que sabe de este berenjenal fotográfico en el que ando metido.

Hecha la fotografía le he preguntado a Tere si me autorizaba a publicar su foto en este blog; me ha parecido lo más conveniente porque el hecho de que tenga al alcance de la mano cuchillos del tamaño del que aparece en la fotografía aconsejan ser un poco precavido. Como puedes suponer la respuesta ha sido afirmativa y aquí la tenemos.

Por cierto, gracias también a Vicente por permitirme hacer fotos dentro de su local; en otros supermercados  no son tan comprensivos, como ya conté en la entrada correspondiente al día 5/365. Por cierto, Vicente y yo compartimos la aventura de ir en moto hasta Nordkapp (Noruega), lo que nos tuvo durante tres cortísimas semanas a caballo de nuestras respectivas motos para hacer un total de 10.500 km.

Título de la fotografía: En la carnicería.

martes, 24 de enero de 2012

Día 88/365


Que estamos en crisis lo sabe todo el mundo, aunque unos se han enterado antes y la sufren con mayor intensidad que otros. Que la gente mayor, por la experiencia acumulada a lo largo de sus muchos años, es más previsora y cuidadosa con qué se gasta el dinero, es algo que tampoco se puede discutir.

Pues después de que las pensiones sólo se hayan revalorizado un 1% este año, a la vista de la que está cayendo y considerando la que se avecina, no es extraño encontrarse con ancianos que tratan de encontrar los artículos que cubran sus necesidades al menor coste posible, como esta pareja que observa con atención el escaparate de la tienda, que anuncia descuentos del 50%, por si hay algún artículo que pueda serles de interés. Hay que aprovechar las oportunidades para intentar ahorrar lo máximo de la pensión en previsión de futuros problemas que puedan surgir.

Pero, sinceramente, no tengo intención de ponerme aquí a enumerar los problemas que a todos nos acucian en mayor o menor medida, no quiero deprimirme más de lo que ya lo estoy -esta tarde he visto una escena muy dura, relacionada directamente con la situación económica, que me ha descompuesto-, ni deprimir a nadie, así que mejor lo dejo y me voy a dar una vuelta por los distintos blogs que sigo porque seguro que ahí encontraré, como mínimo, inspiración para futuras fotografías y, con toda seguridad, imágenes que me sorprenderán y animarán.

Título de la fotografía: Vamos de rebajas.

lunes, 23 de enero de 2012

Día 87/365


Cuando vas andando y pensando en tus cosas puede suceder que cualquier encuentro imprevisto te produzca un sobresalto. Eso me ha sucedido esta misma tarde.

Pues eso, que iba yo paseando tan tranquilo, "a mi rollo" que dirían algunos, cuando de repente me ha parecido oír como un silbido, como un siseo, me doy la vuelta y me encuentro con un animal de apariencia feroz, de color verde moteado con distintos colores, ojos saltones y mirada como de alucinado (lo digo por las pupilas romboides dilatadas), que sacaba una lengua bífida, con la que parecía sorber el aire y los olores que flotaban en el ambiente, de una boca enorme con una apariencia como si sonriera, encaramado en rama de uno de los árboles que bordean el paseo por el que iba.

Mi primera reacción ha sido alejarme pero he de reconocer que mi curiosidad, unida al hecho de que el animal no parecía peligroso ni mostraba ningún signo de tener intención de atacarme, ha podido más que la sorpresa y la aprensión que los reptiles me producen. Observándolo con atención, aunque a cierta distancia porque nunca se sabe cómo pueden reaccionar estos animales salvajes si se ven amenazados, he podido deducir que no era de ninguna especie que yo conociese, aunque tengo que reconocer que mis conocimientos de zoología son más que escasos.

Efectivamente parecía sonreír y su mirada, más que alucinada, mostraba una expresión de sorpresa por encontrarse ante otro bicho, en este caso bípedo, que sostenía un cacharro con una especie de ojo en su parte delantera a través del cual parecía estar observándole y que emitía un click continuamente. Permanecía inmóvil, al igual que yo, mientras me estudiaba con un interés más que evidente; su lengua entraba y salía de su boca sin apreciar ninguna abertura aparente sorbiendo, casi como si degustase algo que a mí me pasaba totalmente inadvertido.

Así, inmóviles, nos hemos observado y evaluado, estudiado nuestro aspecto, mientras el tiempo parecía haberse detenido para los dos, más para él que para mí, porque cuando ya cansado de permanecer allí de pié he reanudado mi paseo, el extraño animal ha permanecido todavía inmóvil, sin mover ni uno sólo de sus músculos.

Cuando he vuelto a pasar por allí, de regreso a casa, he mirado hacia el árbol y seguía en la misma posición en la que se encontraba cuando lo había dejado, mirando y sonriendo. Imagino que será alguna táctica de caza o quizá para pasar desapercibido y evitar los ataques de algún depredador, o una especie de hibernación invernal para ahorrar energías hasta la llegada de la próxima primavera. No lo sé, como he dicho no tengo conocimientos de zoología.

Título de la fotografía: Saurus grafitero.

domingo, 22 de enero de 2012

Día 86/365


Domingo. Sofá. Relax. Siesta. Película. Libro, ... podría continuar pero tengo demasiada pereza, otro producto dominguero.

Después de la cena de anoche, que terminó a las tantas, hoy me ha costado bastante levantarme así que la mañana se me ha ido sin darme cuenta.

Ya por la tarde se impone salir y nada como la playa para buscar la inspiración, que se presenta en forma de gaviotas sobre una percha con forma de farola. Desde allí arriba controlan cuanto sucede a su alrededor, desde ese punto de vista privilegiado que otorgan las alturas, mientras se toman un descanso.

En el muelle están los pescadores del domingo probando suerte por si algún pez pica el anzuelo. No son demasiados y cada uno va a lo suyo, pero de reojo van observando si los demás tienen más suerte, porque la pesca hoy parece escasa. Alguno de ellos compatibiliza la caña de pescar con el transistor, quizá escuchando la retransmisión de algún partido de fútbol.

Y así pasa el domingo que pone fin a otra semana, y ya van tres de este 2012 que apenas hace unos días estrenábamos con más o menos ilusión, pero que día a día va mostrando un panorama cada vez menos halagüeño. Confiemos en que vaya mejorando igual que la de ese pescador que acaba de ver recompensada su paciencia y que, poco a poco, va cobrando sedal arrastrando hacia sus dominios al incauto pez que, atraído por el cebo, ha mordido ese anzuelo traidor escondido en las entrañas del cebo apetecible hasta hace justo un instante.

Título de la fotografía: Ojo avizor.

sábado, 21 de enero de 2012

Día 85/365


Sábado. Nueva clase del cursillo de Photoshop. Lo digo porque mi profe me ha confesado que le hace gracia cuando empiezo las entradas del blog los sábados hablando del cursillo. Así que, va por tí, profe... quien además hoy ha cumplido un añito más. Felicidades, Salvador.

Bueno, ahora vamos a lo que interesa. Ha sido tema de conversación con los compañeros del cursillo los montajes fotográficos a los que ya me referí en la entrada correspondiente al sábado pasado. Todos coincidimos en que no se debería admitir en un concurso de fotografía este tipo de trabajos, salvo que hubiera una categoría específica para fotomontajes porque realmente no son fotografías sino composiciones.

Como esta noche tengo un compromiso social -realmente me voy a que uno de los moteros que ha ido a Pingüinos me ponga los dientes largos contándome qué ha hecho por allí-, he salido más temprano a hacer la foto de hoy. Casi hasta me resulta un tanto extraño salir cuando es de día, acostumbrado como estoy a salir cuando ya se pone el sol o directamente cuando ya es de noche.

He estado dando una vuelta por la zona en la que estaban las fábricas de ladrillos, de las que teníamos bastantes y de las que sólo quedan dos o tres que ahora mismo sobreviven como pueden. Algunas de ellas están totalmente abandonadas y otras acogen otros tipos de actividades, pero todas mantienen las altísimas chimeneas que las caracterizan. Tengo pensado hacer una foto del skyline en el que aparezcan todas las chimeneas, con esa ligera curva que les daban para facilitar la salida del humo, según dicen.

Bueno, algunas de ellas también sirven como depósito de materiales de construcción, con grúas desmontadas, bloques de pizarra amontonados, y palets y más palets apilados en filas interminables a la intemperie formando verdaderas calles en las que en lugar de edificaciones encontramos pilas de palets que sirven de cobijo para toda clase de animales.

Título de la fotografía: Palets.

viernes, 20 de enero de 2012

Día 84/365


Una semana más de trabajo finiquitada. En cuanto he terminado de comer he tenido que llevar a mi hijo a la Universidad porque tenía un examen, así que he deambulado por el campus haciendo fotos y, más tarde, pasando frío mientras esperaba a que terminara para volver.

En mitad del campus me he encontrado con una obra de Miró realizada en hierro; las figuras que componen la escena están recortadas en la plancha y ésta se sitúa en medio de un estanque con agua, en el que se refleja. Cuando he llegado el sol la iluminaba por detrás y aparecían multitud de colores de las plantas, árboles y edificios que se veían a través de los recortes.

La universidad era un hervidero de estudiantes. Me ha llamado poderosamente la atención la biblioteca general, en la que, a través de los ventanales, se observaban multitud de cabezas inclinadas sobre las mesas de estudio intentando aprender, más bien memorizar, la materia que corresponde a las distintas asignaturas en el menor tiempo posible para tratar de afrontar, con las mayores probabilidades de éxito, los exámenes de este primer cuatrimestre.

El ambiente que se respira en una universidad siempre me ha atraído. Tengo la seguridad de que hubiera disfrutado de él de haber tenido la oportunidad, pero las circunstancias de la vida no me lo permitieron. Posiblemente el hecho de haber cursado mis estudios de licenciatura en la UNED influya puesto que ese ambiente no se percibe en la UNED, pues se trata de una universidad no presencial en la que los estudiantes sólo tienen oportunidad de mantener contacto personal con el resto de alumnos en las escasas tutorías que se imparten y en los días de exámenes, si bien en estos últimos no está el cuerpo para demasiadas relaciones sociales.

Título de la fotografía: Batalla campal.

jueves, 19 de enero de 2012

Día 83/365


Se comenta, se habla por todas partes de la crisis que nos afecta, de forma particularmente intensa a la Comunidad Valenciana, donde los problemas de tesorería de la Generalitat son harto conocidos por todos y que ha llevado, según publican los periódicos, a una situación límite a centros educativos que ya ni a los gastos de calefacción pueden hacer frente.

Dicen que años de políticas de grandes eventos, que así llaman a la Fórmula 1, a la Copa América y a la Volvo Ocean Race, de obras faraónicas más destinadas a perpetuar la memoria de los políticos que mandaron construirlas que a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, de aeropuertos sin aviones, de contratos multimillonarios que han servido para que unos pocos, muy pocos, se hagan muy ricos, nos han llevado a esta situación; otros añaden a las anteriores razones o las reemplazan por la inadecuada financiación que recibía la Comunidad, depende de los ojos con que se mire (volvemos a aquello de "no es lo que vemos sino cómo lo vemos").

Todas las administraciones públicas están haciendo recortes que nos afectan de forma directa a todos los ciudadanos de a pié, o casi todas, porque hoy publicaba un periódico que un ayuntamiento con un presupuesto de 2,9 millones de euros había decidido rebajar el impuesto sobre bienes inmuebles, destinar más de 600.000 euros a inversión y alrededor de 400.000 euros a la contratación temporal de desempleados, y a todo esto hay que sumar que no mantiene deuda con proveedores ni arrastra déficit alguno de los últimos años. Pero ojo, en ese municipio no les falta absolutamente de nada; tienen biblioteca, centro de salud, guardería recién inaugurada, gimnasio, ...

Pero este es un caso atípico entre los ayuntamientos, ya que la inmensa mayoría de ellos han tenido que cerrar los grifos por los que manaba abundante agua, sin restricción alguna, como si las reservas fueran inagotables, con las consecuencias conocidas por todos: las fuentes se han quedado sin agua, secas, y ni refrescan, ni dan para beber, ni tan sólo alegría a quienes las contemplan.

Título de la fotografía: La fuente seca.

miércoles, 18 de enero de 2012

Día 82/365



Vuelve a lucir el sol pero yo, como viene siendo habitual, salgo a hacer la foto del día cuando prácticamente se ha puesto el sol y vuelvo a casa siendo ya noche cerrada, lo que en definitiva se traduce en que las fotos que hago entre semana siempre las hago de noche. Como no me gusta utilizar el flash, de hecho sólo lo utilizo en muy pocas ocasiones, esto me obliga a utilizar un ISO alto o velocidades de obturación lentas o diafragmas muy abiertos, cuando no todas ellas a la vez, con el consiguiente peligro de obtener fotos trepidadas, pero también ha posibilitado que aprenda a acompasar mi respiración y a controlar esos movimientos involuntarios que dan al traste con una foto.

Aún cuando el paseo de hoy ha sido largo, lo cierto es que apenas salir de casa ya creía haber conseguido la imagen que perseguía; apenas a poco más de doscientos metros de mi casa me he detenido para hacer varias fotos a un mismo motivo desde distintos puntos de vista y buscando la mejor composición; revisando estas fotos en la misma cámara, me he dado cuenta que tenía lo que buscaba, la fotografía de hoy. Pero como todavía era pronto he continuado paseando y haciendo fotos, entre ellas la que ves.

¿Qué ha pasado con esas primeras fotos que tan satisfecho me tenían? Simplemente que, cuando he llegado a casa y las he revisado con ojo crítico, me he dado cuenta de que el encuadre era susceptible de mejorarse simplemente cambiando el punto de vista por otro un poco más elevado, así que tendré que llevarme una escalera de mano o levantar los brazos para poder situar la cámara a la altura que necesito para alcanzar ese punto de vista que me permita hacer la foto que quiero conseguir.

Uno de los efectos que está teniendo en mí el hecho de seguir distintos blogs de aficionados y profesionales de la fotografía, en los que muestran sus trabajos, todos ellos muy creativos y de muchísima calidad, es que voy siendo más crítico con mis propias fotografías. Imágenes que hace apenas tres meses consideraba si no buenas sí aceptables, ahora no pasarían el filtro e irían a la papelera sin dudar un instante. ¿Quiero esto decir que desecharía las fotos con las que inicié este blog? En absoluto, estoy muy satisfecho con ellas pero posiblemente hoy las acometería bajo un punto de vista distinto.

Título de la fotografía: Líneas quebradas.

martes, 17 de enero de 2012

Día 81/365


Seguimos con la lluvia y el viento durante la mañana pero, ya por la tarde, ha habido algún momento en que se han tomado un descanso y que yo he aprovechado para salir de casa.

Sin tener una idea clara de adonde ir he empezado a vagabundear por la zona del paseo y aledaños, parándome a  observar los charcos y los reflejos que mostraban, las calles mojadas y los reflejos (otra vez), las señales de tráfico pintadas en el suelo, las hojas caídas sobre el suelo mojado, para que quede claro de una vez: iba mirando fijamente al suelo y aunque hubiera aparecido ante mis ojos el visitante que el pasado domingo tuvo la suerte de fotografiar Minimal ni me hubiera enterado.

Tampoco se ha presentado ninguna oportunidad de fotografiar la consabida silueta de algún viandante provisto de paraguas recortándose bajo la lluvia ni nada por el estilo, sólo alguna señora que aprovechaba que en ese momento no llovía para sacar al perro a pasear y algo más. En fín, que parecía que la tarde no me sería muy propicia y que la inspiración me había abandonado, disuelta por efecto de la lluvia de anoche.

Pero de repente me cruzo con uno de los numerosos vendedores de rosas que van de bar en bar ofreciendo su mercancía y que se desplazan en bicicleta. La aparición ha sido tan súbita y yo iba tan descuidado que ni tiempo he tenido de darme cuenta que había perdido una oportunidad de oro para hacer la fotografía que iba buscando.

Bueno, otra vez será porque me los cruzo con relativa frecuencia. No obstante, me pongo a pensar en el tema de las bicicletas y llego a la conclusión de que la inmensa mayoría de la gente a la que conozco sólo la utiliza para hacer deporte y por eso tienen bicicletas de montaña o de carreras, no de paseo. Sólo estos vendedores de rosas, algunos pocos inmigrantes y los jubilados extranjeros que pasan el invierno acampados con su caravana en alguno de los campings cercanos hacen de la bicicleta su habitual medio de transporte.

Hace unos años, bastantes, si te dejabas la bicicleta en la calle para entrar a comprar en alguna tienda no pasaba nada, es decir, que no aprovechaban el momento para birlártela; pero eso ahora no sucede, has de dejar la bicicleta atada y bien atada a un árbol, reja, señal de tráfico o alguno de los lugares habilitados al efecto y que cuentan con soportes -de diseño- para este menester porque, de no hacerlo así, te arriesgas a no encontrarla cuando salgas de nuevo a la calle.

Qué diferencia con lo que sucede en otros países, por ejemplo en Dinamarca. Cuando hace un par de años, camino de Cabo Norte (Noruega), paramos en Copenhague me quedé muy sorprendido ante la cantidad de bicicletas que había; la mayoría de la gente va de un lugar a otro pedaleando y no tienen ningún problema en dejar la bicicleta sin atar en la calle. El aparcamiento de la estación de tren estaba literalmente abarrotado de centenares de bicicletas, una junto a la otra, en ordenadas filas. Con los años he ido entendiendo porqué dicen que Spain is different.

Título de la fotografía: Parking reservado.

lunes, 16 de enero de 2012

Día 80/365


Definitivamente algo no debe de funcionar bien en la cabeza de alguien que a las nueve de la noche, lloviendo y  con un fuerte viento racheado, sale de su casa con el paraguas en una mano, a veces sujetándolo con ambas para evitar que el viento se lo arrebate, y con la cámara de fotos en el bolsillo a explorar, a la caza y captura de una huidiza imagen que llevarse a los ojos, que no a la boca.

El viento hace remolinos en los que juega con las hojas que ha arrancado de los árboles, esperando a que el pringado de turno, yo mismo en esta ocasión, se descuide para dejar caer las hojas y arremeter contra su paraguas intentando elevarlo por los aires como si de Mary Poppins se tratase, mientras la lluvia se alía con el viento y aprovecha para atacar por todos los lados a la vez, ante el desconcierto del susodicho pringado, otra vez yo mismo.

Pues en esas condiciones saca uno la cámara del bolsillo y con una sola mano, mientras intenta mantener la verticalidad y evitar los movimientos que los embates del viento contra el paraguas provocan en el resto del cuerpo, intenta hacer la correspondiente foto de una señora con la que se acaba de cruzar y que tiene idénticos problemas para controlar su paraguas que amenaza con no soportar la presión y darse por vencido volviéndose del revés.

No satisfecho continúa la búsqueda mientras intenta protegerse pegándose a las paredes de los edificios y yendo bajo los aleros; súbitamente ante sus ojos aparece los más parecido en esos momentos al paraíso, un remanso de paz ajeno al viento y la lluvia que se lanzan contra las protecciones que lo envuelven. Pero es una zona vedada para él, no puede detenerse porque hay una misión que cumplir, una foto que conseguir, y ha de darse por satisfecho atisbando a través de la materia traslúcida contra la que se estrellan infructuosamente lluvia y viento, deseando disponer de tiempo para poder reposar y disfrutar de una bebida caliente en ese cálido oasis desprovisto de palmeras.

Suena el móvil, responde a la llamada y se escucha una voz femenina que, impaciente, pregunta: ¿Pero todavía no vienes a cenar? Se va a enfriar.

Título de la fotografía: A resguardo.

domingo, 15 de enero de 2012

Día 79/365


Domingo. Sol. Asfalto y moto. Mar y montaña. Curvas y rectas. Líneas continuas y discontinuas. ¿Has adivinado qué me ha ocupado la mañana de hoy? Pues sí, la acostumbrada salida en moto con los amigos. El principal tema de conversación de esta mañana ha sido la concentración Pingüinos, a la que este año no he acudido por distintas y variadas razones con cuya exposición no quiero rayaros. Normalmente hubiéramos salido el viernes hacia las 7 de la mañana para llegar a Puente Duero a la hora de comer, sin agobios ni excesos de velocidad y con las consabidas paradas para almorzar y repostar; Disfrutado el resto del viernes hasta las tantas de la madrugada, para seguir el sábado hasta una hora prudencial porque el domingo es la vuelta a casa y son muchos kilómetros por delante con el cansancio acumulado estos días de mucha juerga y poco descanso. Pero este año sólo ha sido eso, un tema de conversación durante un almuerzo; de haber ido se hubiera convertido en tema recurrente para rememorar momentos, comentar anécdotas y poner los dientes largos a quien nunca ha acudido a semejante concentración motera.

De todos modos estoy pensando que sí será un tema recurrente, ya que algunos de los que habitualmente salen sí ha ido a la concentración, así que imagino que querrán provocarnos dentera a los que este año no hemos ido. Será cuestión de armarse de paciencia y, llegado el caso, poner encima de la mesa el número de veces que cada uno ha vivido la experiencia y ahí gano yo por goleada.

Reintegrado en su personalidad de peatón, uno va dando un paseo, abstraído en su propio mundo, y en un momento dado agacha la mirada y sus ojos se encuentran con una linea que alcanza el horizonte, que marca el camino, que es frontera entre dos mundos distintos, enfrentados, de la que surgen nuevas líneas que, a su vez, dividen uno de esos mundos en partes contrastadas, de distinto color pero de un mismo material, iguales en su esencia pero enfrentados; blanco uno, negro el otro, así una y otra vez, repetidos hasta donde alcanza la vista, sin contacto entre ellos, separados por esas líneas que alguien ha trazado.

La mirada sigue la línea y los pasos la mirada, sin considerar en cual de los mundos se apoya, porque todos ellos le ofrecen la misma base, idéntico apoyo, porque a pesar de sus diferencias estéticas, de presencia, prima la igualdad en su esencia.

Título de la fotografía: \/\/\/\/\/\.

sábado, 14 de enero de 2012

Día 78/365


Hoy hemos reanudado el cursillo de Photoshop después del parón de las navidades y año nuevo. En la sala en la que se imparten las clases  están expuestas las fotos que se han presentado al XX Certamen de Fotografía libre del Ayuntamiento de Oliva y, como no podía ser de otro modo, hemos estado echando un vistazo. De entre todas las fotografías me ha llamado de forma inmediata la atención un retrato en blanco y negro. Esta foto no se llevó el primer premio en la categoría de fotografía en blanco y negro, según me ha comentado el profesor, porque en la categoría de color ya se había otorgado el primer premio al mismo fotógrafo, puesto que ambas fotografías eran de un mismo autor.

Aunque esas fotografías eran de una calidad indudable (yo me inclino por la de blanco y negro) no ha dejado de sorprenderme el hecho de que un mismo autor hubiera podido ganar en ambas categorías. Pero todavía me he sorprendido más cuando me han dicho que las dos fotografías eran realmente un montaje fotográfico. Las dos compartían un mismo fondo, pero volteado horizontalmente, se apreciaban otros elementos apilados en distintas capas y las luces que mostraban casi hubieran requerido la mano de Dios para que se dieran en el momento justo de hacer la fotografía, si realmente hubiera sido esto, una fotografía y no un montaje.

Y esto ha dado pie a que surgiera la consabida discusión sobre hasta qué punto es lícito el uso de programas de edición de imágenes. Mi opinión al respecto es que estas obras no deberían de haber sido admitidas a concurso pues realmente no se trata de fotografías, sino de montajes fotográficos, de imágenes creadas a partir de fotografías. Sí, alguien podrá decir que este tipo de montajes fotográficos, de collages, han existido desde tiempo inmemorial y se admitían en concursos fotográficos y yo le daré la razón, pero también se tendrá que reconocer que esas  obras eran, en general, fácilmente reconocibles y puntuadas conforme a su carácter de creación artística, pero no como fotografía.

No estoy en desacuerdo en que se premien este tipo de trabajos pero siempre que se evalúen en una categoría específica para ellos, no mezclados con verdaderas fotografías. Entiendo que la edición fotográfica es necesaria en la fotografía digital, las fotografías necesitan de ajustes de exposición, brillo, contraste, enfoque, etc., lo que denominaríamos el revelado digital, pero eso de ningún modo y en ningún caso supone componer una imagen a partir de otras.

Tanto me ha afectado el tema que, ya en casa, después de comer, he hecho una búsqueda en internet y ha resultado que esos mismos montajes ya habían sido merecedores de otros premios en otros concursos fotográficos, entre ellos el de Ciudad de Cieza y el "Ojo de Antequera". Si tenéis curiosidad podéis contemplar estos trabajos aquí (fotos 5 a 9; fíjate en los edificios que aparecen a la derecha en la foto 5 y compáralos con los que aparecen a la izquierda en la núm. 6; también observa al niño corriendo y a la persona que está justo detrás de él sobre la acera en la núm. y compáralos con los que aparecen en la acera de la derecha en la foto núm. 9 ) y aquí (foto nùm. 5; es la misma que la núm. 6 de la serie anterior, pero una en color y la otra en b&n).

En fin, que para quitarme el mal sabor de boca que esto me ha provocado esta tarde he estado en el mercado medieval que se ha organizado aquí con motivo de la festividad de San Antonio, lo que llamamos El porrat, mercat medieval i calderes de Sant Antoni paseando con mi esposa y haciendo fotos, entre otras las que os muestro. Si tuviera unos conocimientos en Photoshop como los que ha demostrado tener el autor de los fotomontajes que he comentado intentaría presentar fotografías de mayor calidad, sin fondos que restaran atención al sujeto principal y a la pareja que, al fondo, contempla la barbacoa con cara de asombro, con luces más atrayentes, etc., pero como no es así pues me conformaré con lo que hay sin trampa ni cartón.

Título de la fotografía: Costillar para todos.

viernes, 13 de enero de 2012

Día 77/365


Qué duda cabe de que los mercadillos son un lugar donde puede obtenerse infinidad de fotografías, ya sea de los vendedores, los compradores, los curiosos, los puestos de venta, el género o de cualquier otra cosa que se pueda cruzar ante nuestros ojos.

Hoy he estado explorando el mercadillo que cada viernes se organiza en mi ciudad. Me he levantado pronto para poder evitar las aglomeraciones de gente y, sobre todo, poder ver los puestos todavía con el género organizado y preparado para atraer a los posibles clientes.

Muchos de los vendedores observan con cierto resquemor a alguien que, como yo, llega hasta su puesto armado con una cámara fotográfica y se pone a hacer fotos de no saben exactamente qué ni para qué. Su actitud es de clara preocupación cuando no de hostilidad; lo primero que les viene a la cabeza es que puedas ser un inspector de sanidad o alguien que quiere denunciarles por no saben qué motivo.

Pero esa prevención va poco a poco desapareciendo en cuando te acercas y entablas conversación, mostrando tu interés por algo de lo que allí tiene a la venta y le haces ver qué sólo eres un aficionado a la fotografía que está pasando el rato. Su actitud, en ese momento, cambia y pasa de la inquietud al escepticismo, pues empiezan a dudar de tu salud mental, al tiempo que se muestra más distendido y sigue con su trabajo, que es vender. Al menos esto es así en algunos casos; otros, a pesar de tus intentos, siguen sin confiarse y su actitud te hace ver que es mejor evitar que tu objetivo apunte en su dirección.

Los puestos frutas y verduras son los que, por presentar mayor colorido, resultan más atrayentes. También la disposición del género, perfectamente organizado en esos primeros momentos de apertura, atrae inmediatamente la atención y nos lleva a componer y fotografiar rápidamente, sin más consideración que la puramente estética.

Muchas han sido las fotografías que he hecho de los vendedores atendiendo a sus clientes, a los clientes haciendo sus pedidos y recogiéndolos, a ambos en amigable charla y en el doloroso momento, al menos para el cliente, de pagar. A unos recogiendo la pasta y a otros soltando la mosca, pero todos mirando el euro.

En un puesto de salazones me he encontrado con una vendedora con pocos clientes a esa hora de la mañana y muchas ganas de charlar, así que nada como una conversación con estas personas que viven cada día en contacto con la gente de a pié, que oyen y saben de los problemas que acucian a quienes acuden a los mercados en los que diariamente se ganan el sustento, para tomar el pulso a ese pueblo del que formamos parte. Ha quedado claro que la situación económica es muy complicada para infinidad de familias y el descontento que todos muestran con la clase política, sin distinción de colores.

Pues en ese puesto me he encontrado con el bodegón que protagoniza la entrada de hoy. Esa caja de sardinas, ese tocino salado, los bacalaos secos, me han transportado durante un momento a mi infancia y me han hecho recordar una tienda de salazones a la que todo el pueblo iba a comprar, justo al lado del mercado municipal, a pocos metros de donde me encontraba, y al mismo tiempo revivir las sensaciones y olores que al entrar allí se percibían.

Título de la fotografía: Naturaleza seca, salada y enlatada.

jueves, 12 de enero de 2012

Día 76/365


Pensaba hoy, mirando un muñeco de madera de esos articulados que venden en las tiendas de manualidades y que frecuentemente se utilizan como modelo para dibujo, cómo ha cambiado mi perspectiva para esta historia de la foto diaria durante un año. Este muñeco lo compré al inicio de este periplo fotográfico pensando en que me serviría como modelo, como motivo, para las ocasiones en que no se me ocurriera qué fotografiar, ocasiones que preveía serían frecuentes, o cuando no pudiera o no me apeteciera salir a la calle a buscar qué fotografiar.

Llevamos, con la de hoy, 76 fotografías y todavía no ha hecho acto de presencia en ninguna. Lo tengo sobre la mesa, justo al lado del ordenador, y todas las semanas adopta una postura nueva. Ya ha hecho de policía dirigiendo el tráfico, ha hecho cortes de manga, le han atracado y se ha quedado con las manos arriba, se ha llevado las manos a la cabeza, me ha señalado acusador por no hacerle caso, todas estas y algunas más y aún le quedan muchísimas, innumerables, por adoptar, pero todavía no ha hecho de modelo, no ha cumplido con la función para la que lo compré.

Pensaba al iniciar este camino, no sin razón, que sería muy difícil, casi imposible, encontrar un motivo fotográfico para cada una de las fotos diarias que tenía proyectado hacer, pero la realidad me ha superado, afortunadamente, y cada día he tenido la oportunidad de darme de bruces con imágenes que me han impulsado a apretar el botón de la cámara, con imágenes que he ido descubriendo con relativa mayor facilidad conforme he ido modificando mi forma de ver. Como ya he citado anteriormente, "No es lo que vemos sino cómo lo vemos". Qué gran verdad, qué ciegos estamos, en la mayoría de las ocasiones y por los motivos que sea, a la belleza del mundo que nos rodea.

Hoy, unas simples ramas de unos igualmente simples árboles, plantados en la zona de dunas de nuestra playa, acariciadas por el sol del atardecer que las hacía destacar contra el azul del cielo, me han parecido de una belleza como nunca antes había apreciado. Unos árboles que, acostumbrados a luchar contra las inclemencias del tiempo, la humedad y salobre del mar, se resisten a desvestirse por completo sucumbiendo a los rigores del invierno y que nos ofrecen la oportunidad de pararnos a contemplarlos, de sentarnos a disfrutar de su compañía y del rumor de las olas al romper en la orilla que llega hasta nosotros.

Título de la fotografía: Árboles al atardecer.

miércoles, 11 de enero de 2012

Día 75/365


Sigo con la lectura de Fotografia creativa. La poesía de la imagen. La parte que hoy me ha tenido enganchado al libro trataba acerca de qué tipo de lente usar: fija o zoom, macro, ojo de pez, gran angular, teleobjetivo o normal. Y precisamente leyendo la parte dedicada a la lente normal, al 50 mm. de toda la vida (ahora reconvertidos en unos 31 mm, aproximadamente, para quienes no utilizamos DSLR de formato completo de Canon), en la que describe las bondades de este objetivo para el autor, me ha venido a la cabeza alguien a quien no conozco personalmente pero con quien siento gran afinidad, surgida esta de la contemplación de sus fotografías, de la lectura de los textos que en ocasiones las acompañan y de los comentarios que hace sobre el trabajo de otros que, como yo mismo, comparten sus fotografías a través de distintos blogs a los que, sin duda alguna, honra con su seguimiento y comentarios.

El texto en cuestión que ha provocado esa rememoración es el siguiente: Aunque los otros tipos de lentes tienden a darle sabor a las cosas, la lente de longitud focal normal es única. Pienso en las lentes normales, la lente de 50 mm. por ejemplo, como eterna, natural, honesta, fiable, digna de confianza y justa. Es una lente sin pretensiones con un alma seria y genuina. No es demasiado dramática y, definitivamente, no juega malas pasadas. Si tuviera que hacer una comparación, diría que, aunque otras lentes son brillantes, la lente de longitud focal es como la lona, la pana o la madera natural. Si fuera una nota de un piano, sería mi do.

Podría continuar. ¿Por qué tanta poesía sobre una lente normal? Es porque quiero darle a esta lente, a menudo pasada por alto, una segunda oportunidad. En mi opinión, la lente de 50 mm. es la mezcla perfecta de forma y función; es compacta y fácil de llevar. La lente normal no molesta y no es un obstáculo. Ve el mundo de una forma que está cerca del ojo humano. La de longitud focal normal requiere que el fotógrafo haga su trabajo; no puede contar con algo más. Las imágenes que crea esta lente son honestas y verdaderas.

Sin un zoom, cuando utilizo esta lente, tiendo a acercarme, algunos dirían que demasiado. Cuando fotografío a una persona, esto podría dar como resultado un poco de distorsión en la cara. Creo que un toque de distorsión da una sensación afable, honesta e íntima. Además, como es una lente focal más corta que la mayoría, me ayuda a salir de mi zona de comodidad. La falta de zoom hace que tenga que moverme y comprometerme.

Hasta aquí la cita, literal, del libro. Ahora mi cosecha propia. Esta persona a la que me refiero tiene precisamente un blog titulado Óptica fija. 50mm f/1.8. Creo que ese título y el uso de esa focal por su parte no hacen más que reflejar una parte de su personalidad, de su forma de ser, ver y afrontar la vida, de  relacionarse con su entorno, de preocuparse por aquellos que le rodean y de ofrecerse cuando presiente que necesitan de su ayuda, de su apoyo.

Hace pocos días leía una entrada en su blog en la que ofrecía su apoyo y un abrazo a un amigo. Tengo que reconocer que me emocionó la lectura de esa entrada y la foto que la encabezaba. Dice mucho de alguien una manifestación pública como esa.

Pues esa personalidad es la que hoy he querido retratar. Creo que, de algún modo, queda reflejada en esas  ventanas que muestran las cortinas que protegen el interior de las viviendas de las miradas ajenas pero que dejan una rendija abierta por la que atisbar, al tiempo que reflejan, con los distintos tonos que ofrece la luz del atardecer, cuanto sucede frente a ellas. Esas mismas ventanas, aún con las cortinas, al oscurecer el día dejan escapar a través de ellas parte de la luz que ilumina el interior, ofreciéndola a quienes transitan frente a ellas y, al mismo tiempo, dejando entrever lo que sucede de ventanas adentro.

¿Que no conoces a esta persona? Aquí y aquí podrás encontrar algunos retales de ella.

Título de la fotografía: Ventanas.

martes, 10 de enero de 2012

Día 74/365


Llevo unos días con la lectura de uno de los libros de fotografía que me han regalado estas Navidades. En concreto con el titulado Fotografía creativa. La poesía de la imagen, de Chris Orwig.

Frecuentemente me encuentro con párrafos que me hacen detener la lectura para analizar lo que acabo de leer y vuelvo atrás para releerlo. Hay momentos en que más que un libro de fotografía parece un libro de esos de autoayuda, lleno de citas trascendentales que, en teoría, deberían de cambiar nuestra visión del mundo. Y lo cierto es que esas citas, en el contexto en que se hacen, realmente parecen estar afectando cómo interpreto la fotografía.

El libro es, en mi opinión, muy interesante. Apenas llevo leídas 95 páginas de las 355 que tiene el libro, y hasta ahora el contenido no ha hecho referencia alguna a la técnica, sino más bien se ha referido a cómo y qué vemos. Hay una cita, "No es lo que vemos, sino cómo lo vemos", que me tuvo durante un rato pensando si realmente era así; la conclusión fue que se ajusta perfectamente a la realidad.

Quiero copiar un extracto que me ha interesado especialmente, dada la evolución del proyecto fotográfico en que estoy inmerso: Aún sin sacar fotos, llevar una cámara mejora la vida. Le da una excusa para detenerse, mirar, preguntar, hablar y prestar atención. Seguimos los pasos de grandes fotógrafos como Henri Cartier-Bresson, quien dijo: "Para mí, una cámara es un cuaderno de bocetos". Nos permite tomar notas, garabatear observaciones y profundizar en lo que sabemos y en lo que recordaremos más tarde.

Aunque parezca que llevar una cámara hace que todo el mundo se transforme ante nuestros ojos, se está produciendo algo mucho más profundo. El cambio no ocurre en el mundo, está sucediendo dentro de usted.

Si quiere aprender a ver, lleve su cámara allí donde vaya durante un tiempo. Por ejemplo, empiece intentándolo una semana. Cuando se vaya a dormir, colóquela en la mesita de noche. Por la mañana, llévela cuando vaya a desayunar. Vaya con ella al trabajo, a pasear. Su presencia le abrirá los ojos.

Componga, encuadre, pulse el obturador y saque fotografías de su vida cotidiana. Deje que la cámara sea parte de esa corriente. Sea generoso con lo que vea. Tiene que ver con reflexionar, aumentar la conciencia, combinar la mente y la vista. Y, en último lugar, aprender a ver está relacionado con vivir una vida más llena y maravillosa.

Cada vez que salgo con la cámara y paso por delante de este balcón me detengo a observarlo. En realidad son tres los balcones de la fachada de la casa, y los tres cuentan con el mismo motivo, si bien el del centro es más señorial, de mayor tamaño y distinta forma. Pues los he fotografiado con todos los objetivos que tengo, con distintas longitudes focales, pero siempre desde el mismo sitio porque no hay posibilidad de variar el punto de vista, necesariamente tiene que ser desde el nivel de la calle porque enfrente hay una iglesia y no tiene ventanas abiertas a esa calle, y las casas de enfrente ofrecen una vista lateral.

No sé qué es lo que tienen pero siempre atraen mi atención. Creo que realmente paso por esa calle con la intención de volver a contemplarlos. No sé por qué pero el rostro que representan, el estado de conservación en que se encuentran, me atraen y, al tiempo, hacen surgir en mí ciertas inquietudes.

Aún no he dado con la imagen que persigo, imagino que será porque todavía no los he visto y estudiado lo suficiente, porque no he reflexionado bastante y, sobre todo, porque todavía no he desarrollado esa visión que pretendo conseguir, pero hasta alcanzar las 365 fotografías que son la meta de mi proyecto me quedan todavía bastantes; espero poder entonces volver a contemplar los balcones y dar con la imagen que me veo en mi interior pero que todavía no consigo plasmar en una fotografía.

Título de la fotografía: El balcón de la calle de la Iglesia.

lunes, 9 de enero de 2012

Día 73/365


Como todavía me quedaban unos días de descanso he aprovechado este lunes para ir a Valencia. Entre otros lugares he estado en un centro comercial que hay junto a unos grandes almacenes que son muy conocidos por todos (y como no me pagan por hacerles publicidad pues no digo sus nombres). No había estado nunca allí y, en cuanto he entrado, me ha llamado la atención su cubierta y la vista de los edificios colindantes a través de él.

He ido a una de las plantas superiores para hacer algunas fotos y, desde allí, he observado que la estructura del ascensor, recubierta de cristal, reflejaba otro edificio.

La combinación de imágenes resultaba caótica, con la gente yendo de aquí para allá, subiendo y bajando por las escaleras mecánicas, cada uno a su rollo, es decir a la caza y captura de buenas piezas en forma de artículos rebajados.

Sí, estamos en época de crisis, nadie lo puede negar, pero en estos lugares cuesta de creer cuando ves a la gente cargada con bolsas y más bolsas de compras. Seguro que si preguntamos a los propietarios de las tiendas o al personal de las mismas nos dicen que hay menos ventas que en otras ocasiones, pero aún así el trasiego de gente comprando es impresionante, afortunadamente para algunos, quizá muchos, porque de otro modo los efectos de la crisis se amplificarían.

No soy economista, soy de letras, pero aún así he llegado a familiarizarme con conceptos y expresiones que con esta infame crisis se han convertido en el pan nuestro de cada día; pan que, por cierto, ya empieza a producir hartazgo y muchos querríamos menos pan y más tortas, sobre todo para quienes han contribuido a generar esta situación.

Título de la fotografía: En el centro comercial.

domingo, 8 de enero de 2012

Día 72/365


Esta mañana he ido al puerto de Calp. He aprovechado la salida para recargar la batería de la moto, que sigue dándome problemas y que necesariamente tendré que solventar sustituyéndola, y para hacer algunas fotos del puerto, de sus barcos y de su gente, sobre todo de esta última.

Puede sonar a tópico pero realmente debe ser dura la vida de la gente del mar, de todos aquellos que diariamente han de ganarse su sustento saliendo a faenar con independencia del estado de ese mar, de la estación del año, de si llueve o hace calor.

Paseando por el puerto he podido observar a algunos de estos hombres llevando a cabo reparaciones en barcos y barcas, en sus redes, preparando todo para la próxima jornada de trabajo a pesar de que hoy es domingo. De pie o sentados sobre el hormigón del muelle repasan con cuidado las redes mientras charlan con otros pescadores que están llevando a cabo esas mismas tareas, pescadores con los que comparten oficio e inquietudes y, posiblemente, cubierta.

Hablan de caballos vapor, los de los motores que mueven las hélices que impulsan sus barcos, del gasto que supone el sólo hecho de salir a faenar, de que el armador parece estar atravesando algún problema, de que un compañero ha acusado a otro de robarle capturas y algún que otro aparejo, del cada día menor nivel de capturas y del precio del pescado, que en la lonja se subasta a precios cada vez más bajos. Y todas estas conversaciones tienen lugar mientras las manos de unos y otros no paran de remendar redes, casi como si tuvieran una vida propia.

Mientras ellos dedican la mañana del domingo a preparar la próxima salida, somos muchos los que andamos por allí curioseando. Otros han acudido al puerto con la intención de pasar la mañana pescando. A observar a uno de esos pescadores domingueros he dedicado también parte de mi tiempo. Provisto de una cuerda, no sedal, un cubo, una pata de pollo (o gallina, que no sé distinguirlas) y unos anzuelos intentaba pescar pulpos. Lanzaba con fuerza la pata de gallina y luego, poco a poco, iba cobrando la cuerda y, en cuanto notaba una cierta resistencia, daba un fuerte tirón con la intención, según me ha explicado, de atrapar el posible pulpo clavándole los anzuelos a los que está unida la pata. Imagino que habrá notado mi expresión de escepticismo porque en un momento dado, justo después de lanzar por enésima vez la pata de pollo al agua, ha sacado un pulpo que había pescado y que tenía en el cubo.

A pocos metros un padre intenta enseñar a pescar con caña a su hijo. Este último la sostiene y mira con la máxima concentración el flotador para detectar la picada de cualquier posible presa. En cuanto advierte un pequeño hundimiento del flotador tira de la caña con fuerza y aparece el anzuelo sin el cebo. El padre le aconseja no tirar tan fuerte y vuelven a iniciar el ceremonial.

Y así se pasa la mañana del domingo.

Título de la fotografía: Reparando las redes.

sábado, 7 de enero de 2012

Día 71/365


Sigo pensando que un día de estos debería salir hacia el interior, hacia las montañas, para hacer fotos. Tengo idea de hacer una panorámica en la que se vea el mar al fondo, el pueblo en el plano medio y la montaña de Santa Ana, que domina la ciudad, en un primer plano, a la salida del sol. Para conseguir esta foto tendré que encontrar otra montaña más hacia el interior que me posibilite ese punto de vista y mi conocimiento del término municipal es más bien escaso, lo que me llevará ya sea a preguntar a alguien que se lo conozca bien y que me pueda orientar o a explorarlo por mi cuenta hasta que lo encuentre. Pero la pereza me tiene agarrado por el cuello y casi no me deja respirar, mucho menos hacer todo esto.

Así que he tenido que hacer uso de la otra alternativa, ir a la parte llana, la de menor altitud, vamos tan poca altitud que está al nivel del mar: la playa.

Lo cierto es que uno puede localizar infinidad de motivos junto al mar. En las dunas se pueden encontrar muchísimos bichitos, infinidad de plantas, vistas generales y primeros planos, en fin todo lo que uno necesita para intentar hacer fotos interesantes.

Si se va hasta la orilla se puede optar igualmente entre infinidad de motivos; las olas, la espuma de las olas al deslizarse sobre la arena, brillos del mar sobre la arena, reflejos en el agua, juegos de luces y sombras, en fín, que voy a contar que no se sepa.

Y ya si uno se retira un poco, justo hasta esa zona a la que sólo llega el mar cuando está embravecido por algún temporal, se encuentran mil y un objetos que ese mismo mar ha arrojado sobre la arena, muchos de los cuales son restos de los que previamente se ha deshecho el hombre tirándolos al mar, hablando en plata, basura.

Pues paseando por esa zona con la mirada baja, fija en la arena, he visto esta zapatilla que con seguridad ha estado bañándose en el mar durante mucho tiempo porque ya presenta en la suela signos de haber sido colonizada por algunas criaturas marinas.

Pero, ¿qué me ha llevado a fotografiar esta zapatilla abandonada en la playa? Simplemente me ha venido a la memoria una foto que ayer mismo contemplaba en el blog Mundo fotográfico y mas ... titulada Vienen y se van. La fotografía, que muestra un tronco sobre la arena y las olas deslizándose sobre esa misma  arena en su dirección a poca distancia, está acompañada por un pié con la pregunta ¿se lo llevarán con ellas?. Y esta zapatilla me ha dado la respuesta a esa pregunta.

Título de la fotografía: Zapatilla abandonada en la playa.

viernes, 6 de enero de 2012

Día 70/365


Hoy me he dado cuenta que todavía no he incorporado mi foto al perfil en Blogger. Bueno, tampoco es que me haga ninguna ilusión especial pero es cierto que, al menos a mí, me gusta poner rostro a las personas con las que tengo alguna relación, sea esta del tipo que sea.

Cuando converso con alguien por teléfono siempre imagino las expresiones faciales de esa persona como respuesta al mensaje que le estoy transmitiendo; del mismo modo, cuando escribo un correo electrónico tengo una clara tendencia a imaginar el tono de voz, la entonación que su destinatario le dará conforme lo vaya leyendo, lo que me lleva, en muchas ocasiones, a rectificar lo que he escrito porque no suena igual escrito que vocalizado. Supongo que esto mismo le sucederá al resto de personas al realizar estas mismas actividades.

Pues a la espera de mejor ocasión y resultado hoy me he hecho un autorretrato lo que diríamos "a bote pronto", no por vanidad, porque no hay motivo para ello, sino por posibilitar que quienes no me conocen personalmente y no han tenido ocasión de ver fotos en las que aparezco yo, puedan poner un rostro al autor de las fotografías y reflexiones que aquí aparecen publicadas, aunque estoy seguro que muchos de ellos, a la vista del resultado, pensarán que para esto mejor no haber puesto ninguna foto.

De todos modos llegará el día, y no falta mucho para ello, en que me muestre como realmente soy o, mejor dicho, como soy físicamente, porque el interior de una persona es mucho más complicado de retratar y mostrar.

Título de la fotografía: Autorretrato a las puertas de una de las casas de Dios.

jueves, 5 de enero de 2012

Día 69/365


Por fin ha llegado el día, por fin han llegado ellos... los Reyes Magos. Ese habrá sido, sin duda alguna, el pensamiento de muchos, muchísimos niños que llevan esperando este día desde hace ya bastante tiempo.

He salido de casa expresamente para ir a contemplar no la cabalgata de Reyes, sino las expresiones de esos niños que emocionados, con ojos de asombro, contemplaban pasar bandas de cornetas y tambores, gigantes, malabaristas que jugaban con fuego, faunos, pastores con ovejas, cabras, toros, caballos arrastrando carros cargados de paquetes, asnos con las alforjas llenas igualmente de paquetes con regalos, pajes y, por fin, a los tres Reyes Magos, a Merchor, Gaspar y Baltasar a lomos de dromedarios vestidos con lujosos ropajes, tocados con turbantes y saludando a cuantos les contemplaban.

Sí, esto es todo mercadotecnia, puro consumismo, pero la ilusión, la emoción de todos esos niños es auténtica, y termina por impregnarme a mí mismo que, a través de sus ojos, vuelvo durante un momento a mi infancia.

Contemplarlos cuando escuchan hablar a Melchor, cuando les pregunta la consabida ¿Os habéis portado bien? y cuando responden todos a un mismo tiempo "Siiiiiiiii", es una experiencia que emociona a sus padres, abuelos, hermanos mayores que hace ya tiempo que descubrieron, muy a su pesar, quiénes eran esos Reyes Magos, y a mí que, cámara en mano, me empeño en inmortalizar esas expresiones infantiles.

Terminado el discurso de los Reyes Magos la multitud se disuelve rápidamente, los niños tirando nerviosos de la mano que los sujeta para intentar llegar lo más rápidamente a casa para comprobar, por fin, si les han traído los juguetes demandados y también para encontrarse con paquetes que, una vez abiertos con impaciencia, sólo muestran para su desesperación un pijama, un jersey, que ellos ni han pedido ni necesitan, porque ya sus padres se encargan de comprarles la ropa. Pero sí, también aparece el juguete querido y el inesperado para alborozo suyo.

Título de la fotografía: Cabalgata de Reyes.

miércoles, 4 de enero de 2012

Día 68/365


¿Qué hacer un miércoles por la tarde de una semana que, prácticamente, termina mañana? Esta pregunta seguro que tiene tantas respuestas como personas a las que se formule. La respuesta de toda esa gente puedo intentar imaginármela pero pienso que sería un ejercicio inútil; de lo que no me cabe duda alguna sería de la respuesta que daría yo: salir de casa con la cámara en el bolsillo a descubrir y observar el medio en el que nos movemos, la gente con la que nos cruzamos y, si es posible, captar esas imágenes en fotografías que sean capaces de transmitir el motivo por el que optamos por pulsar el disparador de la cámara para capturarlas.

He notado que no importa el número de veces que pase por un mismo lugar o que observe un mismo edificio, cada una de esas ocasiones descubro algún detalle que me había pasado por alto anteriormente y ello me lleva a contemplarlos detenidamente para conseguir descubrir ese nuevo detalle, un nuevo enfoque que ponga de manifiesto aquello que previamente había pasado desapercibido a mi mirada.

Pero no se trata ya de andar, de callejear sin rumbo fijo o de quedarse parado delante de algo sin razón aparente para quienes pasan junto a tí. Se trata de descubrir para descubrirnos a nosotros mismos, porque formamos parte, de algún modo, de todo aquello que nos rodea cuando tomamos conciencia de su existencia, de su personalidad y de su singularidad, aspectos que precisamente se ponen de manifiesto porque, por ser como somos, los percibimos.

Tan gratificante como este vagar perceptivo es pararse, sentarse y contemplar el movimiento que nos envuelve, cómo se desarrolla la vida a nuestro alrededor. Uno es espectador de una representación teatral en la que los actores somos todos, incluso nosotros mismos en nuestro papel de espectadores.

Y nada como un banco en un parque o una plaza para tomarnos ese necesario tiempo de reposo para recuperarnos de nuestro ir y venir mientras observamos el acontecer de nuestros congéneres.

Título de la fotografía: El banco.

Día 67/365


Vuelta al trabajo, a la normalidad, a la rutina más bien. Más de uno quisiera poder tener esta rutina en estos días aciagos para más de cuatro millones de trabajadores desempleados con que hemos cerrado el año, así que no pienso quejarme porque soy muy afortunado, entre otras razones por tener trabajo.

Esta vuelta a la normalidad incluye ponerse al día con el blog, salir a buscar y encontrar la imagen que ha de encabezar la entrada correspondiente a hoy. Así pues, esta tarde salgo de casa con ganas de andar. Y me voy andando a la playa. Son sólo dos kilómetros de ida y otros dos de vuelta, más el que he hecho por el barrio marítimo, pero los hago casi del tirón, parando el tiempo justo para tomar algunas fotos, pues pienso que no me vendrá nada mal este ejercicio para intentar perder algo de ese sobrepeso que las navidades y el fin de año me han hecho ganar (maldito bocadillo de chorizo, malditas migas, malditos huevos con jamón).

Mientras voy andando me encuentro con la señal que aparece en la fotografía y me he puesto a pensar en que a cada momento nos vemos en la necesidad de tener que tomar decisiones, decisiones que nos conducirán en una dirección u otra, por uno u otro camino, a derecha o izquierda, arriba o abajo, dentro o fuera, a favor o en contra, pero sea cual sea la decisión que tomemos nos veremos igualmente en la tesitura de tener que ceder ante otros para evitar choques, encontronazos que no encuentros, para incorporarnos a un camino, a una corriente que indefectiblemente nos conducirá a una nueva señal de bifurcación/decisión y así ad infinitum.

Pero es ya la 1:24 de la madrugada y no tengo la cabeza para pensar demasiado en todo esto. Así que mejor me retiro porque dentro de nada empezará una nueva jornada llena de señales, ceda el paso, stop, dirección obligatoria, prohibido el paso, ... que marcarán, un día más, el camino a seguir.

Título de la fotografía: Toma tu decisión.

Día 66/365


Todo lo bueno termina y como las vacaciones son de lo mejor pues terminan muy pronto. Hoy es nuestro último día en Albarracín, de hecho apenas estamos el tiempo justo para desayunar y... comprar un jamón. Sí, has leído bien, hemos comprado un jamón, bueno... también hemos comprado un décimo de loteria para el Sorteo del Niño. A ver si la suerte nos acompaña de regreso a casa y se materializa en forma de premio de lotería.

Nuestro destino es, nuevamente, Teruel. Ya que ayer lo encontramos todo cerrado y tan sólo pudimos callejear un poco por allí, tenemos intención de regresar hoy, camino ya de casa, para visitar el mausoleo de los Amantes de Teruel, la catedral y alguna cosa más.

Nuestro primer destino turístico es, cómo no, para los Amantes de Teruel. Muy bonita la historia de amor aunque, en mi opinión, no hubo historia; sólo amor, sufrimiento y muerte pero sin historia, pues de hecho los amantes ni siquiera llegaron a rozarse en vida; ya muerto él es cuando ella le da un beso para, inmediatamente, caer muerta.

Después de ver el mausoleo que les han hecho visitamos la iglesia de San Pedro, a la que está pegado el mausoleo. La visita guiada incluye la propia iglesia, su claustro y la torre del campanario. Después vamos a visitar la catedral; tengo que reconocer que el techo mudéjar me dejó impresionado, pero sobre todo fue la fusión de estilos.

Llega la hora de comer y de la despedida. Nos quedan un par de horas en el coche y muy poco tiempo para mentalizarnos para volver mañana al trabajo.

También me espera la tarea de descargar las fotos al ordenador, organizarlas, revisarlas y preparar las entradas para el blog. Pero, dos hijos a los que no hemos visto durante cuatro días, sus respectivas parejas y una perrita a la que casi se le desprende el rabo de tanto moverlo al reencontrarse con nosotros, nos llevan a organizar una cena que hace imposible este trabajo, así que quedará para mañana.

Título de la fotografía: Arte mudéjar.

Amigos que me siguen