miércoles, 4 de julio de 2012

Día 250/365


Mañana mi hijo tiene un examen en la facultad, así que esta tarde he tenido que llevarlo a la estación de autobuses. Cuando se ha marchado el autobús he pensado en pasarme por el puerto pero, al llegar allí, he visto que habían montado burladeros y una especie de plaza de toros en el espacio que hay a la entrada y, vista la dificultad para aparcar, he decidido prescindir de la visita al puerto.

Por internet he visto que a partir del sábado son las fiestas patronales de Denia y que también hacen "Bous a la mar", así que imagino que esa será la razón de los burladeros y de la plaza de toros.

Volviendo a casa he pensado que podía pararme en la desembocadura del Río Racons, que delimita los términos municipales de Denia y Oliva. Es una zona por la que hace tiempo que no he estado y por la hora que era, con el sol poniéndose, quizá podrían encontrar algún sujeto fotográfico interesante.

Así que allí que he ido. Había bastante gente por allí, la mayoría de ellos con la caña de pescar en la mano. Los niños pescando en la propia desembocadura del río, unos con cañas y otros con sacaderas, estos últimos casi corriendo detrás de los pececillos que no parecía que tuvieran intención alguna de dejarse atrapar.

Los mayores frente al mar, bien pertrechados de cañas, cajas con todo el material de pesca imaginable, linternas y faroles, sillas y algunos incluso con una nevera portátil. No tengo idea de qué peces son los que pretenden pescar pero no deben ser piezas pequeñas porque, para echar el anzuelo con el cebo, alguno se subía a una tabla de surf provisto con un par de remos y llevaban el cebo hasta bastante lejos de la orilla, donde lo soltaban.

Eran las nueve y media de la noche cuando, de pié allí en la orilla, observaba cómo iba poniéndose el sol, ya con la única compañía de los pescadores que se preparan para pescar hasta más allá de la medianoche, con el ruido del mar de fondo, apenas un murmullo producido por las olas al alcanzar la orilla. Qué paz. Me hubiera encantado poder coger una de las sillas, o sin silla me da lo mismo, y sentarme allí, frente al mar, mirando la puntera de la caña balancearse a impulsos de las olas, esperando a que algún pez mordiera el anzuelo, apurando una cerveza fresca (también me hubiera fumado un cigarro si todavía fumara).

Título de la fotografía: Todo a punto para pescar.

2 comentarios:

  1. Saber adaptarse a lo que se puede hacer es una virtud y tu demuestras que la posees.
    Bien hacho. Hoy no toca pueblo... pues hoy no toca pueblo.¿Y que pasa? Pues no pasa nada más que has hecho una foto que habla de un modo de ser, de vivir los ratos que las ocupaciones nos dejan libres y que dice mucho de nuestras facultades.
    Un post redondo.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Qué bella y sugerente imagen, perfectamente ejecutada, me gusta cómo la has visto con esa luz tan bonta, enhorabuena.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar

Amigos que me siguen