lunes, 25 de junio de 2012

Día 241/365


Como estos días pasados, al llegar la tarde y aprovechando que el calor disminuye un poco, sigo con mis paseos tratando de encontrar las calles menos transitadas de la ciudad; el objetivo es comprobar qué ambiente se vive en ellas, cómo los vecinos disfrutan de la relativa calma que supone no tener que soportar el continuo trasiego de coches.

Estampas como las que he tenido la oportunidad de ver esta tarde me han devuelto, al menos durante unos breves momentos, a mi infancia. Las señoras mayores sentadas en sus sillas en la calle, charlando con las vecinas mientras hacen labores, otras simplemente ocupadas en su labor, los niños jugando en la calle despreocupados, pendientes sólo de sus juegos y de un señor que anda por allí con una cámara en la mano observándolos, pero todos (incluso el señor de la cámara) tranquilos y relajados, disfrutando de su calle y de la brisa que la recorre refrescando un poco el ambiente.

Por lo que he podido ver, los niños siguen jugando a los mismos juegos que se jugaban cuando yo era niño. y con idéntico resultado: el mayor siempre gana y al pequeño le queda desgañitarse tratando de imponer alguna regla que le pueda beneficiar e inclinar la balanza del juego a su favor. Ardua tarea que hoy como entonces sigue sin funcionar.

La presencia del señor con la cámara interrumpe durante un momento el juego. Él ha visto que va a hacerles una foto y advierte a su hermana que, curiosa, se da la vuelta. "Nos ha hecho una foto" le dice ella con esa cara picarona que tiene. Me doy la vuelta y me alejo, no quiero interrumpir más esos juegos a los que querría apuntarme.

Título de la fotografía: Jugando en la calle.

4 comentarios:

  1. Esto era el día a día cuando yo tenia su edad. La calle un lugar para jugar y sobre todo para aprender aquello que rodeaba nuestras vidas y que había que aprender a lidiar.
    Un abrazo.
    Libro recomendado: Las ciegas hormigas.- Ramiro Pinilla.
    No dejes de leerlo y me cuantas.

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    1. Sí, afortunadamente esta estampa era algo habitual y normal en nuestra infancia. Desgraciadamente ya no lo fue para mis hijos y será una utopía imaginar que mis nietos, si algún día los tengo, puedan disfrutar de algo así.

      Gracias por la recomendación. Tomo nota de todas y cada una de ellas. Poco a poco voy tratando de leerlos, ya que no dispongo de todo el tiempo libre que querría para poder dedicarlo a la lectura. Espero que estas vacaciones me den la oportunidad de ponerme al día.

      Un abrazo.

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  2. Yo soy de "los sin pueblo", con padres y hasta abuelos madrileños; de pequeña, envidiaba a mis amigas sus puentes, semanas santas y veraneos larguísimos en pueblos de nombres imposibles; las fiestas y las peñas, los novietes de verano, las vaquillas, el sentimiento de pertenencia a algo más pequeño, más enraizado.
    Y yo que llegaba a mi casa y preguntaba: y nosotros, ¿por qué no tenemos pueblo?

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  3. La foto es la estampa de lo que hacíamos cuando eramos pequeños. Jugar en la calle que era nuestra verdadera casa. Todos los chiquillos salíamos a jugar a la pelota, a la comba, a la peonza, al sambori,... a lo que fuera. Yo personalmente recuerdo que mi madre nos llevaba a casa mi abuela materna porque era una calle repleta de niños, tranquila y en donde más de una vecina salía de la casa sulfurada a regañarnos porque la pelota daba contra la persiana o porque intentaba dormir al bebé y nuestros gritos no lo dejaban conciliar el sueño. Son recuerdos maravillosos en que los niños eramos libres, mucho más que ahora. Jugabamos en la calle, en los huertos, ibamos en bici por doquier y ahora estan siempre vigilados, no disponen de la independencia que nosotros tuvimos la suerte de tener. Los pueblos ofrecen eso mismo libertad y seguridad porque todos nos conocemos y una madre podía estar tranquila de su retoño porque el colchón de la comunidad lo protegía y vigilaba sin que ella participara activamente.

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