viernes, 22 de junio de 2012

Día 238/365


Como he comentado en otras ocasiones, los barrios más alejados del centro ofrecen posibilidades fotográficas inimaginables en otras zonas de la ciudad.

Entre las particularidades que pueden observarse en esos barrios está ver algunos gallos de pelea paseando libremente por las calles o entre los pinos que hay plantados en lo que, eufemísticamente, podríamos denominar jardines, donde picotean el suelo buscando hormigas; pasean erguidos, orgullosos, y de vez en cuando lanzan desafiantes su canto que es respondido por otros gallos aceptando su desafío.

He estado charlando con José; me ha explicado porqué rapan los gallos, porqué les cortan la cresta, cómo los entrenan, cuánto cuesta raparlos y entrenarlos, que hay gente que se dedica a entrenarlos, cómo consiguen que los espolones de los gallos sean fuertes y no se rompan en las peleas, cuánto puede llegar a valer un gallo campeón, que las peleas se organizan teniendo en cuenta el peso de los animales, igual que sucede en el boxeo y otros deportes de contacto, en fin, un montón de cosas que yo desconocía. Y todas estas explicaciones con un tono de voz que denotaba la satisfacción de saberse un entendido en la materia, de estar hablando de algo sobre lo que se tiene mucho conocimiento, de dominar el tema.

También me contaba cómo la policía local suele pasar por allí y les hace coger los gallos y meterlos en casa, quitar las jaulas, porque la calle no es lugar para tener los gallos sueltos o tomando el sol. Pero sin acritud, comprendiendo que hacen su trabajo.

Al tiempo que charlábamos no perdía de vista a su gallo que iba rondando por allí, paseándose, observando a otros gallos, estos enjaulados, que estaban allí mismo y a los que, obstinadamente, se empeñaba en acercarse y desafiar, así que José tenía que parar sus explicaciones para cogerlo y alejarlo de nuevo, orgulloso del animal.

Recuerdo, muy vagamente, haber visto alguna pelea de gallos cuando era un chaval. Un compañero de estudios del colegio, muy aficionado a la cría de estos animales, nos llevó un día a otros compañeros y a mí al lugar donde tenía sus gallos y pudimos ver una pelea entre uno de estos y otro que traía otro chaval. Debía ser un combate de entrenamiento porque recuerdo que les cubrieron los espolones con algo para que no pudieran hacerse daño, aunque los picotazos que se daban sí debían de doler porque alguna herida se hicieron.

Hemos hablado de otras cuestiones no tan mundanas, pero de estas ya comentaré cuando llegue el momento si las puedo acompañar de la correspondiente foto.

Título de la fotografía: José y su gallo de pelea.

4 comentarios:

  1. Soy un autentico desconocedor de estos temas de gallos de pelea y tal, pero la foto es buenisima.
    Me gusta la expresión que has captado en el momento justo.
    Un abrazo

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  2. He visto más de una pelea de gallos en Centroamérica. No soy muy partidario de las mismas, pero tampoco soy nadie para prejuzgar lo que unos hacen por tradición. Como dice José al referirse a la policía... sin acritud, porque hacen su pega.
    Una excelente imagen para ilustrar todo un pensamiento.
    Un abrazo

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  3. Sobre el tema no me pronunciaré, pero el retrato es magnífico.

    Enhorabuena.

    Un abrazo.

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  4. Yo conozco a José personalmente.
    Opino que el tema de pelea de gallos en el Barrio Pinet no es un hoby porque sí. Es un negocio de unos cuantos y un entretenimiento de otros. Las peleas con apuestas son clandestinas y conocidas por todos los que tenemos contacto con este barrio. Al margen de la legalidad o ilegalidad de las mismas solo puedo apuntar que quienes crian a los gallos, los adiestran y los mantienen con este proposito son conscientes que no es un asunto lícito, pero forma parte de su cultura y luchar conntra algo tan arraigado en el barrio resulta difícil por no decir casi imposible. La policia también es conocedora del tema pero no se mete como tampoco lo hace con la prostitución... Y es que hay determinados códigos sociales complicados de combatir...
    Por otra parte te diré que José es un hombre afable, cordial, que le gusta la charla y sentirse protagonista de una foto sé a ciencia cierta que no le habrá sentado nada mal.

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