miércoles, 18 de abril de 2012

Día 173/365


Esta mañana he recibido la visita en el trabajo de un antiguo compañero de salidas domingueras en moto; bueno, no ha sido una visita de cortesía sino de trabajo, pero ello no ha sido impedimento para que dedicáramos unos momentos, aprovechando que estábamos sólos, a charlar y rememorar momentos pasados.

Antes trabajador de la construcción, pensionista por invalidez en la actualidad, está en proceso de adaptación a su nueva situación. Su estado físico le impide hacer las salidas en moto de las que tanto disfrutaba, pero no es obstáculo para comentar la situación de otros compañeros moteros que como él se dedicaban a la construcción y con los que ambos hemos compartido mesa y mantel para almorzar después de hacernos unas cuantas curvas.

Comentábamos cómo ha disminuido el número de motos que se veían los domingos por la mañana por las carreteras. Cuando salíamos juntos, todavía era época de vacas gordas en la construcción y actividades ligadas a la misma, contínuamente nos cruzábamos con otros motos y, cuando parábamos para almorzar en alguno de los bares que se podían encontrar en las rutas que habitualmente recorríamos, era muy frecuente encontrarnos con que no había sitio para poder almorzar porque ya estaban llenos de otros grupos que habían madrugado más que nosotros o que habían enroscado más la oreja derecha de la moto. Ahora, cuando sales cualquier domingo, sigues cruzándote con otros moteros pero son muchos, muchísimos menos y siempre encuentras sitio libre donde almorzar.

Y es que la moto es un capricho, una afición, que empieza a resultar un tanto cara, sobre todo si han disminuido los ingresos. Cualquier salida, un domingo por la mañana, puedes hacer unos 150 km y eso ya son unos cuantos litros de gasolina que, al precio que está, son unos cuantos euros, bastantes diría yo. A esto hay que sumar el almuerzo, que tampoco resulta barato a pesar de que los moteros somos como los camioneros, encontramos los mejores locales -relación calidad precio- para poder almorzar y charlar. 

Con todo lo que estamos viviendo, sufriendo, recortando, es comprensible que muchos moteros decidan prescindir algún que otro domingo de la hasta hace poco habitual salida dominguera. Pero llega el buen tiempo, el calor, y con ellos crece el deseo de salir a curvear, a disfrutar de la sensación de libertad que se siente a caballo de una máquina de estas, porque hay cosas que no se pagan con dinero porque no tienen precio (a pesar de que uno pueda pensar lo contrario cuando llena el depósito).

Cierro los ojos y, de repente, a mis oídos llega el suave rumor del motor, atenuado por el casco. Estoy mirando al frente, a lo lejos, siguiendo el trazado de la carretera, freno un poco e inicio la tumbada para tomar la curva, siento la emoción que me provoca este baile de infinitos pasos a derecha e izquierda. 

Disfrutar del momento, de la vida y de las personas con las que convivo. Es cuanto debo hacer durante el tiempo que me sea dado.

Título de la fotografía: Iluminando la noche.

2 comentarios:

  1. Bien descrita esa afición a curvear que tanto te emociona. Es un modo de disfrutar de ese momento que solo ese modo de vivir el presente te puede dar unido a tu maquina.
    La foto es genial aun con la dificultad que entraña este tipo de iluminación.
    Un abrazo

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  2. Interesante detalle que nos muestra una escena de lo real con nocturnidad. Composición y edición estupendos.

    Un abrazo.

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