jueves, 22 de marzo de 2012

Día 146/365


Muchas felicidades, cariño.

Las primeras palabras de la entrada de hoy las dirijo a mi querida esposa que hoy cumple un año más, y ya van... bueno, unos cuantos. Y espero poder seguir felicitándola durante muchos años más.

Y ahora cambiamos de tema. Pero no sólo de tema, pues ya lo anunciaba ayer. Sí, he cambiado de escenario. He cambiado la ciudad por la playa y debo reconocer que he salido ganando con el cambio. Echaba de menos pasear por la orilla del mar, ver el continuo ir y venir de las olas, seguir los pasos de otros que han estado haciendo a lo largo del día justo lo mismo que yo he hecho esta tarde: disfrutar de un ambiente tranquilo y en paz.

Mientras paseaba me he cruzado con una pareja de extranjeros, con aspecto de jubilados pero no ancianos, una pareja de jubilados de esos que ves y piensas "Ojalá que cuando yo me jubile tenga ese aspecto y esa vitalidad", acompañados de un perro al que lanzaban un juguete que él recogía para dejarlo sobre la arena y sentarse a esperar a sus dueños; era una escena increíble, perfecta para el decorado en el que se desarrollaba. Y sabes qué, he pensado que ojalá me pueda jubilar teniendo ese aspecto y vitalidad, ojalá pueda viajar a otros países a disfrutar de mi retiro con mi esposa, ojalá podamos estar acompañados por un perro que juegue con nosotros y se siente a esperar a que lleguemos a su lado para volver a correr detrás de un juguete que le hayamos lanzado.

Pero el estado de ánimo de los hombres es voluble, y si hablo del mío debo reconocer que lo es y mucho. El bienestar anímico, la paz de que disfrutaba ha mutado dando paso a una corriente de desánimo que ha borrado cualquier rastro de aquel bienestar.

Y este desánimo, provocado por una decepción, me sigue inundando en estos momentos y me atenaza, me impide pensar en otra cosa que no sea la causa, el motivo de la decepción. Y qué triste es no poder hacer nada para anular esa causa de decepción, pues no depende de mí. Y más triste es comprobar que quien puede no quiere.

Título de la fotografía: Luces y sombras en la arena.

4 comentarios:

  1. Felicidades para tu mujer y también para ti, por estar con ella, no?

    Pensaba que te habías ido al desierto, jejeje.

    Buena toma, la luz es primordial en la foto para con esas sombras, crear esas formas. Me encanta.

    Abrazos.

    ResponderEliminar
  2. Andrés, me gusta mucho la idea y cómo la luz rasante modela y da volumen, felicidades.

    Pero si me permites déjame que te diga que quizás no estuviste muy fino con el procesado, no lo veo a la altura de lo que nos tienes acostumbrados, creo que podías haber sacado mucho más partido, no sé...

    Y por otra parte las sombras que se cuelan rompen las sinuosas formas...

    Pero tu la has visto así y eso es lo que cuenta.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Seguro que lo lograras y entonces descubrirás cosas nuevas sobre esto que llamamos "la vida".
    A mi me parece que la vida de jubilado no tiene que ver nada con el típico y tópico cliché de ahora a ocupar el tiempo en "hobys" sino más bien un lugar en el que despertar a muchisimas cosas que sin saber han estado ahí escondidas y que de pronto un día llaman la atención y uno cae en la cuenta de que existen.
    Feliz cumple para los dos y un abrazo.
    Me gustan esas luces y sombras bajas, como de juguete.

    ResponderEliminar
  4. Otra vez, con el cumpleaños ? Es que vengo al revés. De adelante hacia atrás.
    Pues como parece que el cumple es hoy, Felicidades para tu mujer.
    Buena fotografía con la que nos regalas hoy.
    Abrazos.

    ResponderEliminar

Amigos que me siguen