sábado, 10 de marzo de 2012

Día 134/365


Tengo una enorme colección de fotografías de aldabas, iniciada hace muchos años y por tanto en distintos soportes, en película en blanco y negro y en color, en diapositivas y, ahora, también en archivos digitales.

No sé el porqué pero me atraen. Allá por donde voy, en cuanto me encuentro con alguna cuya forma no reconozco saco la cámara y le hago fotos desde distintos ángulos. Pero cada vez son menos las que se encuentran, para disgusto mío.

Hoy son un elemento ornamental, inútil en la mayoría de las ocasiones porque las casas disponen de timbre. Pero en la época en que se utilizaban, además de su uso intrínseco (llamar a la puerta para que nos abran), soy de la opinión que pretendían poner de manifiesto a quienes acudían a la casa el estatus social de los que la habitaban. Las casas del centro de la ciudad, normalmente las situadas en las calles en las que residían las familias más pudientes, suelen presentar aldabas muy elaboradas, señoriales diría. En cambio, las aldabas de las casas en las que habitaban familias más modestas, se limitan a un colgador muy simple, sin ningún tipo de adorno, funcional y sin otra pretensión que la de hacer su trabajo, avisar para que nos abran.

Paseando puede apreciarse que en muchas casas que conservan las puertas de hace muchos años, que además suelen presentar superficies trabajadas (otro modo de poner de manifiesto el poderío económico del propietario de la casa), han desaparecido las aldabas, no sé si para evitar su uso y obligar a utilizar el timbre de la puerta, porque las han quitado para utilizarlas como artículo de decoración o porque las han robado, que más de una se han llevado.

Recuerdo la que había en la casa de un familiar mío, una mano de bronce que sostenía una enorme bola. Pesaba muchísimo y la puerta era muy recia, pero cuando lo hacías sonar la puerta temblaba y resonaba por toda la casa aquel golpe. Recuerdo, como si estuviera ahora justo delante de mis ojos, lo brillante que estaba siempre, cómo la limpiaban con un trapo de algodón humedecido que pasaban y repasaban, que iba volviéndose negro, hasta que podías ver tu propio reflejo.

Título de la fotografía: Aldaba imperial.

2 comentarios:

  1. Para mi también tienen un poder de atracción enorme este tipo de llamadores. Ahora recurrimos al portero automático y a las puertas de hierro y cristal que desde luego son mucho menos señoriales y bonitas que aquellas de las que tu hablas.
    Muy buen la foto y esta si que es una aldaba señorial.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Bonita aldaba, me gustan pero no tengo muchas fotos de ellas, la verdad. Coincido en que son un elemento muy atractivo y que dicen mucho de sus moradores.

    Abrazos.

    ResponderEliminar

Amigos que me siguen