miércoles, 29 de febrero de 2012

Día 124/365


He abierto el escritorio del blog con un ánimo totalmente distinto del que ahora mismo, 10 minutos más tarde, tengo. Me siento... tocado pero no hundido.

Acabo de leer la entrada de hoy del blog del amigo Luis, la carta abierta a sus amigos, entre los que quiero tener el honor de encontrarme, a pesar de no conocernos personalmente. Una noticia me ha dejado paralizado y he tenido que volver a releer de nuevo toda la entrada. Nos da a conocer una pésima noticia que afecta a su hermano: le han diagnosticado un tumor maligno con un pésimo pronóstico.

¿Qué decir en momentos como ese? En primer lugar mostrar mi apoyo a su hermano, Javier, en primer lugar, luego a Luis y por supuesto a toda su familia. Es una dura batalla la que se les presenta en el horizonte y para vencer al enemigo, para derrotarlo, van a necesitar de todas sus energías y del apoyo que mutuamente puedan darse.

He vivido el sufrimiento, la angustia que produce saber que a alguien muy querido se le diagnostica semejante enfermedad. Es terrible que te digan que tu hijo, tu hermano, tu padre, tu primo o cualquier otro ser querido tiene instalado en su interior ese gusano que de forma silenciosa ha ido alimentándose, creciendo hasta invadirlo y tomado posesión del cuerpo.

Creo que todos hemos perdido a alguien a consecuencia del cáncer, pero también, seguro, tenemos otros que han sido capaces de vencerlo.

A ese enemigo que a traición, aprovechando la oscuridad y de forma sibilina se ha infiltrado y minado el terreno, nuestro cuerpo, hay que combatirlo y vencerlo, y se le puede vencer con fortaleza, con buena disposición de ánimo, con optimismo y la inestimable ayuda que la medicina moderna pone a nuestro alcance.

Pero elemento fundamental para poder ganar esa batalla es el propio convencimiento de que efectivamente se puede ganar al enemigo. Una vez localizado hay que atacarlo y poco a poco minar su resistencia, debilitarlo, a pesar de los sacrificios que haya que hacer.

Querido Luis, ánimo. A tu hermano has que convencerlo de que luche, que luche con todas sus fuerzas y con el convencimiento de que va a vencer, y para poder convencerlo hay que estar uno mismo convencido.

Una batalla, una guerra, sólo se pierde cuando uno baja los brazos. No os resignéis, que no se resigne Javier. La esperanza es lo último que se pierde, y esta no es sólo una frase hecha.

Título de la fotografía: Gusano invasor.

2 comentarios:

  1. Acabo de visitar su blog y veo que le has dedicado tu entrada. Bonito gesto. Con lo que se le aprecia por estos lares, seguro que agradece tantas muestras de cariño y solidaridad, como la tuya.

    La foto, propia de una pesadilla, como la vida misma, a veces.

    Abrazos.

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  2. últimamente hay muchos frentes abiertos y la lista sigue aumentando desgraciadamente. La vida es así. Son sus reglas y ante ellas siempre perdemos la partida por una u otra razón.
    Hay que seguir. No hay otra.
    Un abrazo

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