martes, 28 de febrero de 2012

Día 123/365


En mi oficina hay dos compañeras embarazadas; a una de ellas todavía no se le nota pero a la otra el embarazo salta a la vista (aunque no creo que esté para ir saltando). Yo no sé si también estaré embarazado porque tengo casi más barriga que ella; estoy por pedir cita con el médico para que me hagan algún test del embarazo; de confirmarse seguro que podría hacerse realidad eso de que los niños vienen con un pan debajo del brazo, porque causaría sensación; ya me veo apareciendo en programas de televisión y ocupando la primera página de las revistas y, sobre todo, haciendo caja a mansalva. Seguro que el director de mi banco me llamaría para algo más que para recordarme que estoy en descubierto.

Bueno, es cierto que estoy fondón; desde que hace meses dejé de salir a correr he engordado más kilos de los que quiero reconocer pero que no puedo esconder. Se me ha hecho una barriga cervecera que nada tiene que envidiar a las de cualquier aficionado a la birra después de haber estado en la Oktoberfest de Munich, a pesar de que yo no soy demasiado aficionado a ella; más bien se debe a la falta de ejercicio y al hecho de que sigo comiendo como si corriera cuatro días a la semana, como hacía antes del parón a que me obligó el dolor de rodillas y cadera.

Y ya, hoy, por fin, me he decidido a volverme a calzar las zapatillas, a embutirme (literalmente) dentro de las mallas y salir a caminar/trotar, alternativamente. Dios, qué patético! Ya entiendo porqué recomiendan visitar al médico si uno se decide a practicar algo de deporte a partir de una cierta edad y, sobre todo, si tiene sobrepeso. Me he puesto el pulsómetro y he podido comprobar que estoy peor que cuando empecé a correr el año pasado después de haber estado años sin hacer absolutamente nada de ejercicio; caminando a ritmo vivo tengo las mismas pulsaciones que tenía corriendo y si me pongo a trotar se disparan hasta alcanzar casi mi frecuencia cardíaca máxima.

A Dios pongo por testigo de que no podrán derribarme. Sobreviviré, y cuando todo haya pasado, cuando dejen de dolerme las rodillas y las uñas de los pies ya no se me hagan negras, nunca volveré a pasear semejante barriga, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que saltar, nadar, pedalear  o escalar, ¡a Dios pongo por testigo de que pasaré hambre para perder peso y de que volveré a correr! (Adaptación libre de algunas frases de la película Lo que el viento se llevó).

Título de la fotografía: Formas geométricas.

5 comentarios:

  1. Lo malo de hablar en publico es que hay demasiados testigos.
    Sea lo que fuere, mi devoción hacia la inquietud que motiva el trote callejero.
    Un abrazo

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  2. Efectivamente, hemos coincidido en las geométricas pero de forma muy diferente. Me gusta cómo has explotado las texturas y con el b/n le has dado un aire casi siniestro.

    Abrazos.

    P.D. Suerte con el footing ;-)

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  3. plas plas plas plas .... no hay nada mejor que reírse de uno y tomárselo con el buen humor con el que lo haces tu Andrés.
    Yo también debería empezar a tomar nota, que llevo una larga temporada sin mis caminatas y lo noto ... vaya que si lo noto.
    Buen trabajo el que nos traes hoy, se nota que ibas con otro ritmo ... jajaja
    Un abrazo, Andrés.

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  4. Estupendo puzzle geométrico, me gusta el contraste entre las dos diferenciadas zonas en la composición, y como no, el procesado que resalta las texturas.

    Felicidades.

    Un abrazo.

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