martes, 14 de febrero de 2012

Día 109/365


Soy poco amigo de esos días que los comercios, los grandes almacenes, han decidido convertir en fechas señaladas para así poder incrementar sus ventas. Así sucede con el día del padre, el día de la madre y, cómo no, el 14 de febrero, el día de los enamorados.

Que si un diamante es para siempre, que si un perfume, unos complementos, una sortija, pendientes, pulsera, gargantilla o cualquier otro objeto susceptible de ser regalado es lo que intentan que compremos para ofrecerlo como muestra de amor a nuestra pareja. Para tratar de convencernos los comerciantes llevan a cabo campañas publicitarias que nos bombardean cuando apenas hemos tenido tiempo de recuperarnos de los estragos que las reciente campañas de navidad y reyes provocaron en nosotros y en nuestras, cada día más, maltrechas economías.

Tengo que reconocer que no soy una persona detallista, me cuesta expresar mis sentimientos de una forma abierta, no soy en absoluto efusivo y mis muestras de afecto son más bien escasas y, para colmo de todos los males, tengo un pésimo gusto para elegir regalos y nunca sé qué regalar, cuando me decido a ello.

No soy una persona fácil, convivir conmigo no es ninguna panacea, tengo sino mal carácter sí un humor cambiante y tendencia a refunfuñar, de lo que quienes me conocen, quienes me sufren, pueden dar fe. De entre todas esas personas nadie como mi esposa para confirmar esta realidad. Treinta y cuatro años juntos (pre-noviazgo, noviazgo y matrimonio) nos han dado, a ambos, la oportunidad de conocernos en profundidad, de amoldarnos uno al otro a base de ir puliendo aristas, de respetarnos y, sobre todo y por encima de todo, de querernos y, así, ir superando las pruebas a las que la vida en pareja nos ha ido sometiendo.

Mi esposa se merece un monumento más grande que el de Fabra en el aeropuerto de Castellón; si la paciencia que ha tenido (tiene) conmigo fuera un criterio determinante para fijar la superficie de la parcela de cielo que le corresponderá en su momento, le adjudicarían terreno suficiente para construir toda una macrourbanización con campo de golf incluido.

Estoy convencido de que cuando lea estas líneas pensará que no estoy bien de la cabeza, que lo que sea que diga aquí ya se lo podría decir de viva voz y en persona, pero hacer este tipo de locuras también son una característica de mi personalidad, así que seguro que lo entenderá, me disculpará y puede que hasta venga y me dé un beso.

En fin, que como para comprarle un diamante no me llega y a mí no me gusta gastarme el dinero en tonterías (salvo que sean de electrónica y para mí) he pensado que sería una buena idea dedicarle la entrada de hoy del blog y acompañarla de la fotografía de un corazón profundamente tallado en un árbol.

Va por tí, cariño. Te quiero.

Título de la fotografía: Es sólo un corazón tallado.

6 comentarios:

  1. Querido Ándres, puede que solo sea sólo un corazón tallado, pero desde luego lo que queda claro es que entre vosotros hay mucha costra de la buena, de la que cierra heridas y abre puertas y ventanas.
    Me gusta la foto de hoy. Me gusta mucho.
    Un abrazo

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  2. Que detallazo has tenido...
    Andrés que todos somos un poco difíciles...
    Grandiosa foto, en fondo y forma.
    Un abrazo para ti y para tu esposa.

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  3. A veces un detalle aparentemente sin importancia es capaz de activar un corazón bombeando savia por sus arterias.
    Un abrazo

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  4. Buen detalle para el día de San Valentín, el procesado le da mucha fuerza. Bien vista.

    Un abrazo.

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  5. Hubo beso ? Espero que le gustara la entrada y así fuera. Buena terapia la de hoy Andrés.
    Que bien visto ese detalle en ese árbol. Buen ojo has tenido.
    Un abrazo y un beso para tu pre-santa, santa y santísima.

    Por cierto ¿ Que pasó con la batería de la moto ? Yo no es por meter cizaña, eh ? Es que nos dejaste con la historia sin acabar.

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  6. Buen y bien hallado detalle para alguien especial en un día especial. :-)

    Yo también soy de los que prefiere regalar lo intangible, eso que no se puede pagar con dinero. Felicidades.

    Un abrazo.

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