sábado, 11 de febrero de 2012

Día 106/365


Una señal que advierte de la posibilidad de que haya niños jugando en mitad de la calle, debajo de las aceras, casi puede parecer un chiste en estos tiempos que corren. No es esta una señal que haya visto muchas veces, de hecho creo que es la única que he encontrado.

Muchas calles del casco antiguo de algunas poblaciones, como sucede en la mía, se caracterizan por su estrechez, lo que conlleva que sus aceras sean igual de estrechas, de forma que lo normal es andar por la calzada y sólo subir a la acera si se acerca algún vehículo.

En algún tiempo era normal ver a los niños corriendo y jugando en la calle a la pelota, a corre que te pillo, al escondite o a cualquier otro juego; en la zona en la que está esta señal también era frecuente ir a jugar a la montaña porque está justo al lado. Eran tiempos en los que el tráfico de vehículos no era un peligro como lo es ahora y ello permitía que los niños se adueñaran de las calles, que se convertían en zona de juegos.

Los niños que otrora vivían y jugaban en esas calles se han hecho adultos, han formado sus propias familias y se han trasladado a otras zonas con calles más anchas, más servicios, en las que predominan los bloques de viviendas, y en las que sus hijos no pueden salir a jugar a la calle, sólo en los parques habilitados para ello.

En esas calles estrechas, que una vez estuvieron llenas de vida, de risas, de juegos, ya sólo quedan los padres de aquellos niños que solían salir de casa para jugar en la calle, pero aquellos padres son ahora ancianos que están encerrados en sus casas porque las calles se han convertido en territorio reservado para los coches que todo lo ocupan, que todo lo invaden.

He sido uno de esos niños afortunados que podían jugar con sus amigos en la calle, que no se tenían que quedar encerrados en casa delante de la televisión o de la videoconsola, de los que todavía podían ir solos por la calle hasta la casa de sus amigos para preguntarles si querían salir a jugar a fútbol, de los que acudían a casa a por el bocadillo de la merienda cuando su madre, asomada a la puerta de casa, les llamaba sin saber exactamente dónde estaban pero con el convencimiento de que no andarían demasiado lejos, porque nuestra propia calle y las adyacentes eran nuestros particulares parques de juegos, nuestros campos de fútbol.

Título de la fotografía: Las calles ya no son para jugar.

3 comentarios:

  1. ¡¡Que tiempos aquellos!! Yo también fui uno de aquellos niños que volvían a casa después de clase, paseando por la calle y jugando al taco, en las plazas me paraba a jugar al clavo y así llegaba a casa para luego bajar al Paseo del Prado a correr detrás de una pelota en un lugar que hoy esta solitario.
    Una foto preciosa.
    Un abrazo.
    ¡¡Ah se me olvidaba!! Quiero recomendarte un libro que a mi me ayudó bastante y cambió un tanto mi modo de mirar a ese extraño aparato que llamamos cámara.
    "Los secretos de la exposición fotográfica"
    Bryan Peterson.
    Ed. Tutor.

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    1. Gracias por el consejo, Luis. Ese es un libro que compré ya hace un tiempo, así que ya conozco a los hermanos del cielo y a su primo el Sr. Vaqueros Verdes. Me encantan algunas de las fotografías de ese libro, en particular el retrato que aparece en la página 107 (la tengo señalada).

      Es un libro que releo cada cierto tiempo, como el del Ojo del fotógrafo y La exposición perfecta, de Michael Freeman, para refrescar conceptos y, sobre todo, para encontrar inspiración.

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  2. Vaya señal, hay que estudiarla para saber qué quiere decir, está llena de símbolos.

    Bien vista, me gusta el encuadre y el desaturado.

    Un abrazo.

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