viernes, 10 de febrero de 2012

Día 105/365


Otro viernes se convierte en protagonista de la entrada del blog una imagen captada en el mercadillo que, como hoy, cada semana ocupa el paseo de la ciudad con sus numerosos puestos de venta, en los que podemos encontrar  churros, frutas, verduras, encurtidos, salazones, frutos secos, quesos, menaje, ropa de hogar, complementos, zapatos, juguetes, flores, y un sinfín más de artículos.

Los puestos que más temprano están en disposición de atender a los posibles clientes son los de alimentación,  con los de frutas y verduras a la cabeza y quienes suelen acudir más pronto para hacer sus compras son la gente mayor, los matrimonios de jubilados en los que la mujer va de puesto en puesto eligiendo el género con mejor relación calidad-precio y el marido acarreando el carro con la compra; resulta curioso observar que la mayor parte de las compras que hacen son precisamente de verduras, imagino que por consejo del médico para tratar de evitar posibles problemas de salud, y es que nuestros mayores realmente han aprendido a cuidarse y a disfrutar del merecido descanso que la jubilación les ha dado.

Me encanta ver a grupos de jubilados yendo o viniendo del hogar del jubilado los días que hacen baile. Si es que parecen que les hayan quitado años y dolencias; las caras de júbilo que muestran, cómo se acercan ellos con un cierto aire conquistador y cómo responden ellas coqueteando es una estampa que no tiene precio. Parecen estar viviendo una segunda juventud llena de ilusiones y anhelos que cualquiera podría pensar que habían quedado atrás.

Creo que últimamente tengo tendencia a divagar, estoy un tanto disperso, así que, volviendo al mercado y a lo que allí encontramos, aparecen ante nuestros ojos escenas que no por vistas dejan de llamarme la atención. El vendedor haciendo gala de sus mejores artes para vender el género ante un posible cliente que no termina de decidirse a comprar, el comprador observando el género con un ojo y con el otro el cartel con el precio, ese mismo o cualquier otro comprador quejándose de los precios y escuchando los razonamientos del vendedor que es, según él mismo dice, el primero en pagar las consecuencias de los precios porque ahora vende menos y, finalmente, la culminación de todo esta ceremonia: el cliente guardando la compra y soltando la pasta, el vendedor soltando la bolsa con los 3 kilos al precio de 2 y cogiendo la pasta.

Título de la fotografía: Coge el dinero y corre.

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