jueves, 9 de febrero de 2012

Día 104/365


No hoy no pienso hablar del tiempo. Ese es un tema de conversación muy manido entre quienes no tienen nada que decirse y sienten la incomodidad del silencio. Pero aún así os diré que hoy ha hecho mucho frío por esta zona y que para mañana pronostican todavía más frío.

Releía esta tarde lo que escribí ayer por la noche y los comentarios que Luis y Remei han hecho al respecto.  Comenta Luis que en aquellos cada vez más lejanos días de nuestra niñez había otras muchas cosas por las que preocuparse antes que por los ciclos de las estaciones y los fenómenos meteorológicos ligados a ellas, asuntos más graves que resolver. Y Remei apunta la posibilidad de que quizá antes era todo mejor, al tiempo que reconoce que empieza a recordar su infancia con nostalgia y que ahora todo va muy deprisa.

Coincido casi totalmente con sus manifestaciones. Realmente ahora parece ir todo mucho más deprisa, los acontecimientos se precipitan a una velocidad de verdadero vértigo en unos días en los que cada vez más parece que las 24 horas tienen menos minutos, pero a esta percepción creo que contribuye un factor personal ligado precisamente al transcurrir del tiempo: la edad. Querida Remei, voy diez años por delante de tí, al menos en edad, y si ahora empiezas a recordar tu infancia con nostalgia puede adelantarte que esa sensación se acrecentará con el tiempo, lo que no puede llevarnos, opino, a pensar que aquellos tiempos fueran mejor que estos.

Eran tiempos distintos, vistos con una mirada distinta, la que corresponde a la inocencia, a la despreocupación de una infancia que percibe cuanto sucede con una luz distinta a la que recogen los ojos de un adulto, que ha visto sacrificada su inocencia por la experiencia, el conocimiento y las responsabilidades y preocupaciones que conlleva el mero hecho de crecer.

Me viene a la cabeza en este momento uno de los relatos con los que Luis nos emociona recordando precisamente episodios de su infancia. En uno de ellos rememoraba algunas estrecheces que sufrían en su casa durante su niñez; él las recuerda y siendo consciente de ellas estoy convencido de que lo hace con cariño, a pesar de que sus padres lo vivirían entonces con verdadera angustia, y ese cariño por tales recuerdos nace del reconocimiento hacia sus padres por los sacrificios y por el amor que siente hacia ellos.

Parecidas estrecheces sufríamos en mi casa, e imagino que en otras muchas, pero del mismo modo la nostalgia que siento por aquellos días me invade a la que empiezo a hacer memoria, y se me hace un nudo en la garganta y noto cierta opresión en el pecho. La decepción de no poder tener un juguete que deseaba, de no poder tener una bicicleta como la de uno de mis amigos, de no tener televisión en casa cuando en otras a las que iba ya la tenían, de no poder disfrutar de muchas cosas que otros tenían, hoy no las recuerdo con amargura sino con cariño, con melancolía, consciente de los muchos sacrificios que hacían mis padres para que mi hermana y yo pudiéramos tener muchas de las cosas que entonces no apreciábamos en su justa medida, entiendo porqué mi madre aparece en fotos hechas en distintos años con un mismo vestido, porqué mi padre no podía comprar un coche mientras yo iba a un colegio privado.

Con todas estas preocupaciones, con todas esas necesidades que atender, a quién le importaba si llovía o nevaba, de lo que se trataba era de encontrar soluciones a las necesidades diarias. Sí, la lluvia importaba porque impedía poder salir al campo a ganar ese jornal que era necesario para hacer la compra, pagar la luz y el agua, comprar unos zapatos y, a ser posible y haciendo malabarismos, intentar ahorrar alguna peseta porque entonces no había subsidio de desempleo y no se sabía qué podía pasar mañana. El frío preocupaba por el efecto que sobre las cosechas podía tener, no porque tuviésemos que salir más o menos abrigados de casa para ir a comprar o al colegio. 

Al hecho de que los acuciantes problemas diarios requerían toda la atención y no se podía perder ni el tiempo ni esfuerzos preocupándose del tiempo, se sumaba también que la gente parecía tener un poco más de sentido común, o al menos no tener un afán desmedido por hacerse rico a cualquier precio y en el menor tiempo posible. Así el urbanismo todavía no parecía tan salvaje como lo es desde hace ya bastantes años; no se construían viviendas en zonas fácilmente inundables porque se sabía que si había una crecida se inundarían las casas, con el peligro que eso representaba para las personas. No se cortaban árboles hasta dejar sólo la tierra al descubierto, sin nada que la retuviese en su lugar, no deforestábamos las montañas para construir una urbanización con vistas al mar.

Se actuaba con responsabilidad y sentido común, hecho que no siempre se produce ahora (aunque entonces también se cometían excesos de otra índole).

En muchísimas cosas ha mejorado nuestra vida pero parece que no aprendemos de nuestros errores, que no apreciamos las experiencias vividas, y ahora mismo tenemos problemas mucho más acuciantes de los que preocuparnos que del tiempo que pueda hacer.

Estamos retrocediendo en calidad de vida a la carrera, pero sobreviviremos, como siempre lo hemos hecho, y este será otro tiempo que, seguro, recordaremos dentro de unos años, aunque no sé con qué sentimiento.

Título de la fotografía: Restos de un tiempo pasado.

6 comentarios:

  1. Enhorabuena, la imagen me parce tremenda, bellísima, sumamente poética y sugerente.

    Una abstracción con una buena composición, unos tonos muy atractivos y una ejecución impecable.

    Me sugiere mucho más de lo que me muestra, y eso me gusta.

    Un abrazo.

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  2. Buen trabajo Andrés, con pocos elementos has compuesto algo realmente bello, adornado con ese fondo de color.

    Enhorabuena.

    Buen fin de semana.

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  3. Me ha encantado la imagen de hoy al igual que la reflexión. Y con esta última estoy muy de acuerdo, no es que antes se viviera mejor, es que se miraba la vida de otra manera (yo os recorto unos cuantos años más, podría decir que incluso decenios) pero me paro en la calle donde vivia antes y la observo llena de coches, una calle en la que hace 20 años podía bajar a jugar al futbol sin preocuparme por si entraban coches ¿acaso ha empeorado la calle?, NO, ahora hay más comodidad, ahora todo el mundo es independiente y puede ir al trabajo sin depender de nadie (para quien hoy por hoy todavia tenga trabajo). ¿Es esto peor que antes? NO, es diferente, y ahora lo vemos desde otra optica.

    El día de mañana nuestros hijos dirán que no hacen juegos de videoconsolas como los que hay ahora que eso si que eran juegos, pero ¿quien empezó a jugar a las videoconsolas con el juego de los dos palitos y la bolita? ¿quien no piensa lo bien que estaba antes sin videojuegos leyendo un libro e imaginando los mundos que leía? o jugando a la trompa o al sambori (a estos dos últimos no llegué yo).

    Todo depende de los ojos con los que mires las cosas. Pero yo sigo con lo mismo ANTES SE VIVIA MEJOR QUE AHORA o por lo menos yo creo que se vive más tranquilo. Y SOLO TENGO 33 AÑOS

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  4. El tiempo termina por ser siempre una sugestión entre lo vivido y aquello que hemos de vivir. Casi siempre olvidamos el presente como esencia de nuestra efímera existencia.
    Estas entradas, remueven los viejos conceptos y actualizan nuestras referencias tanto visuales como culturales.
    Un abrazo

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  5. Ara, estimat amic, per desgràcia tornem a retrocedir, caminàvem massa de pressa, aquest és el preu que paguem, un preu massa alt, però m'agradaría poder posar més seny al món en general...difícil ho tenim...
    Has fet una foto encantadora, és preciosa.
    Un bes.

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  6. Si señor ... bonita imagen y tiene una luz especial. Me gusta
    Un abrazo Andrés.

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