miércoles, 8 de febrero de 2012

Día 103/365


Media península bajo un manto de nieve y la otra media, aunque con bajas temperaturas, disfrutando del sol. A los que les ha tocado la nieve seguro que envidian el sol de los otros y estos últimos querrían, seguro, ver caer  algún copo de nieve en sus calles para verlas, al menos una vez en su vida, pues eso, nevadas.

En toda mi vida sólo he visto nevar una vez aquí en mi ciudad, y de eso hace ya 30 años. Aquello fue todo un acontecimiento. Los niños por las calles jugando y arrojándose bolas (canicas más bien) de nieve, intentando hacer muñecos de nieve (nosotros hicimos uno en la terraza). Los no tan niños mirando los coches con los parabrisas cubiertos por la nieve, contemplando las calles y plazas de un blanco inmaculado, y los más mayores caminando con extremo cuidado por miedo a resbalar y dar con las posaderas en el suelo, a pesar de que la nieve apenas cubría las aceras.

Otros preocupados por los efectos que la nevada podía tener en los huertos; muchos pensaban que aquello podía arruinar las cosechas de naranjas, que los naranjos podrían verse afectados por la nevada y el frío. Como siempre sucede, nunca nieva a gusto de todos.

Justo ayer comentaba con mi esposa mientras mirábamos las noticias en la televisión que ahora todas las estaciones del año se han convertido en noticias; si llueve porque llueve, porque se desbordan las ríos, porque ya hace dos días que está lloviendo sin parar, porque ha soltado una tromba de agua que lo ha inundado todo; si es verano porque no llueve y hay restricciones de agua, porque hace mucho calor, o por cualquier otro motivo; que si hace viento, que si es primavera y no llueve y mejora la temperatura, etc.

Sigo recordando que, cuando era niño, podía estar lloviendo un par de semanas sin parar y recuerdo innumerables tardes de invierno sentado en la mesa camilla junto a la ventana, con la bata encima de las piernas y el brasero encendido, con la puerta de la habitación entreabierta para que se renovase el aire, mirando la gente apresurarse por la calle, leyendo algún libro, escuchando la radio o simplemente  absorto en inventar historias en las que, como no podía ser de otro modo, yo era siempre el héroe; la televisión por aquél entonces todavía no había llegado a mi casa.

Por aquel entonces no eran noticias nevadas como las que estamos teniendo estos días. Se asumía que en invierno hacía frío, nevaba y llovía, era lo natural. Del mismo modo que en verano nos asábamos de calor y la humedad no se nos despegaba de la piel, lo normal cuando uno vive junto a la costa, a un par de kilómetros escasos del mar.

¿Será que entonces éramos más duros, más rocosos? No lo sé, quizá sea que hay que llenar de contenido el tiempo de noticias.

Título de la fotografía: Colores minerales.

2 comentarios:

  1. Bueno, el texto de hoy no tiene desperdicio. Es cierto lo que cuentas. Yo diría que entonces eramos menos quejicas, había otras muchas cosas en las que poner la cabeza como para que nos preocupara algo tan viejo y que nos lleva tantos años de ventaja en este mundo como son los ciclos de las estaciones.
    Teníamos muchos asuntos mas graves que resolver y esto de la nieve, la lluvia era algo que sucedía de por si.
    Ahora parece que nos molesta que no lo podamos manejar a nuestro antojo.
    La foto tiene unos colores realmente de mineral puro y dura.
    Un abrazo amigo

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  2. Será que antes era todo mejor...
    En un mes cumplo 40 años y ahora empiezo a recordar mi infancia con nostalgia, ahora que todo va tan de prisa...
    Gracias por esta fotografía y por tu escrito, que momento más bonito acabas de regalarme.
    Un beso.

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