domingo, 29 de enero de 2012

Día 93/365


Bueno, pues como ayer me terminé acostando muy tarde hoy, como no podía ser de otro modo, me he levantado todavía más tarde. Me he pasado la mañana en casa y ya ha sido esta tarde cuando he salido a ver que encontraba.

Pues lo que he encontrado es algo que habré visto... ni me atrevo a apuntar la de veces. Prácticamente todos los días, o la inmensa mayoría de ellos, lo veo pero hasta hoy no me había fijado como lo he hecho hoy. De cerca, de muy cerca, a su altura y observando los detalles. La cámara sobre él para captar el máximo detalle de las heridas que en su día le provocaron.

Desconozco el motivo que les llevó a prescindir de él y de otro compañero suyo del que ya no queda rastro. ¿Cuantos años tendría? No lo sé, pero seguro que más que yo porque la cantidad de anillos que pueden apreciarse ponen de manifiesto una larga vida.

Estoy hablando de lo que queda de uno de los árboles que había junto a la vía del tren, cuando todavía teníamos tren, al lado del depósito de agua que utilizaban las máquinas para reponer sus reservas.

Lo cortaron hace ya un tiempo por no sé qué razón pero ha dejado un vacío enorme. Lo que queda del tronco muestra que la tarea de cortarlo no fue fácil. Presenta innumerables cortes, algunos de ellos a distintas alturas y otros profundizando hacia su base, hacia sus raíces que permanecen enterradas en la tierra. Junto a él hay un banco de piedra que habrá dado aposento a los viajeros que en su día acudían a la estación -de la que ya sólo queda un pequeño edificio rehabilitado y habilitado como oficina y que antaño albergaba los urinarios de la estación-, y que hoy sigue ofreciéndolo principalmente a ancianos que se acomodan en él para charlar de sus cosas mientras ven a la gente que va y viene.

Los que todavía permanecen allí son igualmente altos y robustos, viejos, con mil historias distintas que contar cada uno de ellos, y siguen ofreciendo sombra a quienes a ellos se acercan (ya lo dice el refrán: quien a buen árbol se arriba, buena sombra le cobija), trabajo en invierno a los barrenderos, ya que llenan la calle de hojas, y trabajo a los médicos en primavera, pues son muchas las personas que han de acudir a las consultas para tratarse de las alergias que provocan.

Título de la fotografía: Queda el tronco y las raíces.

2 comentarios:

  1. Realmente se aprecian las heridas infligidas a diferentes alturas.
    Una lastima de vida sesgada probablemente de un modo inútil pero, así son las cosas de los humanos.
    Bueno, pues después del merecido descanso una fotografía impresionante e impactante.
    Un abrazo y continua descansando.

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  2. Pocas personas sienten el dolor ante la pérdida de un árbol amigo, no vamos bien...nada bien...Cada vez todo es más un "sin sentido..."
    Un abrazo Andrés.

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