lunes, 23 de enero de 2012

Día 87/365


Cuando vas andando y pensando en tus cosas puede suceder que cualquier encuentro imprevisto te produzca un sobresalto. Eso me ha sucedido esta misma tarde.

Pues eso, que iba yo paseando tan tranquilo, "a mi rollo" que dirían algunos, cuando de repente me ha parecido oír como un silbido, como un siseo, me doy la vuelta y me encuentro con un animal de apariencia feroz, de color verde moteado con distintos colores, ojos saltones y mirada como de alucinado (lo digo por las pupilas romboides dilatadas), que sacaba una lengua bífida, con la que parecía sorber el aire y los olores que flotaban en el ambiente, de una boca enorme con una apariencia como si sonriera, encaramado en rama de uno de los árboles que bordean el paseo por el que iba.

Mi primera reacción ha sido alejarme pero he de reconocer que mi curiosidad, unida al hecho de que el animal no parecía peligroso ni mostraba ningún signo de tener intención de atacarme, ha podido más que la sorpresa y la aprensión que los reptiles me producen. Observándolo con atención, aunque a cierta distancia porque nunca se sabe cómo pueden reaccionar estos animales salvajes si se ven amenazados, he podido deducir que no era de ninguna especie que yo conociese, aunque tengo que reconocer que mis conocimientos de zoología son más que escasos.

Efectivamente parecía sonreír y su mirada, más que alucinada, mostraba una expresión de sorpresa por encontrarse ante otro bicho, en este caso bípedo, que sostenía un cacharro con una especie de ojo en su parte delantera a través del cual parecía estar observándole y que emitía un click continuamente. Permanecía inmóvil, al igual que yo, mientras me estudiaba con un interés más que evidente; su lengua entraba y salía de su boca sin apreciar ninguna abertura aparente sorbiendo, casi como si degustase algo que a mí me pasaba totalmente inadvertido.

Así, inmóviles, nos hemos observado y evaluado, estudiado nuestro aspecto, mientras el tiempo parecía haberse detenido para los dos, más para él que para mí, porque cuando ya cansado de permanecer allí de pié he reanudado mi paseo, el extraño animal ha permanecido todavía inmóvil, sin mover ni uno sólo de sus músculos.

Cuando he vuelto a pasar por allí, de regreso a casa, he mirado hacia el árbol y seguía en la misma posición en la que se encontraba cuando lo había dejado, mirando y sonriendo. Imagino que será alguna táctica de caza o quizá para pasar desapercibido y evitar los ataques de algún depredador, o una especie de hibernación invernal para ahorrar energías hasta la llegada de la próxima primavera. No lo sé, como he dicho no tengo conocimientos de zoología.

Título de la fotografía: Saurus grafitero.

2 comentarios:

  1. Hay que estar un poco loco para acercarse a semejante animal y observarle mientras se sostiene la cámara con la intención de eternizar a semejante bicho.
    De cualquier modo desde luego, en esta ocasión ha merecido la pena. Tu captura es del todo afortunada.
    Un abrazo

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  2. Estas historias me fascinan querido amigo, además de fotógrafo, escritor!
    Andrés ya echaba de menos poder venir a admirar tu trabajo, en tres días estuve muy ocupada, ahora todo vuelve a la normalidad...bendita normalidad que me hace feliz, poder disfrutar de este momento en tu blog, no tiene precio.
    Un abrazo.

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