lunes, 16 de enero de 2012

Día 80/365


Definitivamente algo no debe de funcionar bien en la cabeza de alguien que a las nueve de la noche, lloviendo y  con un fuerte viento racheado, sale de su casa con el paraguas en una mano, a veces sujetándolo con ambas para evitar que el viento se lo arrebate, y con la cámara de fotos en el bolsillo a explorar, a la caza y captura de una huidiza imagen que llevarse a los ojos, que no a la boca.

El viento hace remolinos en los que juega con las hojas que ha arrancado de los árboles, esperando a que el pringado de turno, yo mismo en esta ocasión, se descuide para dejar caer las hojas y arremeter contra su paraguas intentando elevarlo por los aires como si de Mary Poppins se tratase, mientras la lluvia se alía con el viento y aprovecha para atacar por todos los lados a la vez, ante el desconcierto del susodicho pringado, otra vez yo mismo.

Pues en esas condiciones saca uno la cámara del bolsillo y con una sola mano, mientras intenta mantener la verticalidad y evitar los movimientos que los embates del viento contra el paraguas provocan en el resto del cuerpo, intenta hacer la correspondiente foto de una señora con la que se acaba de cruzar y que tiene idénticos problemas para controlar su paraguas que amenaza con no soportar la presión y darse por vencido volviéndose del revés.

No satisfecho continúa la búsqueda mientras intenta protegerse pegándose a las paredes de los edificios y yendo bajo los aleros; súbitamente ante sus ojos aparece los más parecido en esos momentos al paraíso, un remanso de paz ajeno al viento y la lluvia que se lanzan contra las protecciones que lo envuelven. Pero es una zona vedada para él, no puede detenerse porque hay una misión que cumplir, una foto que conseguir, y ha de darse por satisfecho atisbando a través de la materia traslúcida contra la que se estrellan infructuosamente lluvia y viento, deseando disponer de tiempo para poder reposar y disfrutar de una bebida caliente en ese cálido oasis desprovisto de palmeras.

Suena el móvil, responde a la llamada y se escucha una voz femenina que, impaciente, pregunta: ¿Pero todavía no vienes a cenar? Se va a enfriar.

Título de la fotografía: A resguardo.

7 comentarios:

  1. Un relato que transmite todo ese conjunto de adversidades que cuentas en él. Bien redactado y muy expresivo.
    La foto genial, primero por el curre que te ha costado lograrla y después porque como el texto, transmite esa sensación de lugar caliente y a resguardo.
    Muy buena.
    Un abrazo

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  2. Creo que mereció la pena la escapada y el soportar las inclemencias del tiempo. Me gusta el encuadre y como la lluvia envuelve ese lugar desierto. En b/n le da más fuerza a la imagen.

    Un abrazo.

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  3. Que bueno Andrés ... si. tienes toda la razón del mundo. Algunas veces ( algunas ? ) se nos va por completo la cabeza y hacemos cosas de estas e incluso algunas peores. Si es que no tenemos remedio. Podríamos escribir un libro con aventuras de estas que solemos hacer a los que nos gusta salir a afotar.

    Un abrazo.

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  4. Enhorabuena por la imagen, tremenda en todo su conjunto, me encanta el procesado, la perspectiva, la composición y el sentimiento de soledad que me transmite. :-)

    Un abrazo.

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  5. ME ENCANTA ESTA FOTOGRAFIA

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