domingo, 8 de enero de 2012

Día 72/365


Esta mañana he ido al puerto de Calp. He aprovechado la salida para recargar la batería de la moto, que sigue dándome problemas y que necesariamente tendré que solventar sustituyéndola, y para hacer algunas fotos del puerto, de sus barcos y de su gente, sobre todo de esta última.

Puede sonar a tópico pero realmente debe ser dura la vida de la gente del mar, de todos aquellos que diariamente han de ganarse su sustento saliendo a faenar con independencia del estado de ese mar, de la estación del año, de si llueve o hace calor.

Paseando por el puerto he podido observar a algunos de estos hombres llevando a cabo reparaciones en barcos y barcas, en sus redes, preparando todo para la próxima jornada de trabajo a pesar de que hoy es domingo. De pie o sentados sobre el hormigón del muelle repasan con cuidado las redes mientras charlan con otros pescadores que están llevando a cabo esas mismas tareas, pescadores con los que comparten oficio e inquietudes y, posiblemente, cubierta.

Hablan de caballos vapor, los de los motores que mueven las hélices que impulsan sus barcos, del gasto que supone el sólo hecho de salir a faenar, de que el armador parece estar atravesando algún problema, de que un compañero ha acusado a otro de robarle capturas y algún que otro aparejo, del cada día menor nivel de capturas y del precio del pescado, que en la lonja se subasta a precios cada vez más bajos. Y todas estas conversaciones tienen lugar mientras las manos de unos y otros no paran de remendar redes, casi como si tuvieran una vida propia.

Mientras ellos dedican la mañana del domingo a preparar la próxima salida, somos muchos los que andamos por allí curioseando. Otros han acudido al puerto con la intención de pasar la mañana pescando. A observar a uno de esos pescadores domingueros he dedicado también parte de mi tiempo. Provisto de una cuerda, no sedal, un cubo, una pata de pollo (o gallina, que no sé distinguirlas) y unos anzuelos intentaba pescar pulpos. Lanzaba con fuerza la pata de gallina y luego, poco a poco, iba cobrando la cuerda y, en cuanto notaba una cierta resistencia, daba un fuerte tirón con la intención, según me ha explicado, de atrapar el posible pulpo clavándole los anzuelos a los que está unida la pata. Imagino que habrá notado mi expresión de escepticismo porque en un momento dado, justo después de lanzar por enésima vez la pata de pollo al agua, ha sacado un pulpo que había pescado y que tenía en el cubo.

A pocos metros un padre intenta enseñar a pescar con caña a su hijo. Este último la sostiene y mira con la máxima concentración el flotador para detectar la picada de cualquier posible presa. En cuanto advierte un pequeño hundimiento del flotador tira de la caña con fuerza y aparece el anzuelo sin el cebo. El padre le aconseja no tirar tan fuerte y vuelven a iniciar el ceremonial.

Y así se pasa la mañana del domingo.

Título de la fotografía: Reparando las redes.

3 comentarios:

  1. M'encanta anar a Calp, trobe llocs molt bonics...el port m'agrada, però sempre està ple de persones que van als restaurants...a Moraira trobe més gent del poble, i si veig sovint aquesta imatge...
    Vaig estar a Penyíscola i em vaig a atrevir a demanar-li a una dóna que arregalva les xarxes si li podía fer una foto...vam passar mig matí parlant...
    M'agrada la gent, el contacte, encara que de vegades la timidesa m'impedeix prou coses...
    La fotografía és preciosa...
    Un bes!

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  2. Una imatge que acostumo a veure molt sovint s Les Cases d'Alcanar on hi vaig cada 15 dies i tot l'estiu.

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