martes, 3 de enero de 2012

Día 63/365


Después de 269 km y de ver cómo el termómetro del coche llega a marcar -3,5 ºC llegamos a Albarracín. Lo primero es siempre lo primero y el estómago empieza a hacerse de notar, así que se impone entrar en algún bar para almorzar.

Esta zona es conocida, entre otras cosas, por la calidad de sus jamones y embutidos, así que nos pedimos un bocadillo de chorizo y una botella de vino; creemos, con buen criterio, que un almuerzo potente y un vaso de vino nos ayudarán a soportar el frío que hace hoy por aquí.

Finalizado el almuerzo llega el momento de ir al hotel donde tenemos hecha la reserva. Es un hotelito (sólo tiene cuatro habitaciones) de lo más acogedor. De estilo rústico está decorado con gusto y las habitaciones con amplias y cómodas. La nuestra está en la segunda planta y la estructura del techo se puede observar perfectamente; las vigas y los tablones de madera contribuyen a acentuar su carácter rústico.

Una vez registrados y con las maletas en la habitación nos vamos hacia la oficina de información turística, pues de eso se trata, de hacer turismo. Yo me quedo en en exterior de la oficina observando lo que desde ese punto se puede contemplar. Un primer vistazo de la ciudad desde ese punto me deja claro que está llena de posibilidades fotográficas. Pero no es mi deseo que la foto del blog sea la típica instantánea de turista y, en ese mismo punto en el que me encuentro, observo unas plantas que inmediatamente se convierten en el motivo buscado para la fotografía de hoy.

Título de la fotografía: Etéreo.

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