sábado, 24 de diciembre de 2011

Día 57/365


Es sábado y esta noche es Nochebuena (y mañana Navidad, saca la bota morena que me tengo que  emborrachar). Hoy no hay cursillo de Photoshop pero hay que sacar a Leia a pasear para que pueda hacer sus necesidades. Hemos dado un buen paseo pero nada comparado con el que me he  dado más tarde yo sólo.

Por segunda vez en poco tiempo he salido de casa sin la tarjeta de memoria en la cámara fotográfica y, por segunda vez también, me he dado cuenta al intentar hacer una foto. Menos mal que todavía no había andado demasiado y no he perdido ni demasiado tiempo volviendo a buscarla ni la posibilidad de hacer la fotografía que quería, pues se trataba de un motivo estático.

Bueno, pues el paseo me ha llevado, nuevamente, por calles casi olvidadas para mí, calles por las que muy pocas veces había paseado, todas ellas situadas en el barrio antiguo de la ciudad. Lo de antiguo empieza a perder su significado, o al menos el significado que esa palabra tenía para mí cuando me refería a esas calles, callejuelas, costeras, plazas, rincones, escaleras... Es cierto que es antiguo porque se trata de la parte de la ciudad que antes se pobló, pero ha perdido parte de su encanto como consecuencia, inevitable, de las reformas que han ido llevándose a cabo en las casas que dan forma a toda esa zona.

Por supuesto que es normal e inevitable que se hagan reformas, en otro caso las casas ya no serían tales sino sus ruinas, pero esas reformas que han supuesto cambios de puertas de entrada, de ventanas y persianas, han ido desdibujando la identidad del barrio. Durante mucho tiempo me dediqué a fotografiar todas las aldabas que me encontraba -aún hoy todavía fotografío aquellas que veo por otras ciudades porque ya tengo todas las de mi ciudad, o una gran mayoría de ellas-, y para ello me pateé prácticamente todo el casco antiguo; pues hoy, volviendo a pasar por algunas de aquellas calles me he encontrado que ya han desaparecido las aldabas y las puertas en las que se encontraban.

Todos esos detalles son los que, en mi opinión, confieren carácter a la zona, los que la identifican, los que la hacen singular frente a otras y poco a poco están desapareciendo. En una de esas calles me he encontrado con una puerta que conservaba todos y cada uno de los detalles que tan frecuentes eran hace unos años (bastantes ahora que me pongo a pensarlo); la parte inferior de la puerta con una plancha de latón repujado para resguardarla de los efectos del agua de la lluvia, y que por esos mismos efectos y por los del sol adquirían un color verdoso, una cerradura de esas en las que se metía una llave que requerían de una sana alimentación para poderlas llevar y levantar (aunque hubo un tiempo en que casi no eran necesarias las cerraduras porque las puertas casi siempre permanecían abiertas), y la consabida aldaba para llamar.

No me he podido resistir. La cerradura y la aldaba son las que protagonizan la imagen de hoy. Por cierto, la casa estaba en un  lamentable estado de abandono; así pues estoy convencido de que en no demasiado tiempo desaparecerá, justo cuando alguien decida bien rehabilitarla o demolerla para, en su lugar, edificar una nueva casa.

Y me pregunto si la modernidad conlleva, necesaria e inexorablemente, la pérdida de identidad, no sólo de las edificaciones sino también la nuestra.

Título de la fotografía: Dí amigo y entra.

1 comentario:

  1. Es verdad, los barrios van perdiendo su personalidad en aras de la modernidad sin tener en cuanta que a los ojos de los paseantes lo que embellece las calles, las casas, los barrios, son esos pequeños detalles que deberían conservarse y que hacen que quien los mira, disfrute del recuerdo de lo que debió ser.
    Bueno, de cualquier manera ese es el trabajo de los que nos dedicamos a dar fe del día a día.
    Un abrazo y feliz noche

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