miércoles, 21 de diciembre de 2011

Día 54/365


Que no, que no estoy obsesionado con la vejez, aunque a veces pueda parecer lo contrario. Vamos a ver, soy consciente del paso del tiempo, sólo tengo que ponerme delante del espejo y mirarme para ver cómo me han afectado físicamente los ya bastantes años que acumulo, pero no es algo que me quite el sueño, al menos no todavía, porque hasta ahora no he observado que haya perdido otro tipo de facultades y porque he ganado en otros muchos aspectos que compensan e incluso superan esos "mínimos" daños, por calificarlos de algún modo, en mi físico (hay quien piensa que con el tiempo he mejorado incluso en ese aspecto y yo hago todo lo posible por creérmelo).

Pero no puedo negar que de algún modo es un tema al que dedico momentos de reflexión puesto que he visto envejecer a mis padres, madurar a mi hermana, crecer a mis hijos, todo ello junto a mi esposa con la que he crecido y madurado.

Uno no puede estar siempre en plan trascendente y de hecho no lo estoy en la mayoría de las ocasiones, puesto que soy bastante dado a la broma, a relativizarlo todo y a intentar capear el temporal de la mejor forma posible, pero no puedo obviar que he pasado ya por pasear a mis hijos subidos a sus respectivos cochecitos cuando eran pequeños y también por pasear a mi padre en su silla de ruedas cuando ya no podía valerse por sí mismo, e imagino que llegará un día, más tarde, mucho más tarde que pronto, en el que posiblemente también mis hijos me pasearán a mí, y a lo largo de todo ese periplo hay algo que permanece inalterable y que atrae poderosamente mi atención: el amor entre padres e hijos.

Por mis hijos haría cualquier cosa, como cualquier padre, del mismo modo que mis padres han hecho todo cuanto ha sido necesario por mí y por mi hermana. Es el amor paternal que todos sentimos por nuestros hijos. Y este amor es plena y totalmente compatible con el amor que siento por mis padres, por los que también haría cuanto fuera necesario. Y estos amores son amores incondicionales.

Por ese amor nuestros padres se han ocupado de nosotros durante todo el tiempo que hemos necesitado de su ayuda y, también, cuando ya no ha sido necesario. Y por amor pasamos a ocuparnos de ellos cuando nos necesitan.

Y ha sido la imagen de una hija ocupándose de su madre y, al mismo tiempo, de una madre confiada en las manos de su hija  la que hoy se ha convertido en la fotografía protagonista del día y la que me ha llevado a hacerme esta reflexión.

Título de la fotografía: Madre e hija.

4 comentarios:

  1. Me uno a ti en esta reflexión que yo me hago de vez en cuando. Mi situación es por lo que veo parecida a la tuya y es algo que realmente hace pensar.
    La foto es todo un homenaje.
    Un abrazo y felices fiestas con todos los tuyos.

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  2. Muy bonita reflexión, yo (sin ser mayor o así lo considero)llevo un año con algo parecido, desde que nació mi pequeña.

    Pensar que ahora tengo una vida en mis manos, que confía en mi en que la cuidaré y haré todo lo que esté en mis manos para ayudarla. Y al mismo tiempo pensar que el día de mañana ella estará ahí para ayudarme a mi, en mis achaques, manias, etc.

    Ver como mis padres la miran y ella los mira, y yo estoy en medio, siendo apoyo de los dos, tanto mayores como pequeños.

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  3. Me has emocionado. En esta perra vida no hay nada más que el amor. Gracias por tus hermosas palabras.

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  4. Pedazo de reflexión Sr. Andrés. Y además al Chueca por las circunstancias que está viviendo en estos momentos le llega muy al fondo.
    Felices días de Navidad para ti y para todos los tuyos. Un abrazo.

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