viernes, 2 de diciembre de 2011

Día 35/365


Hoy ha sido un día de lluvias; por la mañana, en el trabajo, de ideas y por la tarde la de toda la vida, la de agua, y con la próxima navidad, la de los millones de la lotería, aunque para la mayoría será, una vez más, el "día de la salud" por aquello de que cuando comprobamos que esta vez tampoco nos ha tocado el gordo nos resignamos y decimos aquello de "salud que tengamos".

Lo de la lluvia de ideas, brainstorming que dirían los anglosajones, ha estado bien. Para mí ha resultado una experiencia interesante esta de reunirnos para facilitar el surgimiento de nuevas ideas. Al final más o menos todos apuntábamos en la misma dirección y es que todos sufrimos las mismas o parecidas carencias en nuestros respectivos puestos de trabajo. Pero la de esta tarde nada ha tenido que ver con la de ideas, aunque sí surgen ideas con la lluvia.

Empieza a convertirse en habitual la lluvia; sí, ya sé que estamos en otoño y que es normal que llueva, pero por esta zona tampoco es demasiado frecuente que llueva tanto como viene haciéndolo estas semanas.

Quienes más notan los efectos de días lluviosos como hoy son los niños; por una parte, para ellos es un motivo más de diversión ya que les permite chapotear en los charcos y jugar con los paraguas mientras van por la calle. Pero, por otra parte, les impide salir a jugar al parque con los amigos, a jugar con la pelota, a  columpiarse, etc. Claro, como no salen de casa pues tampoco pueden subirse al tiovivo que hay montado cerca del parque, de modo que el tiovivo en realidad está bastante muerto.

Como ya has visto ha sido ese tiovivo el que hoy se ha ganado la foto. Me ha llamado la atención que no había absolutamente nadie cerca, que no se escuchaban ni la música del tiovivo ni las risas y gritos de los niños cuando se suben a los caballitos o a los coches, no se veían las luces multicolores que le dan vida, ni tampoco se escuchaba el sonido de la sirena que anuncia que se pone marcha o que ha terminado el viaje.

Sólo se apreciaba el silencio, la soledad de esos caballitos sin nadie que los monte, con su galope congelado en el aire de forma que no van a ninguna parte, ni tan sólo a dar vueltas y más vueltas sin alcanzar nunca a los otros caballos que los preceden, sin que los de atrás lleguen tampoco junto a ellos para poder cabalgar juntos; a su alrededor, los coches, camiones de bomberos, motos y aviones están tapados por toldos para protegerlos del polvo y de la lluvia, lo que les da un cierto aire fantasmal que desdibuja su figura, con los cláxones mudos, los faros apagados, inmóviles.

Atracciones para niños que sin niños, sin la vida que estos contagian, no son atracciones sino simples objetos inanimados deseando, si ello es posible, que cese la lluvia para que vuelva la alegría, el griterío y la vida que da sentido a su existencia.

Título de la fotografía: Tíovivo muerto.

1 comentario:

  1. Que buena luz has logrado en esta imagen. Los tonos de grises son perfectos y están todos.
    Un b&n de lujo.
    Un abrazo

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