jueves, 3 de noviembre de 2011

Día 6/365


Ya en pleno otoño nuestra playa, con las temperaturas a la baja y soplando, como hoy, un fuerte viento que levanta remolinos de arena, está totalmente solitaria. Sólo unos pocos se animan a disfrutar justo de esa soledad, de la ausencia de otros sonidos que no sean los del mar y de las olas acariciando la arena que les espera en la orilla, de las nubes que cubren el cielo y que apenas dejan algún claro por el que tímidamente se cuelan los rayos del sol que les calientan la piel.

Esa soledad se hace patente de forma especial en esos objetos inanimados que durante el verano hacen las delicias de niños, jóvenes y no tan jóvenes. Me refiero, como no podía ser de otro modo, a las porterías de mini fútbol, a las redes de voleibol, a las canastas de baloncesto, que parecen abandonadas a su suerte frente a los elementos que, a lo largo de todo el año pero particularmente durante el otoño y el invierno, les castigan de forma inclemente.

A esas zonas de juegos he querido hoy rendirles homenaje.

Título de la foto de hoy: ¿Jugamos?


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