jueves, 24 de noviembre de 2011

Día 27/365


Cada cosa en su momento y un momento para cada cosa. Hay momentos para el trabajo y momentos para el relax, para limpiar los cristales (ahora que no hace sol ;-) y para la charla con las amigas; distintos momentos que se viven con distinta intensidad.

Eran prácticamente las siete de esta tarde; el paseo era justamente eso, un paseo, un ir y venir de gente; unos de hacer compras, otros yendo del trabajo hacia su casa, otros sentados en los bancos en amigable charla mientras observan quien va y quien vuelve, algunos pasean a los perros mientras que a otros los pasean sus  perros. Gente sentada en las mesas que ahora tienen en las aceras todos los bares para quienes desean fumar mientras se toman el café, cerveza, cubata...

Soy de los que van; voy observando todo lo que sucede a mi alrededor cámara en mano, preparado para congelar o no ese instante que despierte mi atención, que me atraiga por su fuerza, que detenga mis pasos, que me asombre.

He llegado hasta el final del paseo, hasta la rotonda con esos monolitos metálicos que representan, según dicen, una de las puertas de la ciudad y he vuelto sobre mis pasos. Observo a un hombre sentado en un banco, justo delante de la entrada de un supermercado, que está pidiendo ayuda en forma de donativo a quienes pasan por delante de él; lleva unos pantalones con material reflectante y, como si la cosa no fuera conmigo, le hago un par de fotos cuando no se fija en mí. Continúo andando. Me paro en la fuente. Miro a mi alrededor. Han abierto una nueva panadería-cafetería. Observo que una de las empleadas aprovecha el momento para limpiar los cristales; dentro los clientes disfrutan del café, de las pastas, charlando de vete tú a saber qué asuntos.

Esta es la vida que nos envuelve, en la que estamos inmersos. Trabajamos, descansamos y nos reunimos con nuestra gente para disfrutar de su compañía, para interesarnos mutuamente por nuestros asuntos y, en su caso, aconsejarnos, animarnos, consolarnos; para hablar de quienes no están (esto es muy propio). Esta es, en definitiva, la vida de mi pueblo y la de muchos más.

Título de la fotografía: C'est la vie.

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