lunes, 21 de noviembre de 2011

Día 24/365


Después de una noche de truenos y relámpagos llega el nuevo día con lluvia, pero con LLUVIA, así en mayúsculas. Justo enfrente de la entrada trasera de la oficina el agua anegaba la calle, iba de bordillo a bordillo y eso que esa calle no es precisamente estrecha, más bien lo contrario. La gente pasaba corriendo de puntillas, como si así pudieran andar sobre las aguas (quién era que podía hacerlo, no lo recuerdo) y así evitar que los zapatos se les llenasen de agua.

Y después de tanta lluvia lo normal es que se formen charcos, que los niños, a la salida de los colegios, disfruten como lo que son, como niños, yendo a pasar justo por dentro de los charcos y los más afortunados, los que llevan botas porque sus madres, padres, abuelos o quien quiera que se haga cargo por la mañana de vestirlos y llevarlos al cole ha sido lo bastante previsor para hacérselas poner, hasta han podido saltar dentro de esos mismos charcos sin llenarse los zapatos de agua.

Pero no sólo se forman charcos; cuando la lluvia es lo bastante fuerte también se llena lo que otrora fue el estanque de una fuente. Esa fuente que quería representar tres calas que lanzaban chorros de agua, que contaba con un estanque de considerable tamaño, hace años que pasó a ser cualquier cosa menos una fuente, olvidada por aquellos que, con el dinero de todos, decidieron que era algo necesario para ofrecer una mejor calidad de vida a sus ciudadanos, a esos mismos ciudadanos que ahora ven cómo se ha convertido en un espacio más para que los niños puedan jugar con el balón, puedan patinar, correr, saltar o caerse desde arriba porque no hay ninguna medida de protección que impida una caída involuntaria desde una altura de unos 2 metros.

Pues ese mismo estanque que hoy ha recogido el agua de la lluvia caída, se convierte en un espejo en el que se reflejan la ciudad y la vida que lo rodean.

Título de la fotografía: Reflejos.

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