jueves, 17 de noviembre de 2011

Día 20/365


Me encanta pasear por la playa justo cuando termina de llover y hoy era el día ideal para hacerlo. Después de haber estado lloviendo esta mañana, en cuanto he terminado de comer he salido de casa para ir a la playa a pasear y, como no, aprovechar para hacer alguna foto para el blog.

Me he encontrado un mar picado, con un cielo que por momentos se iba despejando por el este y que por el oeste, hacia el interior, seguía muy nublado, con unas nubes espectaculares que parecía que iban a descargar una tromba de agua sobre las montañas en cualquier momento.

Y justo aprovechando que el mar estaba picado, este pescador probaba suerte para ver si picaba alguna lubina ("llobarro" para los de mi pueblo); según me ha estado comentando, en días como hoy, con el mar picado, es cuando más lubinas se cogen. Me ha señalado a otro pescador que estaba un poco más lejos, "el Colorao" se llama, y me ha contado que hace unos días había cogido una de 8 kilos, mientras con la mano señalaba más o menos la altura de su cintura para que pudiera hacerme una idea del tamaño que tenía "el bicho aquel".

Además ha resultado tener una clara conciencia de lo necesario que es que cuidemos el planeta, de que no se pueden explotar "ad infinitum" los recursos naturales, entre ellos el pescado. Y ha hecho alguna referencia a los barcos pesqueros japoneses que han arrasado con el atún rojo y que, si no consiguen ponerles freno, también terminarán con las ballenas. Y todo por dinero, pero a esos que sólo hacen que acumular dinero los dejaría él con un saco lleno de dinero en medio del desierto, sin gota de agua, a ver para qué les iba a servir (yo creo que también haría algo parecido).

Después hemos recordado como era nuestra playa hace ya unos cuantos años, como unos 40 (si es que parece que no pase el tiempo), cuando no se podía alcanzar la orilla del mar desde las casitas de primera línea a mediodía porque te abrasabas los pies y tenías que parar, enterrarlos en la arena durante un momento, y volver a correr hasta el agua para refrescártelos. De las barracas de madera que todos los años montaban al final de las casas de la playa, más allá del merendero "Deportes", este también de madera. De las dunas kilométricas que ahora se han visto reducidas a prácticamente nada. Del urbanismo salvaje que todo lo ha inundado de cemento.

En fin, que parezco el "abuelo cebolleta" contando historias de cuando yo era joven. Señor, lo que me queda por ver y por contar ;-)

Título de la fotografía: El pescador.

2 comentarios:

  1. Que sensación de libertad da ver esas olas, ¿que playa es esa? Me gusta.

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  2. Se trata de la playa de mi ciudad, de Oliva, en la provincia de Valencia.

    Una playa de casi 12 kilómetros de largo de blanca y fina arena.

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